Un estilo de vida saludable es esencial para que se reduzcan las posibilidades de desarrollar un cáncer. Lógicamente, la alimentación es parte fundamental de esos buenos hábitos. Como suele decirse, somos lo que comemos. Según algunos estudios, entre un 20 y un 25% por ciento de los tumores más comunes se podrían evitar adoptando una dieta equilibrada y saludable.

Por fortuna, en España contamos con la dieta mediterránea, rica, variada y abundante en verduras, frutas y legumbres, una sana tradición alimenticia que contribuye de manera decisiva a que el nuestro sea uno de los países con mayor longevidad del mundo. A continuación, detallamos una lista de alimentos ricos en antioxidantes, vitaminas, fibras naturales y minerales. Su consumo habitual puede contribuir a una prevención eficaz del desarrollo del cáncer.

 

1 Brócoli

Esta verdura contiene una sustancia llamada indol-3-carbinol que es de las más efectivas a la hora de prevenir el cáncer. Cruda o cocida al vapor, es rica en vitamina C y K y en fitoquímicos naturales, como sulforafano e isotiacianatos, que si bien no son nutrientes esenciales sí que tienen efectos muy positivos para la salud, Además sus parientes, el grupo de verduras denominadas crucíferas, como la lombarda, la coliflor, el repollo, las coles de Bruselas, la col o los berros, tienen también propiedades muy similares.

 

2  Tomate

Es uno de los alimentos más ricos en antioxidantes, especialmente en uno llamado licopeno que previenen la aparición del cáncer gastrointestinal, de piel, pulmón y vejiga. Incluso, algunas investigaciones parecen demostrar que los tomates tienen un efecto preventivo en el caso del cáncer de próstata. Se pueden consumir de mil maneras, en ensaladas, en salsas, en sopa… Su carne también aporta vitamina C.

 

3 Espinacas

En general, todas las verduras de hoja verde contienen un alto nivel de carotenoides, que se encargan de eliminar los muy dañinos radicales libres. En las espinacas en concreto se han detectado más de una docena de compuestos diferentes de flavonoides que actúan como potentes anticancerígenos. Acelgas, canónigos, lechuga, espárragos, escarola… todas tienen mucha clorofila, además de luteína y zeaxantina, muy indicadas también para las enfermedades oculares relacionadas con la edad.

 

4 Zanahoria

Existen numerosos estudios que relacionan el hábito de comer zanahorias con un menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Según estos, hasta un 26% disminuyen las probabilidades de un cáncer de estómago y un 18% las de cáncer próstata. Se cree que sus virtudes anticancerígenas se se deben sobre todo a la presencia en su pigmento de carotenoides, entre los que se incluye el betacaroteno, que es lo que les proporciona su vistoso color naranja. Resulta beneficiosa en cualquiera de sus formas, ya sea cruda o cocida, rallada o entera.

 

5 Té verde

Esta planta, ya sea consumida en infusión de sus hojas o a través del polvo molido de estas, lo que se denomina té matcha, es rica en diversos compuestos químicos que lo convierten en un antioxidante muy poderoso, rico en catequinas, que combaten los efectos del cáncer y en polifenoles que ayudan a prevenir el crecimiento de las células cancerosas. El té verde puede ser útil para prevenir el cáncer de hígado, páncreas, mama, pulmón, esófago y piel. Además, estimula el sistema inmunológico y elimina toxinas.

 

6 Nueces

Algunos estudios han expuesto que una mayor ingesta de nueces puede disminuir el riesgo de padecer cáncer y recomiendan agregar una pequeña porción a nuestra dieta diaria para sacar partido de esta cualidad tan decisiva. Su alto contenido en ácidos grasos omega-3, polifenoles, fitosteroles y antioxidantes convierten a este fruto seco en una estrella de la prevención. Las nueces también son ricas en cobre y magnesio.

 

7 Ajo y cebolla

Una de las estrellas de la cocina Mediterránea es el ajo, un alimento con un alto contenido en antioxidantes, como la quercetina y la lisina. También tiene un elevad componente de azufre, que se relaciona con la reducción de algunos tipos de cáncer. Es rico en vitaminas B6 y mangesio. En cuanto a las cebollas, en cualquiera de sus variedades (chalotas, rojas, cebolletas…), también son ricas en azufre y su nivel de flavonoldes ayuda a proteger las células. Afortunadamente, ajo y cebolla se utilizan mucho en nuestra dieta, ya sea crudo o cocinado,

 

8 Legumbres

Cualquiera de sus modalidades, ya sean lentejas, garbanzos, judías, frijoles o soja, contienen un alto grado de lignanos y saponinas que protegen contra el cáncer. Eso sin contar que son una importante fuente de proteínas y de fibra, lo que es muy aconsejable para el colon. En la dieta mediterránea son muy habituales y se pueden consumir tanto en guisos como en ensaladas. Eso sí, conviene reducir el número de los compañeros de viaje, lo que normalmente se conocen como los `sacramentos´, que suelen ser chorizo, tocino, panceta… Mejor combinadas con otras verduras u hortalizas.

 

9 Fresas

En general, todos los llamados frutos rojos, como las moras, las cerezas, los arándanos y, por supuesto, las fresas, son unos alimentos extremadamente anticancerígenos. Se trata de potentes antioxidantes y muy ricos en flavonoides, luteína, polisacáridos y polifenoles. Aportan gran cantidad de vitamina C, vitamina A, manganeso y ácido gálico y se muestran como un poderoso agente antifúngico y antiviral, por lo que aumentan nuestras defensas. Previenen en envejecimiento y reducen el daño que producen los radicales libres. ¡Y además, son frutas muy sabrosas!

 

10 Remolacha

Posiblemente sea una de las grandes desconocidas. Es una fiel compañera de ensaladas, en las que se encuentra en un sencillo papel secundario. Sin embargo, se puede comer de mil maneras, ya sea con su jugo, asada, hervida, en sopa o en ensalada. Todo es comestible en ella, desde sus hojas hasta su bulbo y todo está lleno de propiedades. Su pigmentación se la proporciona la betacianina que tiene propiedades cancerígenas. Y tiene todas las virtudes de plantas con las que está emparentada, como las zanahorias, las batatas y otros tubérculos.

Hay más alimentos muy saludables que también tienen virtudes anticancerígenas o preventivas, como el maíz, la manzana (y las frutas en general), los limones y la familia de los cítricos, la calabaza, los champiñones… Lo más recomendable, en líneas generales, es comer mucha fruta y verduras, muchas hortalizas y cereales y olvidarse de la comida rápida e industrial, reducir el consumo de carne y embutidos. Es decir, disfrutar de las posibilidades de la dieta mediterránea, que es muy rica y variada.