El mundo está cambiando de dientes. Vivimos entre las dos placas tectónicas del tiempo, donde los automóviles empiezan a ser limpios y silenciosos y todavía los podemos manejar como bestias obedientes. Pronto nos convertiremos en supervisores del software que nos lleva de un sitio a otro. No seremos más que pasajeros, quién sabe si felices.

De momento, todavía podemos disfrutar del regalo de conducir y, a veces, con el factor aventura en su esplendor. La gente de Toyota llevaba tiempo diciendo que esta primavera iba a nevar en Madrid. Ante la incredulidad general, habilitaron en la pista helada de Xanadu un circuito especial para poder conducir sus nuevos RAV4 hybrid, el primer híbrido 4x4 del mercado, la quinta generación de un modelo icónico.

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Ruedas inteligentes

A cuatro grados bajo cero y con unos desniveles de hasta el 17% la prueba de conducir este todocamino con tecnología de tracción a las cuatro ruedas inteligente es todo un desafío. Para empezar, no estamos ante un vehículo off-road convencional, dotado de reductora y bajos blindados, sino un nuevo segmento de vehículo silencioso y eficiente con tracción a las cuatro ruedas. Un vehículo de tecnología híbrida que cuenta con un motor adicional sobre el eje trasero y diseñado para reducir las pérdidas de energía, optimizar el peso y mejor el funcionamiento del 4x4 en distintas condiciones de conducción.

El resultado es asombroso: conducir desde el silencio con la seguridad de una tracción poderosa. Además, el RAV4 hybrid venía calzado con los nuevos neumáticos Bridgestone Weather control A005, diseñados para su uso en invierno y verano.

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Un híbrido por la nieve

Tras la presentación inicial, nos equipamos con botas y chaquetas de invierno y pasamos a la pista de hielo. Allí están los todocaminos, nuevecitos, sonriendo ante el desafío. Un piloto profesional nos acompaña en la prueba.

Arrancamos en la parte baja de la pista, a velocidad moderada. El RAV4 hybrid avanza en el más glacial de los silencios y apenas escuchamos el crujir de la nieve bajo las ruedas. LaA primera curva es sencilla y notamos bien el empuje. El coche se agarra y las maniobras nos llenan de confianza. La subida comienza con una pendiente del 6%, que el RAV4 ejecuta con un agarre increíble. Ajustamos la dirección de manera suave y, en cuanto la pendiente pasa del 12 al 17% abrimos gas con mayor generosidad.

El todocaminos entrega potencia sin escatimar nada y vence al paisaje sin titubeos. No hay deslizamiento, no hay vacilación. Estamos subiendo una pista helada como si fuese una colina de asfalto en una mañana de primavera. Nada nos asusta.

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Un susto sin consecuencias

Quizá la tecnología y la respuesta del coche nos envalentona al trazar la cerrada curva superior a la derecha, que tomamos sin abrirnos, con esa sensación gelatinosa de circular sobre la nieve y desconocer qué es lo que está pasando bajo las ruedas. Tocamos el freno ligeramente para corregir la trayectoria pero el morro se acerca demasiado a la cuneta de hielo. Perdemos el control y el RAV4 hybrid se queda varado dulcemente sobre el hielo. Nos hemos salido de pista. “Ya la has liado”, nos dice el piloto.

Es que íbamos demasiado bien y nos creímos invencibles. Intentamos desencajarnos pero nos tienen que ayudar los operarios con unas palas. El RAV4 hybrid es poderoso pero no inmortal. Una vez liberados, enfilamos la cuesta abajo con esa sensación agridulce del exceso de confianza, girando suavemente la dirección hacia ambos lados y conteniendo el pie derecho para no frenar de nerviosismo y patinar por la pista helada.

Terminamos el recorrido regresando al disfrute de la conducción silenciosa, reptando por la nieve como una criatura mágica y capaz de todo.

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