Robert Capa, Cartier-Bresson, Fred Herzog, Helmut Newton, Leopoldo Pomés, Paolo Roversi, Werner Bischof, Alberto García-Alix… Todos grandes fotógrafos y todos con la misma compañera inseparable: una cámara Leica. Y eso que, al principio, pocos fotógrafos cabales se tomaron en serio a esta cámara portátil, que parecía más apropiada para aficionados que para profesionales.

Sin embargo, gracias a un ajustado tamaño y a un fácil manejo, la Leica no solo democratizó las cámaras, sino que influyó de forma sustancial en el arte fotográfico: gracias a Leica, las imágenes ganaron en riqueza, frescura y espontaneidad, abriendo la era de la foto moderna. Merece la pena, pues, recordar las andanzas de este prodigioso artefacto.

 

400 gramos por 400 marcos

En 1914, Oskar Barnak, ingeniero de la empresa alemana de microscopios Leitz, tuvo una brillante idea: fabricar una cámara ligera para poder llevarla encima y practicar con más comodidad su afición a la fotografía. Cabe recordar que en esos tiempos las cámaras aún eran enormes, pesadas y funcionaban con placas.

Barnak creó la primera cámara portátil: 400 gramos de peso que revolucionaron la ciencia fotográfica, gracias entre otras cosas a su película de 35 mm capaz de hacer hasta 36 fotos seguidas y a un gran objetivo ideado por Max Berek, mineralogista y matemático de Leitz. Todo ello por 400 marcos, un precio que ponía la fotografía al alcance de casi cualquier bolsillo. Barnak bautizó a su criatura como Leica: Lei de Leitz y Ca de Camera. El resto, es historia.

Wassilios Aswestopoulos

El primer modelo de Leica tardó más de una década en salir a la venta. La Primera Guerra Mundial y ciertos ajustes técnicos retrasaron su llegada a las tiendas hasta 1925. El bajo precio y el amplio alcance popular de la Leica, hicieron que muchos camarógrafos desconfiaran de su eficacia. Pero pronto comprobaron sus ventajas, pues disponer de una cámara ligera, rápida y manejable abría el arte fotográfico a nuevas y excitantes posibilidades.

 

Una cámara de autor

El siglo XX fue tiempo de guerras mundiales, de convulsiones sociales, de revoluciones políticas. Y las cámaras Leica estaban ahí para captarlo todo. Géneros como la fotografía callejera, la fotografía de moda, la fotografía de guerra o el fotoperiodismo, surgieron gracias a los modelos portátiles de la casa alemana. La cámara dio un fuerte golpe de timón a la evolución de la prensa, y tanto los periódicos como las revistas hicieron suyo el refrán «una imagen vale más que mil palabras».

Paralelamente a la industria periodística, se desarrolló la fotografía de autor, que experimentó una auténtica edad dorada y alcanzó la categoría de arte. Imágenes icónicas como Muerte de un miliciano (Robert Capa, 1936), La niña del napalm (Nick Ut, 1972), Nana, Place Branche, París (Christer Strömholm, 1961) o Día de la victoria en Times Square (Robert Doisneau, 1945), entre muchas otras, fueron disparadas con cámaras Leica.

John Mayer

La historia de esta cámara continúa en el siglo XXI. Así como sobrevivió a la llegada del color, Leica también se ha adaptado a la invasión digital, a los todopoderosos smartphones y a los mil y un avances tecnológicos habidos y por haber. La prueba es que maestros del flash como Paulo Nozolino, Alberto García-Alix o Bruce Gilden, siguen trabajando con Leica.

 

El último modelo

Aunque haya alcanzado el rango de leyenda, Leica no se duerme en los laureles. Por eso, no deja de sacar modelos nuevos, de características muy especiales y prestaciones sin competencia. El último, recién salido de fábrica, es el M10-P Edition Safari, un aparato que en su origen fue creado para uso militar y ahora se incorpora a la vida civil, debidamente rediseñado.

Además de ser una preciosidad de aires retro y delicioso color verde oliva, la Leica M10 Safari posee un sinfín de peculiaridades, entre las que destacan un impresionante enfoque telemétrico, una maquinaria extremadamente silenciosa, y una gran capacidad para sacar fotos de alta calidad con escasa luz. Se trata, eso sí, de una edición limitada: 1.500 ejemplares y 500 lentes en todo el mundo, con un precio de 7.800 y 2.500 €, respectivamente.

Veronique Fixmer