Los daneses siguen empeñados en convertir su país en un modelo medioambiental. Su capital quiere ser una ciudad verde e inteligente que en cinco años no produzca carbono. Y todo con un proyecto que, además, propicia un fuerte crecimiento económico.

El ambicioso plan prevé que esta ciudad, cuya área urbana alberga a poco más de 775.000 habitantes y alrededor de 1,3 millones en la zona metropolitana, produzca cero emisiones de carbono en 2025 y se convierta así la primera capital del mundo en lograrlo frente a otras ciudades, incluida Washington D.C., apuntan a 2050. 

 

Un proyecto contra el cambio climático

Autoridades y científicos aducen que se puede alcanzar esta complicada meta a través de una transición energética que cambié sus fuentes de suministros, de una modernización y adaptación de sus edificios, de una razonable gestión de residuos y de meditadas infraestructuras públicas y un sistema de movilidad ecológico. Estas son las principales, pero no las únicas ya que en cartera hay otras numerosas iniciativas para que esa transición, tanto a corto como a largo plazo, tenga una base sólida y ejecutable. Como dice su alcalde, Frank Jensen, Copenhague está trabajando para convertirse en una de las ciudades más verdes y amigables para las bicicletas y con este plan pretenden avanzar y crear un espacio de aire limpio, menos ruido y una ciudad verdaderamente saludable.

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A través del denominado CPH Plan Climático 2025, Copenhague asume así su responsabilidad con el cambio climático y se ha propuesto demostrar que es posible combinar el crecimiento, el desarrollo y una mayor calidad de vida con la reducción de las emisiones de CO2. Para eso ha instado a todas las partes involucradas en buscar y encontrar las soluciones más innovadoras, inteligentes, saludables, rentables y ecológicas.

 

El plan verde para el futuro

El CPH 2025 plantea una serie de objetivos e iniciativas específicas dentro de cuatro áreas bien definidas: consumo de energía, producción de energía, movilidad verde y administración de la ciudad. Y Copenhague ya se ha puesto en marcha, manos a la obra en cada una de esas esferas de actuación para estar libre de CO2 dentro de cinco años y convertirse en la primera capital del mundo en este aspecto.

Pero todo ello también con la pretensión de que esta iniciativa sirva como motor para crear una mejor calidad de vida, producir una mayor innovación, estimular la inversión y crear empleo y siempre a través de una estrecha colaboración entre empresas gubernamentales, instituciones científicas y asociaciones locales.

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Para que el coste mantenga unos costes razonables y asumibles, el Plan Climático CPH 2025 está sujeto a unos principios: un programa de transformación gradual durante un largo período de tiempo, iniciativas financieras sólidas y proyectos de desarrollo para el cambio al transporte verde.

Esto supone poner en marcha, por ejemplo una revolucionaria planta de generación de energía con los residuos que produce la propia ciudad y sobre ella una pista de esquí artificial que incluye pistas de senderismo y deporte y una montaña artificial de más de 85 metros de altura para practicar la escalada.

 

Un proyecto con un largo recorrido

La ciudad de Copenhague lleva muchos años, desde 2005, adaptándose al futuro y tomando medidas para proteger el medioambiente. Desde entonces ha logrado reducir sus emisiones de CO2 en un 42%. Es decir, que se anticipó a la situación actual de emergencia por el cambio climático aprovechando el agua de la lluvia, creando áreas verdes, pequeños parques, techos y muros de vegetación que disminuyen la contaminación y el riesgo de inundaciones, prohibiendo la entrada de automóviles diésel nuevos a la ciudad, promoviendo edificios más sostenibles, mejor aislados con un menor consumo energético, protección contra el aumento del nivel del mar, desarrollando una estrategia integral de adaptación climática y un plan de inversiones a largo plazo.

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Por todo ello se hacen creíbles, cuando no realidad, sus propuestas y sus logros, como implantar cien nuevas turbinas de energía eólica con capacidad de unos 460 megawatios, 60.000 metros cuadrados de paneles solares, reducir el consumo de calefacción y electricidad en comercios hasta un 20% o crear las condiciones para que los desplazamientos urbanos sean en un 75% a pie, en bicicleta o en transporte público o creando doce nuevos puentes para bicicletas y peatones.

Y se sigue estudiando y proyectando nuevas fórmulas. Así, en el distrito de Nordhavn, se han instalado sensores en los edificios para que los investigadores recopilen datos y estudien mejor cómo se utiliza y cómo se puede administrar de forma más eficiente la energía. Un auténtico laboratorio viviente. 

Como bien señala el alcalde de Copenhague, Frank Jensen, “hay una conciencia de que el cambio climático requiere acciones inmediatas, colectivas y ambiciosas”. La capital de Dinamarca está a la vanguardia de este proceso. Ya en 2014, la London School of Economics realizó un informe basado en un extenso análisis en el que se consideraba a Copenhague como "ciudad líder de la economía verde". Siguiendo esa línea afronta ahora su nuevo reto: ser 2025 una ciudad neutra en emisiones de dióxido de carbono.