Debbie Harry fue una da las estrellas más importantes de los años setenta gracias al éxito de Blondie. Su impacto cultural fue tan grande que se convirtió, casi de manera instantánea, en eso que hoy llamamos icono. Admiramos su imagen miles de veces cuando era una de las mujeres más deseadas del planeta y seguimos admirándola después, cuando Madonna le tomó el relevo. La vimos en vídeos, en películas, en fotos, en conciertos. La hemos visto envejecer con clase Y ahora que sus memorias llegan a las librerías –sin versión en castellano, por ahora- nos damos cuenta de que apenas sabemos algo sobre su vida privada. Que su pareja fuese Chris Stein, cofundador de Blondie, le resultó muy útil para no tener que dar explicaciones durante los años de máxima exposición antes los medios. Estaban siempre juntos así que no había misterio alguno. Cuando la relación finalizó a finales de los ochenta, con ella acabó la información sobre la vida privada de la estrella.

Face It llega a las tiendas como unas memorias pero en realidad se compone de textos escritos por Harry y entrevistas realizadas por la periodista Sylvie Simmons. Recorre diversas etapas de su vida pero no agota ninguna de ellas, porque la idea es que en el futuro  haya más volúmenes como este. Como bien dice la protagonista en el texto de presentación del libro, ha tenido una vida plena llena de historias de todo tipo. Ese es uno de los motivos por los cuales hay que adorar a Debbie Harry, aunque conviene no olvidar estos.

Las canciones

Blondie eran un grupo de pop prodigioso. La prueba irrefutable es el reguero de singles de éxito que jalonó su trayectoria desde que sacaron su primer disco en 1976. “X Offender”, “In The Flesh”, “(I’m Always Touched By) Your Presence Dear”, “Sunday Girl”, “Picture This”, “Dreaming”, “Call Me”, “Atomic”, “Rapture”… Y por encima de todo, “Heart Of Glass”, una canción perfecta que hizo de puente entre dos corrientes antagónicas, la new wave y la música disco.  También están las versiones –“Denis”, “The Tide Is High”-, así como títulos que no tuvieron impacto comercial  y que merecen ser destacadas, como “Pretty Baby” o “Detroit 442”. El arsenal pop de esta gente era imbatible. Y sí, en su reencarnación de 1999 hicieron “Maria”, pero no se puede hacer todo tan bien todo el rato..

La imagen

Debbie Harry era una cantante de pop con la imagen de una estrella de cine. Era como Marilyn Monroe pero cantando en el CBGB. Y no es que fuese la primer mujer rubia ante un micro, pero sí fue la más sexy, compitiendo en poder de atracción con la actriz Farrah Fawcett, que entonces reinaba con Los ángeles de Charlie. Pero Harry aportó algo fundamental. Su imagen sexy respondía a las fantasías eróticas masculinas, pero no estaba diseñada por nadie más que por ella. No había un equipo masculino diciéndole cómo vestirse ni midiendo la longitud de sus faldas. Harry creó su propio estilo, instaurando un nuevo modelo de estrella pop femenina. Una que cumplía con su objetivo como tal –las canciones, la imagen- pero era independiente y empoderada. Ella misma nos recuerda que sus letras no asumían un rol al servicio del hombre. Tomemos como ejemplo la de “Picture This”, inspirada en su entonces pareja. Stein era fotógrafo y ella le escribió una letra en la que ella le hablaba de sus imágenes favoritas, entre ellas, verlo desnudo en la ducha. Sin Harry, Madonna lo habría tenido mucho más difícil para hacer su trabajo. 

El interés por lo nuevo 

Harry creció artísticamente en el ecosistema humano que alimentó a la Factory de Warhol en aquel Nueva York ya legendario. Era un personaje destinado a la fama pero, incluso cuando el éxito le llegó, fue fiel a sus orígenes y a  su instinto artístico. Famosa pero con intereses intelectuales, siguió colaborando con sus amigos del underground y los apoyó cuando fue posible. Es la única estrella que un día estaba en el show de los Teleñecos y al otro estaba haciendo la gamberra con su amigo el periodista Glenn O’Brien en el programa TV Party, donde se juntaba lo mejorcito del Nueva York subterráneo de finales de los setenta y principios de los ochenta. Entre sus amigos raros, la mánager y diseñadora Anya Phillips –autora del modelo que luce en Plastic Letters-, o el músico y pintor Walter Steding. Y entre los que dejaron de ser raros para hacerse célebres, el modisto Stephen Sprouse, que diseñó el vestido del vídeo de “Heart Of Glass”, y Jean-Michel Basquiat, que tuvo en Harry a una de sus primera clientas y que aparece en el vídeo de “Rapture”.

David Jensen / CORDON

Actriz fetiche del cine independiente 

Harry tuvo ofertas para actuar en Tron, Blade Runner y Toro salvaje pero por uno u otro motivo, nunca dio el salto a Hollywood. En cambio, el cine independiente se ha  beneficiado intermitentemente de su fotogénico talento. El director Amos Poe –otro de esos amigos raros- contó con ella para Unmade Beds (1978), un clásico del no wave cinema. También dio muestras de poseer un convincente talento para el drama en Union City Blue (1981). David Cronnenberg fue el primero en darle una oportunidad ante la cámara al contar con ella para Videodrome (1984), y francamente, fue una oportunidad muy bien aprovechada. Y cómo no, su amigo John Waters –para el cual ya había compuesto el tema central de Polyester- hizo de ella una pérfida señora bien en Hairspay (1988). Mucho tiempo después de aquella época dorada, también estuvo espléndida a las órdenes de Isabel Coixet en Mi vida sin mí.

Es una leyenda viva 

Harry tiene 74 años. Ha sobrevivido a la heroína, a la cual se enganchó en dos ocasiones, antes de Blondie y tras el ocaso de estos. Fue estafada por un mánager sin escrúpulos y ha luchado junto a Stein para que este superara una rara y peligrosa enfermedad que lo dejó devastado durante los ochenta. Ha sobrevivido al fracaso y al olvido, al sobrepeso y a la jubilación forzosa que se aplica a las mujeres del mundo del espectáculo cuando traspasan cierta edad. Junto a Patti Smith –que siempre detestó su belleza americana- y David Byrne, es la única superviviente de una generación de músicos que cambió la cultura popular desde los antros neoyorquinos. Una estrella y una artista irrepetibles porque ninguna mujer ha abarcado tanto con tanta fortuna.