¿Votaría por alguien con un nombre tonto? No me refiero a un nombre inusual. Me refiero a un nombre que te hace reír a carcajadas. Como lo hacen ya millones de estadounidenses.

Empecemos recalcando que Estados Unidos es la tierra de las libertades, y sus ciudadanos son muy libres para elegir representantes con nombres ridículos. El mes pasado, en un debate presidencial de CNN, parece de hecho que basaron la selección de participantes en que sus apellidos fueran hinchantes: el gobernador John Hickenlooper (algo así como "paleto en bucle"), la senadora Amy Klobuchar (si lo gritas suena como una onomatopeya de la antigua serie de Batman), Don Lemon (¿Sr. Limón?), Dana Bash (Dana "porrazo") y otro cuyo hombre empieza a ser un fenómeno viral en el país de las barras y las estrellas: me refiero a Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana, el candidato demócrata más inusual e interesante de 2020.

Pero primero, ¿cómo se pronuncia ese apellido? ¿Es Butt-I-cake? ¿"Medidor de glúteos" quizás? Oprah Winfrey se cubrió con "Buttabeep" y "Buttaboop", pero ninguno dio en el blanco. Incluso el marido del candidato, Chasten Buttigieg (¿mencioné el feliz rupturismo que supone que un hombre homosexual se postule a la presidencia?) no pudo proporcionar una respuesta concluyente, tuiteando con mucho sentido del humor que incluyen  "Buddha-judge" (el juez Buddha) o "Boot-a-judge" (patea al juez).

Ahora, en los negocios se consideraría una mala idea lanzar una marca o producto con un nombre que las personas no puedan pronunciar ni deletrear. El reconocimiento del nombre es vital para el éxito y las marcas más icónicas que desarrollan identidades claras, simples e impactantes que se abren paso para atraer a su audiencia.

Con eso en mente, imagine que tiene la tarea de tomar a un hombre del que el 99.99% de los estadounidenses nunca ha oído hablar y lograr que sea elegido presidente, un trabajo que requiere que construya una "marca" reconocible a nivel mundial que inspire un apoyo popular masivo y convierta esa adoración en decenas de millones de votos el día de la votación. Es por eso que el nombre realmente importa. De hecho, Buttigieg admitió lo mismo en su primer discurso de campaña, donde recordó que cuando era un adolescente ambicioso se había "preguntado si su apellido sería un obstáculo para el resto de su vida". No es de extrañar que las primeras entrevistas se centraran más en su apellido que en cualquiera de sus propuestas políticas.

Contra todo pronóstico, la respuesta de Buttigieg y su equipo a esta situación inusual ha sido acertada. En primer lugar, respondieron a la coñas con buen humor: abrazaron el chiste y reconocieron que un debate nacional provocado por el apellido del candidato podría aprovecharse para presentar al 'Alcalde Pete' a millones de personas (incluso si muchos se limitaban a burlarse) y entregar el mensaje. Un oxígeno crucial de publicidad que su campaña necesitaba para vivir.

En segundo lugar, la campaña ha tratado de tomar el control acordando la opción fonética más dura y más estadounidense posible y empujándola con fuerza. Se produjeron miles de pancartas y camisetas para finalmente resolver el problema de la pronunciación. BOOT-EDGE-EDGE. Este plan ha funcionado (en su mayoría) y gracias a Dios, porque si vas más allá del nombre, encontrarás una de las historias más extraordinarias de cualquier candidato presidencial.

Patriota, erudito y liberal

Buttigieg es un políglota que asistió a Harvard y ganó una beca Rhodes para la Universidad de Oxford, antes de alistarse con la Reserva de la Marina de los EE. UU. Como oficial de inteligencia. En 2014, fue enviado a Afganistán, donde trabajó para identificar e interrumpir las redes financieras de grupos terroristas, así como para conducir convoyes armados, un papel que ha descrito con humor como "Uber militar". Esta imagen del erudito de la lucha es convincente para los votantes: un joven lo suficientemente inteligente como para entrar en cualquier trabajo y hacerse extremadamente rico, pero que opta orgulloso por el camino del servicio nacional (a pesar de los tres años de Buttigieg en McKinsey & Company, un trabajo que su campaña minimiza comprensiblemente).

Buttigieg fue elegido alcalde de South Bend a la edad ridículamente joven de 29 años, el líder más joven de cualquier ciudad de Estados Unidos con más de 100.000 habitantes. El "Alcalde Pete" salió al público durante su primer mandato y desde ese momento no ha minimizado su sexualidad, sino que lo ha convertido en un elemento central de su narrativa pública. Esta decisión hace que el éxito político de Buttigieg sea aún más impresionante cuando se considera que Indiana es un estado "rojo" (el color republicano) que no solo produjo conservadores atávicos como Mike Pence, sino que también permite que los empleadores despidan a alguien porque son homosexuales.

Sin embargo, es la naturaleza de la experiencia política de Buttigieg lo que hace que su ascenso a la prominencia nacional sea tan inusual. South Bend es una ciudad de apenas 100.000 personas y un relativo estancamiento político, que no ofrece nada como plataforma para competir con gobernadores, senadores y miembros de alto perfil del Congreso. A pesar del problema del nombre, es un milagro que el "alcalde Pete" haya llegado hasta aquí.

Además del currículum memorable, el posicionamiento automático de Buttigieg como portador de la antorcha para la próxima generación de líderes estadounidenses ha sido clave para su éxito. Ha convertido su mayor debilidad (inexperiencia) en un activo con una campaña inteligente que se centra en provocar un nuevo comienzo para la nación. Todos los días, Buttigieg aprovecha su relativa juventud y su imagen fresca para destacarse contra rivales más viejos como Joe Biden y Bernie Sanders, que han estado ahí durante décadas.

Rociando sus discursos con los ecos de Obama de "esperanza" y "cambio", Buttigieg ha establecido un manifiesto de política que es progresivo y audaz (aunque no tan revolucionario como Sanders o Elizabeth Warren). El lanzamiento parece particularmente dirigido hacia los votantes más jóvenes, especialmente los liberales menores de 40 años. Cambio climático. Control de armas más fuerte. Educación. Derechos LGBT.

Y parece que funciona. El "Alcalde Pete" ha venido de la nada para establecerse en el segundo nivel de candidatos demócratas (detrás de los "Tres Grandes" Biden, Sanders y Warren) y ahora es considerado como uno de los políticos más importantes y emocionantes de la nación, independientemente de si gana esta vez.

De hecho, una medida de su éxito es que Donald Trump ha cambiado su humor dudoso a su manera, comparando a Buttigieg con Alfred E. Neuman, la mascota del chico geek de la revista Mad. Buttigieg respondió con un encogimiento de hombros y una alusión característica a su juventud: “Pobre chico. Un presidente de los Estados Unidos, tratando de llamar la atención de un hombre de 30 años ”.

Entonces, ¿podrá el alcalde Pete llegar hasta el final? Parece poco probable en este momento, pero la política es impredecible en el mejor de los casos y más en estos tiempos. De hecho, el presidente Pete no es menos probable que el presidente Trump en esta etapa equivalente de hace cuatro años. Quedan preguntas importantes sobre la juventud del candidato, su falta de "experiencia en Washington", su historial en South Bend y (francamente) si Estados Unidos está listo para elegir a un presidente gay.

Sin embargo, muchas de esas mismas dudas surgieron sobre el primer candidato presidencial negro de Estados Unidos, y ya sabemos el resto de la historia.