"¿Qué tiene Tánger?”, se preguntaba Mick Jagger poco después de abandonar la ciudad, que visitó por primera vez en 1967 junto a sus inseparables Rolling Stones. Como les ocurrió a los Beatles en la India, los Stones renacieron en Tánger: llegaron siendo unos elegantes mods y se fueron transmutados en unos hippies vestidos con chilaba que fumaban hachís en pipas sebsi.

No fueron los primeros, ni los últimos, artistas occidentales en dejarse seducir por la ciudad más hedonista y cosmopolita de Marruecos. Años antes, los pioneros escritores de la Generación Beat descubrieron la ciudad, y, años después, hasta acaudalados políticos y gobernantes como Alberto de Mónaco, Felipe González o el rey Salman de Arabia Saudita compraron casa allí.

Y, sin embargo, Tánger sigue siendo un refugio para apátridas y malditos, del mundo en general y de España en particular, entre otras cosas por su tentadora cercanía. Así que, en este mundo globalizado y aséptico, todavía existe una ciudad en la que perderse y encontrarse. Después de tantos años, todavía hay motivos para escaparse a Tánger. Veamos unos cuantos.

 

1 Disfrutar de su gastronomía

Y no solo pensamos en el cuscús y similares, que puedes degustar por ejemplo en el muy autóctono Rif Kebdani, sino en restaurantes tan especiales como Le Saveur du Poisson –donde no hay carta y debes conformarte con la ambrosía del día, normalmente pescado o marisco–, en Al Maimouni –con las mejores vistas desde sus balcones– o en la espectacular Villa Josephine. Para tomar el exquisito té con menta, vale cualquier terraza, como la de Le Bas du Petit Soco.

Jo Sonn

 

2 Escribir un libro

Y quien dice escribir un libro, dice pintar un cuadro, rodar una película o componer una canción. Tánger es una ciudad inspiradora que dispara la creatividad. Y la prueba es la gran cantidad de creadores que han vivido o parado por estos lares: Tennesee Williams, Luis Eduardo Aute, Truman Capote, Luchino Visconti, Gore Vidal, Jimi Hendrix, William S. Burroughs, Paul Bowles, Francis Bacon, Yves Saint Laurent… Y el próximo puedes ser tú.

 

3 Otear España desde el café Hafa

En efecto, desde Tánger, si el tiempo lo permite, podemos ver el estrecho de Gibraltar y la Península Ibérica, al otro lado del hipnótico mar. Y, sin duda, el mejor lugar para hacerlo es el mítico café Hafa, fundado en 1921. Sus árboles, sus paredes blancas o sus mesas de mosaico inspiraron a escritores y músicos de todos los tiempos y lugares. Y es que pocas cosas hay más estimulantes para la mente que contemplar el mar desde sus amplias terrazas.

 

4 Deleitarse con su oferta cultural

Tánger es la ciudad más cosmopolita de África. Los artistas que aterrizaban en ella, encontraban sexo, drogas y rock’n’roll por doquier. Y una inmensa oferta cultural. Desde el tradicional Museo de La Kasbah hasta la sofisticada Galería Conil de arte contemporáneo, pasando por la filmoteca (popularmente conocida como Cinema Rif), el piano bar del Morocco Club, o el imprescindible Museo del Antiguo Legado Americano, que explora las huellas yanquis de la ciudad.

 

5 Dormir en un riad

Un riad es una casa tradicional árabe con patio interior con fuente. Son espacios cómodos y hermosos, por algo simbolizan el paraíso musulmán. En Tánger existen muchos de estos palacetes transformados en alojamientos de lujo: es el caso de La Maison Blanche, un riad del siglo XIV con nueve habitaciones decoradas por Régis Milcent. Aquí se alojaron, por ejemplo, Daniel Craig y Léa Seydoux durante el rodaje de la película Spectre 007.

Michelle Chaplow