Zhejiang es una de las regiones más prósperas en un país próspero que va camino de convertirse en la primera potencia económica mundial. Esta provincia al oriente de oriente (o lo que es lo mismo, del este de China) no para de aumentar su PIB año tras año y ya es la cuarta región del país en ingresos públicos. Esto se debe en gran parte a que su capital, Hangzhou, se ha convertido en el epicentro tecnológico del país, donde las ‘startups’ crecen como setas. 

Sin embargo, por mucho que se esté transformando en una suerte de Silicon Valley, sigue manteniendo un indudable poso de tradición: los chips de ultimísima generación no logran ocultar que, en origen, la región fue y sigue siendo una de las mayores productoras de té, seda y arroz. China en estado puro, vamos. Esta, por sí solo, ya es una razón de peso para visitar Zhejiang. Pero hay más. 

Marco Polo, el mayor viajero de todos los tiempos, describió a Hangzhou  como “la ciudad más bella del mundo”, y ahora esta espectacular urbe milenaria, los frondosos bosques, monumentos únicos y su tradicional gastronomía de la provincia de Zhejiang, está al alcance de los viajeros españoles porque ya no hay que realizar eternos y aparatosos transbordos: por fin, existen vuelos directos desde Madrid.

El origen de la civilización china

La región debe su nombre al río Qiantang, el más largo de la provincia, que literalmente significa “río serpenteante” y es la columna vertebral que alimenta los paisajes naturales de este destino, únicos en el mundo. Esta provincia es la quintaesencia de la China milenaria y moderna a partes iguales. 

Su situación, en la costa sureste del país, marca el carácter de sus paisajes: cuenta con un inmenso litoral que mira al Mar de China Oriental y una superficie similar a Islandia o Corea del Sur, de 101.800 kilómetros cuadrados salpicados de zonas agrícolas, pesqueras y comerciales. Su exuberante naturaleza, su inagotable patrimonio cultural y arquitectónico, y su herencia culinaria, fundamental en la gastronomía tradicional china, son algunas de las razones por las que Zhejiang es el gran destino emergente de este país.

Destacan, entre otros reclamos, el Pabellón Tianyi, la biblioteca privada más antigua de China, con más de 300 mil libros en sus archivos; o el impresionante Lago del Oeste, uno de los cuatro sitios nombrados Patrimonio Mundial de la UNESCO en Zhejiang y fuente de inspiración para poetas y escritores que versaron sobre su inigualable belleza. El Gran Canal, que también ha sido reconocido  como Patrimonio Mundial, no es solo el canal más largo y antiguo del mundo, es también una maravilla de la ingeniería antigua, que en el siglo VII consiguió desarrollar un sistema hidráulico que permanece hasta nuestros días.

Zhejiang guarda parte de la herencia del budismo chino, en sus paisajes y templos que se hunden las raíces de sus rituales y creencias, que resuenan en la Montaña Tiantai, destino de peregrinaje conocido por los habitantes de la zona como “la escalera hacia el cielo”. Las huellas budistas también permanecen en el Retiro de las Almas, uno de los 10 templos más relevantes del budismo chino, o en el Monte Putuo, considerado el “Reino de los Mares” por esta religión, que ofrece también una ruta de senderismo única en el mundo.

La vibrante capital de Zhejiang, Hangzhou, fue considerada en la Edad Media como el Paraíso Terrenal, y hoy en una bulliciosa ciudad rodeada de naturaleza, con espacios de compras y artesanía como su pintoresca Calle Qing He Fang; la imponente Pagoda de las Seis Armonías; o el interesante Museo de la Medicina Tradicional China, donde los viajeros podrán aprender más de los remedios y técnicas médicas orientales.

Toda la provincia es una gran despensa agrícola y guarda las esencias de la cocina tradicional china, como el célebre Cerdo Dongpo, que se asa lentamente hasta derretirse en la boca; o el pollo picante, que se cocina durante seis horas envuelto en hojas de loto en un horno natural de barro a fuego vivo.   Resumiendo:  Zhejiang es un deleite para la vista, el olfato y el gusto. Y también la mente; su legado cultural es difícilmente semejable en cualquier otra parte del mundo.