Se acumulan las razones por las que la más ignorada de las metrópolis asiáticas debería aparecer en lo más alto de tu lista de prioridades. Antes de que se convierta en un destino masificado (de momento, apenas te cruzarás con occidentales por sus calles), Seúl te espera con un fascinante choque de contrastes, una cocina callejera divertida y picante, spas de lujos, unos precios al alcance de tu bolsillo y un entorno natural sin parangón. 

 

1 Un choque de tradición y modernidad

Como ocurre con cualquier buena metrópoli asiática, Seúl ofrece un fascinante choque entre su tradición milenaria y una vanguardia moderna. La ciudad ofrece vistas imponentes: montañas para adictos al trekking, rascacielos fastuosos, templos budistas, palacios con siglos de historia y mercadillos callejeros de todo tipo. Pasear por sus calles presenta contrastes constantes: un momento puedes estar en una de las mecas del street food asiático, el mercado Gwangjang, donde el documental Street Food de Netflix rodó uno de sus capítulos, y otro por el edificio futurista de Zaha Hadid Dongdaemun Design Plaza, un centro de convenciones de sinuosas curvas con parque en su tejada y exposiciones de primer orden en su interior: de la magia de Disney a la elegancia British de Paul Smith. Todo lo contrario ofrecen los populares jjimjilbang, spas de lujo frecuentados tanto por turistas como locales, que ofrecen saunas, tratamientos faciales, masajes y mucho más. Eso sí, con separación de sexos.

 

2 Todas sus actividades, al alcance de cualquier bolsillo

Hay un Seúl para cada tipo de bolsillo, pero por lo general, pasarte unos días en la capital coreana no te va arruinar como sí lo harían otras metrópolis ricas como Singapur o Tokio. Incluso viajando en temporada alta y coincidiendo con su fiesta nacional en agosto, los hoteles de cuatro estrellas están del orden de los 100 euros, los platos que ofrecen sus muchos mercadillos de comida callejera te pueden dejar saciados a cambio de 5.000 wons (unos 4 euros al cambio), moverse por la ciudad en transporte público o taxi es más barato que en España y no te va a doler en el alma pagar cualquier actividad, ya sea una excursión a las afueras, una subida en teleférico o la entrada a una exposición.

 

3 No solo Seúl

Corea no es un país muy extenso, pero ofrece mucho más que su capital. Sus otras dos grandes ciudades son Daegu, un rincón para los amantes de los templos budistas, y Busan, una localidad costera que seduce por lo colorido de sus edificios y sus playas. Si quieres ir un poco más lejos, déjate sorprender por Jeju, una pequeña isla de actividad volcánica que le ha valido comparaciones con Hawái y la ha convertido en un lugar de peregrinación para los amantes del té. A las afueras de Seúl, encontrarás pequeños paraísos en la forma de jardines volcánicos (Garden of Morning Calm) y una isla en el río Han de un encanto sobrenatural. Y eso por no hablar de las mejores montañas para practicar senderismo y esquí, lo que nos lleva al siguiente punto. 

 

4 Un paraíso del senderismo y del esquí

Si el verano es duro por su clima húmedo, lluvioso y extremadamente caluroso, el invierno no lo es menos. Las temperaturas rompen la barrera negativa constantemente, lo que a la vez convierte la región en un lugar privilegiado para disfrutar de las pistas de esquí que ofrecen sus montañas colindantes. La mayoría de festivales de invierno y resorts de esquí se encuentran a menos de hora y media en coche de Seúl, lo que convierte a la ciudad en un destino atractivo para los más fanáticos de la nieve. Cabe recordar, de hecho, que los últimos Juegos Olímpicos de Invierno se celebraron en Pyeongchang. Tampoco quedan atrás sus caminos de trekking para los más aventureros. Y es que el montañismo es ya parte de la cultura coreana, una actividad ideal para desconectar del bullicio de la gran ciudad. 

 

5 La comida, una relación amor-odio

Hay quien la ama y quien la odia. O incluso las dos cosas a la vez. Por supuesto que su gastronomía nunca será tan popular como la japonesa o la tailandesa, pero tiene mucho más que ofrecer de lo que te piensas. Divertidos y picantes, los platos coreanos son menos grasientos que otros vecinos asiáticos, con una oferta notable para paladares veganos y una carta a todos los lados del espectro: desde el kimchi, col fermentada que ríete tú del más salvaje de los picantes mexicanos, hasta copiosas barbacoas de ternera, desde caldo udon con fideos cortados a mano hasta deliciosas brochetas de langosta con queso fundido. En Seúl cuesta una barbaridad pegar un bocado a la cocina occidental, así que es una excusa perfecta para sumergirse en su milenaria cultura.