Si eres una de esas personas a las que el sentido del gusto y de la diferencia impiden escuchar el nuevo disco de Taylor Swift o  o ir al cine a ver el blockbuster de turno, aunque lo dirija el mismísimo Quentin Tarantino, probablemente también seas algo alérgico a los destinos vacacionales masificados como Londres, Nueva York o, pongamos, el Caribe.

Así que si quieres llevar tu viaje al siguiente nivel, ¿por qué no contemplar la posibilidad de visitar los muchos países no reconocidos por la ONU que existen alrededor del globo? Dos cosas te podemos garantizar: uno, allí no ha llegado aún ni el turismo masivo ni la turismofobia y, dos, que vas a poder presumir de unas vacaciones realmente insólitas, como no habrá disfrutado nadie más de tu entorno familiar ni tu grupo de amigos. 

 

1 Transnistria

También conocida como la República Moldava Pridnestroviana, este es uno de aquellos destinos ideales para los amantes de toda la imaginería soviética (en pocos sitios verás más estatuas de Lenin). Ubicada en un estrecho espacio de tierra de apenas 4.000 kilómetros cuadrados entre el río Dniester y la frontera con Ucrania, Transnistria sufrió una breve guerra con Moldavia en 1992 y se ‘separó’ de ella entonces en un conflicto congelado que aún no se ha resuelto un cuarto de siglo después, ya que su independencia no ha sido reconocida. Ellos, sin embargo, operan como región autónoma con sus fronteras, pasaportes, moneda, bandera y día de la independencia. Puedes llegar a ella desde Chisinau u Odessa. El visado solo permite una estancia gratuita de 24 horas, pero una vez ahí es posible ampliar el plazo.

 

2 Somalilandia

En 1960, este antiguo protectorado británico consiguió su independencia para unirse a Somalia, país del que es autónomo aunque se separó definitivamente en 1991 tras una guerra civil. No hay mucho que hacer en esta república situada en el Cuerno de África. Como gran atractivo turístico de ese remoto destacan unas cuevas, Las Geel, con un arte rupestre con más de 5.000 años, quizá el mejor preservado de todo el continente negro. La capital, Hargeisa, no parece tener mucho que ofrecer aparte de un memorial de guerra y mercados de camellos y oro, pero en 2020 planean celebrar un maratón. 

 

3 Abjasia

Un siglo atrás, Abjasia era algo así como el destino vacacional favorito de la flor y nata soviética, entre la que se incluye al mismísimo Stalin, que se vieron seducidos por la región gracias a su singular mezcla de geografía montañosa sobrecogedora y playas de alto standing perfectamente acondicionadas para recibir turismo. De hecho, solo Rusia, Nauru, Nicaragua y Venezuela aceptaron en 2017 su declaración de independencia. Cuenta con una enorme historia, y es que estuvo en contacto con imperios como el romano, el bizatino y el ruso. Para llegar a él hay que tener una cosa en cuenta, solo puedes salir por donde entras y hay varias opciones tanto a través de la frontera georgiana como la rusa. Tienen su propia moneda e idioma, pero aceptan rublos rusos y entienden (y por lo general hablan con fluidez) el ruso y el georgiano. 

 

3 República de Artsaj

Este país es fruto de otro de esos conflictos congelados surgido del desmantelamiento de la Unión Soviética. En 1988, las tropas de Azerbaiyán y los secesionistas armenios empezaron una sangrienta guerra que dejó el territorio en manos de los segundos. Ningún país de las Naciones Unidas lo ha reconocido, y es que pocos han sabido qué hacer con un grupo de cristianos armenios que viven en el corazón de un país de mayoría musulmana como Azerbaiyán. Desde 1994, las tensiones se han rebajado, sin embargo, convirtiéndolo en un interesante lugar al que visitar. Y eso pese a que no tiene aeropuerto. Llegar hasta él es una pesadilla, pero una vez ahí te esperan monasterios medievales, las ruinas de Agdam, los museos de la capital y lagos de belleza sobrecogedora.

 

4 Guayana francesa

¿Te gustaría disfrutar de la naturaleza, las playas y la cultura criolla sin salir de Europa? Prueba con la Guayana Francesa, una región entre Brasil y Surinam cuya capital se llama París y que forma parte de la Unión Europea. De hecho, hasta usan euros. Como colonia francesa, no quiere separarse del país madre, así que esencialmente es como estar en Francia pero al otro lado del Atlántico. Para llegar ahí tienes un par de opciones, en barco desde Oiapoque o Albina, o en avión directo desde París, convirtiéndolo en uno de los vuelos domésticos más largos del mundo. Tu pasaporte te bastar para entrar y disfrutar de, entre otras cosas, la base espacial francesa.

 

5 Osetia del Sur

Como decíamos, casi 30 años después del desmantelamiento de la Unión Soviética aún quedan un buen puñado de conflictos aún por resolver. Desde 2008, Osetia del Sur disfruta de paz tras una guerra con Georgia. Consiguieron una independencia de facto, que, como ocurre con Abjasia, solo Rusia, Nauru, Nicaragua y Venezuela reconocen. Los tours ofrecen pasear por sus pintorescas calles, el Museo Nacional de Osetia del Sur, conocer su difícil historia a través de una las personas que defendieron Tskhinval al inicio del conflicto, disfrutar de la gastronomía local, visitar el palacio de los duques de Ksani y la Iglesia de San Jorge y hasta un monasterio con tallados en piedra preciosos. 

 

6 Orden de Malta

O también conocida como la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, es, a la vez, uno de los países más fáciles y difíciles de visitar en todo el mundo. Difícil porque no tiene un territorio oficial, ni pruebas geográficas físicas y tangibles que demuestren su existencia, pero sí una base en Roma, las residencias de sus caballeros y un fuerte en Malta que actúa como sede oficial. Esta centenaria orden cuenta con bandera, sellos, moneda y, atención, está reconocida por un centenar de países de las Naciones Unidas. A resumidas cuentas, solo tienes que viajar a Malta y contratar un tour al Fuerte de San Ángel. Ahí descubrirás la fascinante historia de una de las organizaciones más enigmáticas del mundo.