Girona ya tenía mucho que ofrecer antes de convertirse en un gran centro internacional del ciclismo de ruta. Hablamos de una ciudad antigua, con reliquias romanas y una cavernosa catedral del siglo XIII, que ha sido durante mucho tiempo una estupenda alternativa urbana, encantadora y de dimensiones mucho más amables, a la cercana Barcelona.

Se trata de una ciudad tranquila, perfecta para pasear, con sus calles empedradas, sus plazas abarrotadas de cafés, las románticas murallas, el paseo fluvial en la ribera del Onyar, con discretas pasarelas que van a desembocar en bellos pasajes entre las coloristas fachadas de las casas que se asoman al río.

Todo eso habla de su encanto atemporal y de la riqueza de su historia. Pero es que demás Girona es una ciudad moderna y con magníficas conexiones terrestres, al sur de la frontera francesa, al oeste de la costa mediterránea y unos 100 kilómetros al norte de Barcelona, sede de varias facultades universitarias que le dan un extra de juventud, oferta cultural y escena nocturna. Además, paea bien o para mal, Girona es también una ciudad muy politizada, semillero del catalanismo político, con pancartas, banderas y lazos amarillos en casi todas las fachadas, postes y plazas.

En cuanto a su reciente estatus de gran referente europeo del ciclismo en ruta, se debe a su estupenda red de carreteras, su cercanía a los Pirineos y a Francia y, por qué no decirlo, el cívico respeto con que la mayoría de los automovilistas españoles tratan a los ciclistas. Todo empezó cuando un nutrido grupo de ciclistas profesionales, algunos de ellos participantes del Tour y otras grandes carreras por etapa, se estableció en la ciudad para, entre otras cosas, disfrutar de las ventajas qie ofrece y salir a rodar juntos. Tras ellos, se produjo una importante afluencia de aficionados y turistas sobre dos ruedas.

Basta con subirse a una bici para entender por qué esta es la nueva meca del ciclismo. Tras pedalear apenas un cuarto de hora, ya estás recorriendo una estupenda carretera boscosa, con los verdes y ocres que caracterizan el paisaje de la zona, que te lleva a lugares tan interesantes como la capilla en la que Salvador Dalí se casó con Gala Eluard Diákonova, a la que conoció cuando era aún la esposa del poeta Paul Éluard.

Eat Sleep Cycle se creó en Girona en 2016, justo cuando la ciudad se consolidaba como uno de los destinos europeos más populares para las vacaciones en bicicleta. Ofreciendo un conocimiento experto de la zona, así como una gama de bicicletas para alquilar en su tienda en el centro de la ciudad, ESC se ha convertido rápidamente en un centro de la rica cultura ciclista en Girona. Brian Canty, uno de los fundadores de la compañía, comparte con ‘PORT’ los que son, a su juicio, los mejores lugares para comer, beber y montar en bici por la ciudad.

 

Espresso Mafia
“Mi preferido entre los múltiples locales que han ido abriendo en Girona en los últimos años. Espresso Mafia ofrece un ambiente encantador u un café excelente servido por un personal muy amable. Han hecho todo lo posible para que el lugar sea auténtico y más que recomendable”.

 

El Carrito


“Mi restaurante favorito en Girona. Es un asador argentino sin lujos ni alardes innecesarios, pero cuenta con un veterano cocinero que prepara los asados más increíbles a precios de derriboun buen bife, dos empanadas, unas patatas fritas y una buena ensalada te costarán alrededor ede 15 euros. Suele estar abarrotado y el humo que sale de la cocina se hace notar, pero esas carnes valen tanto la pena que enseguida se te olvida cualquier pequeño inconvenuente”.

 

San Daniel
“No se trata de un local, sino de un barrio periférico al noreste de la ciudad. Resulta muy tranquila: por aquí puedes montar en bicicleta de montaña o, sencillamente, pasear y pasear sin rumbo, dejándote seducir por el entorno. Es una zona muy bien preservada en la que se conserva un hermoso monasterio de monjas benedictinas del siglo XIV. Me gusta acudir allí para escaparme de Girona por unas horas en pleno verano, cuando la ciudad está llena de gente”. 

 

La ruta del pantano de Susqueda
“Mi ruta ciclista favorita en el entorno de Girona. Te diriges hacia el oeste de la ciudad por bonitas carreteras planas antes de llegar a Anglès y una hermosa subida con desniveles suaves pero sostenidos que conduce hasta la población de Osor. No es una ruta rompepiernas, pero sí exige estar en forma. A mí me anima mucho mirar hacia abajo y comprobar la velocidad a la que vas cogiendo altura según pedaleas. Una vez en Osor, hay que girar a la derecha y atravesar el fragante bosque de pinos que conduce a un auténtico tesoro paisajístico, el pantano de Susqueda y sus sublimes alrededores. Luego suelo volver por Amer y, de ahí, a Girona. Una ruta que he hecho muy a menudo, sobre todo en tardes de verano no demasiado calurosas, y que siempre me resulta mágica”.