El mundo tiene un problema con la desaparición a un ritmo alarmante de las abejas. Aunque la desaparición paulatina de estos polinizadores cruciales para el crecimiento de los cultivos está encendiendo las alarmas en todo el planeta, muy pocos estados se toman en serio esta grave crisis. Afortunadamente hay países a la vanguardia de la lucha por el medio ambiente en general y por esta cuestión en particular. Holanda es uno de ellos.

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Primero fue Ámsterdam, una ciudad de casi dos millones y medio de habitantes que ha conseguido que su población de abejas silvestres y abejorros haya aumentado cerca de un 45% desde el año 2000. Esto ha sido posible gracias a la instalación de recintos para insectos y la prohibición del uso de pesticidas químicos en cualquier espacio público, como parques, parterres o jardines. Y no solo ha habido un aumento de la población de estas encargadas de que las plantas se reproduzcan, también de otros muchos insectos que están al comienzo de la cadena alimentaria y que si a ellos les van bien las cosas, lo mismo ocurrirá con las aves y con los pequeños mamíferos. El ayuntamiento de Ámsterdam lleva años invirtiendo en este aspecto e incluso ha llegado a crear un fondo para la sostenibilidad de cerca de 40 millones de euros. Este plan incluía la creación de tejados verdes en los nuevos edificios, lo que además de ayudar al control del clima en el interior, reducía su dependencia de la calefacción o la refrigeración y creaba un nuevo hábitat para la vida silvestre.

Paradas de bus... y de abejas

La preocupación por las abejas que lleva mostrando la capital de los Países Bajos durante varias décadas se ha contagiado a otras ciudades. Utrecht acaba de convertir 316 paradas de autobús en refugios para abejas, abejas melíferas, abejorros y otros muchos insectos.

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Con esta medida, Utrecht no solo contribuye al aumento de la biodiversidad y a proteger especies en peligro, también han mejorado el aspecto de la ciudad, ya que estéticamente las nuevas paradas se ven realmente atractivas, sino que es un gran invento para atrapar el fino polvo que suele recorrer las calles, almacena agua de lluvia y aumenta la humedad del aire y proporciona una fresca sensación de verdor en verano. Todo ello colabora a mejorar la calidad de la atmósfera de esta ciudad, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que un ambiente poco saludable es, después del tabaco, la segunda causa de enfermedades en los Países Bajos.

Holanda es pionera en protección del Medio Ambiente y de la naturaleza y nos sigue mostrando el camino. Lleva años adoptando medidas ingeniosas e innovadoras, como en Rotterdam, en donde utilizan desechos plásticos procedentes del mar para crear nuevos sistemas viales con paneles modulares y sustituir al asfalto tradicional.

Con la implantación de estas ecológicas paradas, Utrecht da un nuevo paso adelante en favor de la biodiversidad y cumple con sus objetivos de sostenibilidad, entre los que está ir cambiando su flota de vehículos que emiten CO2 por otros con motores eléctricos no contaminantes. El plan tiene previsto la sustitución total de estos autobuses en el año 2028 e instalar en las paradas paneles solares en los próximos años.

Utrecht en particular y Holanda en general es un ejemplo a seguir. Desde ya mismo, sus paradas de autobús no solo parecen más bonitas y embellecen la ciudad, sino que además ayuda a la biodiversidad y lucha, aunque sea de una manera muy sutil, contra el cambio climático.