“Aquí no hay playa, vaya, vaya”, rezaba una celebérrima canción del verano, interpretada por The Refrescos, que le echaba en cara a Madrid su carencia más evidente: esa ausencia de costa que la convierte en una ciudad desierta en agosto, cuando sus habitantes huyen en masa hacia el mar… o hacia oasis de tierra adentro. Porque no solo de playa vive el veraneante, y hay otras alternativas tanto o más apetecibles.

Así que, si usted es de los que tienen alergia a los granitos de arena o fobia a la brisa marina, le alegrará saber que existen numerosos destinos vacacionales de auténtico lujo donde es posible desconectar, divertirse y refrescarse tanto o más que en la cala más maravillosa del mundo. Decía otra canción, ésta de Loquillo, “esto no es Hawái, qué guay, da igual, procura soñar junto a mí”. Pasemos, pues, ya a visitar esos cinco destinos que no son Hawái… ni falta que les hace.

 

1 Un molino y siete panes con Estrella Michelin (Guadalajara)

A primera vista, que el Relais & Châteaux  Molino de Alcuneza Hotel SPA sea un edificio del siglo XIV exquisitamente restaurado en un paraje natural desconcertantemente bello a solo un par de minutos de la histórica ciudad medieval de Sigüenza ya debería ser un argumento suficiente para darle un sitio preferencial a este destino. Pero lo mejor está dentro de sus paredes empedradas. El chef Samuel Moreno, con una Estrella Michelin, es el responsable de las exquisiteces que allí se cocinan y sirven, pero ante todo, es un apasionado del pan. Y, con las siete modalidades que allí se elaboran artesanalmente con técnicas de vanguardia y harinas ecológicas de la zona, demuestra que este alimento puede ser mucho más que un mero acompañamiento. 

El molino, reconvertido en hotel boutique (lo que hasta hace no mucho denominábamos "hotelito con encanto"), apenas dispone de dos decenas de habitaciones, todas con magníficas vistas del jardín o el valle del Alto Henares. La tranquilidad y el solaz están garantizados. Y si, a pesar de que uno abomine de la masificación playera, no quiere renunciar a un placentero chapuzón, su piscina con vistas (y qué vistas) o su relajante spa están a solo dos pasos. 

2 Laguna Negra de Montenegro (Soria)

En el norte de la provincia de Soria tenemos el Parque Natural de la Laguna Negra. Se trata de uno de los tesoros naturales mejor conservados de España, y se encuentra rodeado por un bosque de 5.000 hectáreas donde abundan pinos y hayas. Dado que está a 1.773 metros de altitud, es un lugar perfecto para recorrer sus innumerables rutas de senderismo o la pasarela de madera que rodea casi toda la laguna.

Pero lo mejor, claro está, es bañarse en sus aguas frescas y misteriosas. Reza una leyenda que la laguna no tiene fondo y que si buceas lo suficiente, puedes llegar al mar. Pero la realidad, mucho más prosaica, es que tiene ocho metros de profundidad. Por cierto, que el primer domingo de agosto se celebra, como cada año, la travesía a nado de la Laguna Negra. Una buena ocasión para practicar la natación en grupo.

 

3 Ruta del vino Ribera del Duero (Burgos)

El enoturismo ha crecido más del 168% en la última década, según datos de la Asociación Española de Ciudades del Vino. Y una de las rutas bodegueras más deliciosas y fascinantes es la de Ribera del Duero. Esta denominación de origen, abarca una franja del río Duero en la confluencia de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid, y forman parte de ella unas 300 bodegas, algunas de las cuales disponen incluso de hotel de lujo.

Pero recorrer los pueblecitos de la Ribera del Duero no es solo hartarse a buenos vinos y ricas viandas, sino mucho más: viajes en globo para ver los viñedos, chapuzones en el río, fiestas populares y hasta un festival de música, el Sonorama Ribera, que se celebrará en Aranda de Duero, Burgos, entre el 7 y el 11 de agosto: actuarán Love of Lesbian, Tote King, Fangoria, La Sonrisa de Julia y Zahara, entre otros artistas.

 

4 Ruta por el suroeste de Francia

Es, quizá, el secreto mejor guardado del país vecino: su suroeste. Todos conocemos la Costa Azul, la Provenza, Bretaña o París, pero no tantos se han aventurado a explorar los departamentos del Tarn-et Garonne, el Lot, el Tarn, el Gers o la Dordoña. Y en verdad merece la pena disfrutar de su inabarcable y genuina oferta turística. Viajes en coche por carreteras comarcales, visitas a hermosos pueblos como Lautrec, Lauzerte, Cordes sur Ciel o La Roque Gageac, atracones de trufas, foie gras o quesos locales, borracheras en las bodegas de Bergerac, Malbec o Fronton… Eso sin contar los paseos en canoa por las gargantas del Aveyron, las rutas de senderismo o las exploraciones de cuevas como las de Laxcaux. Y, por último, esos alojamientos, relativamente baratos pero sumamente encantadores, en casas rurales, palacetes, torres, palomares y hasta castillos.

 

5 Embalse de Rules (Granada)

Aunque suene raro, en Granada se encuentra una de las mecas del windsurf nacional. Se trata del Embalse de Rules, en el cauce del río Guadalfeo, a medio camino entre Granada y Motril. Durante la primavera y el verano, pueden verse en sus aguas numerosas personas practicando windsurf. No es un espejismo, sino pura realidad, pues muchos aficionados granadinos y de provincias limítrofes, e incluso turistas extranjeros, eligen este espectacular embalse para darle a la tabla y a la vela.

Y no es ninguna tontería, puesto que los vientos suaves y el moderado oleaje del embalse son ideales para principiantes, pero también para expertos en este deporte acuático. No en vano, la Escuela de Windsurf de Granada organiza, del 5 de abril al 15 de septiembre, cursos para mayores de 12 años. Hay cuatro niveles: iniciación, medio, progresión y avanzado.

6 Y si te quieres escapar bien lejos... Torres del Paine (Chile)

Altas montañas, preciosos bosques, lagos de ensueño, ríos caudalosos, enigmáticos glaciares… Ubicado en la Patagonia chilena, cerca de la frontera con Argentina, el Parque Natural de las Torres del Paine es una maravilla para los sentidos. 227.298 hectáreas de exuberante naturaleza cuya fauna y flora constituyen un verdadero tesoro. Por ello, y por sus numerosas rutas, se ha convertido en una de las mecas del trekking o del senderismo.

Pero lo más interesante de esta zona es la oferta de postlujo que gestiona la empresa Explora, de Pedro Ibáñez, apostando por planes exclusivos pero naturales, basados en la exploración de zonas salvajes. Entre otras cosas, Explora ha criado su propia raza de caballos para recorrer el parque, y ha abierto el Hotel Explora Patagonia que, con su diseño lujoso pero funcional y su gastronomía liviana, es el mejor refugio para los exclusivos exploradores que pueden pagar sus elevadas tarifas. Cabe destacar, entre otras cosas, su spa, que dispone de jacuzzis al aire libre con vistas al río Paine.