Por muy exótico que pueda parecernos en España, el críquet es un deporte muy practicado y extraordinariamente popular no solo en la nación en que fue inventado, el Reino Unido, sino también en países como Pakistán, Australia, India, Nueva Zelanda, Sudáfrica o la región del Caribe. La prueba de ello son los 315 millones de espectares que lleva ya acumulados la duodécima edición de la Copa Mundial, que se está celebrando en Inglaterra y Gales y cuya final se disputa el próximo domingo.

La historia de este peculiar deporte se remonta a la Inglaterra rural del siglo XVI. Al principio se practicaba de manera informal, en el marco de ferias agrícolas o encuentros amistosos entre jóvenes de aldeas vecinas, pero hacia el siglo XVIII se había popularizado hasta el punto de ser objeto frecuente de apuestas y motivo de disputas. Ya en 1664 se produjo un célebre altercado entre dos de las primeras estrellas de este juego, Frederick Beauclerk y George Osbaldeston, el primero de una serie de incidentes que hicieron que se cuestionase su reputación de pasatiempo tradicional practicado por caballeros.

En años posteriores, la comunidad judía de Inglaterra denunció su práctica entre jóvenes que no respetaban el descanso sabático, pero solo la guerra de los siete años, en 1756, y las guerras napoleónicas, en 1803, consiguieron que se interrumpiese su práctica. En la fase de expansión del Imperio Británico, el juego cruzó hemisferios y océanos y se convirtió en internacional. Prueba de ello es que la ICC, que aún hoy organiza la Copa del Mundo, nació como resultado de un partido entre las selecciones de Estados Unidos y Canadá que tuvo lugar en 1909. El primer mundial se disputó en 1975. Inglaterra fue la sede y el equipo de las Indias Orientales (formado por deportistas de varias naciones del Caribe, como Jamaica, Barbados o Antigua) se proclamó campeón derrotando a Australia en la final.

Justo antes de las semifinales de este año, que se celebran en Londres y el estadio de Old Trafford, en Manchester, ‘PORT’ habla con Tom Curran, una de las principales fuguras de la selección inglesa a sus 24 años. Nacido en Sudáfrica e hijo de Kevin Curran, que fue internacional por Zimbabúe, Tom ha pasado por la liga australiana, juega en la actualidad en Surrey County y tiene dos hermanos también profesionales, Sam y Ben.

En la conversación con ‘PORT’, Curran habla del privilegio que supone poder dedicarte a la que de verdad te gusta y de su otra vocación al margen del críquet: la fotografía, campo al que se dedica de manera intermitente desde hace años.

 

Viniendo como viene usted de una estirpe de jugadores de críquet, ¿siente que podría haberse dedicado a otra cosa o más bien no tuvo elección?

Bueno, es evidente que en mi familia llevamos el críquet en la sangre. Vengo jugando desde que tengo uso de razón. El críquet era, además, uno de los vínculos más sólidos con mi padre y con mis hermanos, formaba parte de lo que compartíamos los cuatro. Pero es que además yo amaba el críquet con toda mi alma. En la escuela, me pasaba el día pensando en los partidos que iba a jugar. También me gustaban otros deportes: el golf, el tenis, el fútbol, el hockey... Pero lo que sentía por el críquet era muy especial. Siempre tuve claro que quería ser jugador profesional, nunca me planteé seriamente ningún plan B, aunque había otras cosas que me gustaban, claro que sí. Cuando empecé a jugar en el equipo de la escuela y luego, ya como profesional, en Surrey, me sentí un privilegiado. Hay días buenos y malos, como en cualquier actividad humana, pero compensa. Aunque va bien poder desconectar de vez en cuando de la competición con cosas como la fotografía.

Una de las fotografías de Tom Curran exhibidas en el Barbican de Londres en el marco de la campaña Express Yourself. |

 

¿Qué es lo que de verdad le entusiasma del críquet?

Es difícil decirlo. Empecé tan joven que para mí ha sido siempre una actividad natural a la que dedicar mi tiempo. Además, se me da bien, y supongo que todos tendemos a hacer lo que se nos da bien. Si lo pienso un poco más, te diría que me gusta que sea un deporte de equipo, por el compañerismo, la sensación de comunidad con tus compañeros. Y también me gusta que sea una actividad competitiva en la que te ves obligado a seguir esforzándote para alcanzar tus propios límites y seguir persiguiendo la excelencia. Eso es muy gratificante para mí, que soy una persona de carácter muy competitivo.

 

Hace unos meses exhibió usted una selección de sus fotografías en el marco de la  campaña Express Yourself en el Barbican de Londres. ¿Qué le resulta atractivo de esta forma de arte?

¡Todo! Ya en el colegio me gustaban las actividades artísticas. La escultura, el dibujo, la pintura. Me aficioné por la fotografía más adelante, en cuando empecé a ser activo en las redes sociales. Ahora se ha convertido para mí en una actividad a la que dedico mucho tiempo, sobre todo cuando viajo con el equipo y tengo esos tiempos muertos que puedo dedicar a recorrer el lugar en el que estoy buscando detalles que capten mi atención y haciendo fotos. Desde que lo hago, noto que controlo mejor la presión de la alta competición y, sobre todo, estoy más en contacto con la faceta creativa y estética de mi personalidad.

 

¿Qué objetivos se plantea como fotógrafo?

Bueno, de momento nada demasiado ambicioso, porque se trata de una actividad muy exigente a la que yo me estoy asomando apenas, y ya veo hasta qué punto es inmenso el margen de mejora. Pero mi principal motoivación, más que mejorar mi técnica o plantearme objetivos, es encontrar algo que me parezca bello y compartirlo.

 

¿Cómo sugió la posibilidad de colaborar con un escritor de viajes como George Benson?

De manera muy natural. Yo era seguidor de su blog y me gustaba su trabajo, de ahí que le fuese siguiendo y acabase entrandoen contacto con él. Tenemos mucho en común: a los dos nos encanta viajar y hacer foto y ¡los dos somos seguidores del Chelsea!

 

¿Por qué exponer en el Barbican?

Porque es todo un referente de las artes plásticas en Inglaterra, ¿no? Y porque es un espacio con mucha personalidad, cargado de historia y con una arquitectura imponente.

 

¿Cuáles son sus fotógrafos peferidos?

Podría citarte algunos, sobre todo los especializados en viajes y vida salvaje, que suele ser los que más me interesan. Pero más que de fotografos concretos, soy seguidor de ese tipo de fotografía, de la gente con talento y buen guso que va por el mundo encontrando cosas bellas y compartiéndolas.