Hay actores que tienen que someterse a una dieta brutal para alcanzar el peso adecuado de un personaje. Y si no que se lo pregunten a Christian Bale o a Robert DeNiro, especialistas en transformaciones físicas. Otros se implican tanto en la profesión que acaban por obsesionarse con un oficio, como Daniel Day-Lewis. Y luego hay otros que parecen haber nacido para interpretar un solo papel. Y da la impresión de que sucede al revés: son los personajes los que se adaptan al actor e carne y hueso. Este es el caso de Alan Cumming (Aberfeldy, Escocia, 1965) con el personaje de Dylan Reinhart en la serie Instinct, el exagente de la CIA, al que la policía de Nueva York solicita ayuda para resolver todo tipo de crímenes.

Enrique Cidoncha

Va vestido en la vida real igual de impecable que su personaje en la ficción -traje de chaqueta de corte british, chaleco y zapatos italianos-, también es gay y también lleva tiempo casado con un hombre. Es escritor, melómano y un conversador de verbo atinado. El actor, que se dedicó a la interpretación no porque tuviera vocación, sino porque se dio cuenta que era “lo único" que sabía hacer, ha encontrado su reflejo perfecto en la ficción.

A Alan Cumming le hemos visto en películas como Eye Wide Shut (1999), X-Men 2 (2003) o la saga de Spy Kids, además de conseguir un premio Tony (los Oscar del teatro) por su papel en Cabaret y convertirse en estrella mediática con la serie The Good Wife, donde interpretaba a Eli Gold. Por cierto, le invitaron a participar en The Good Fight, el 'spin-off', “pero no llegamos a un acuerdo”. Y ahora ha encontrado una serie a su medida -la sostiene básicamente él- que también es un caballo de Troya para desarrollar su activismo. Porque no se trata de una serie para una plataforma como Netflix o Amazon, sino para una cadena convencional (network), con millones de espectadores y con una audiencia más generalista, como CBS (en España se puede ver en Movistar + ). Y ha conseguido que renueve por una segunda temporada, a pesar de que la serie rompe con muchos de los estereotipos del género y eso preocupaba en principio a la cadena.

La decisión de apostar por Instinct, tiene mucho que ver con el compromiso de Cumming y la necesidad de que su mensaje de denuncia cale en las grandes audiencias. “En primer lugar la elegí porque me gustaba, pero el punto fundamental es que la es la primera vez que la cadena tiene un protagonista abiertamente gay. Y, además, como The Good Wife también es de CBS me parece que así seguía estando dentro de la misma familia. Es una continuidad que se agradece. Desde el punto de vista de mi activismo social, cuando haces este tipo de series dentro de las cadenas convencionales llegas a una audiencia mucho más amplia. Tienes a millones de estadounidenses que están viendo una serie con un  protagonista casado con una persona del mismo sexo y que vive una relación muy sana. Es importante mostrarlo así que ya es hora de normalizarlo”.

Tolerancia y respeto frente al fanatismo

JAMES DIMMOCK

“Cuando uno lo que busca es un cambio a positivo, sobre todo en un país como Estados Unidos, la clave es mostrar aquello que produce tanto miedo sin necesidad de estridencias ni sensacionalismo. Con respeto y amabilidad el mensaje ya cala. En este caso, además, el tema del matrimonio solo es una pequeña parte de la historia del protagonista. Estoy muy aburrido de que con cualquier personaje LGTBIQ que aparece en una serie, toda su narrativa deba girar alrededor de su sexualidad”, asegura el actor sobre las formas de representación de los personajes homosexuales que suelen ser comunes, por estereotipadas, en la ficción estadounidense más convencional.

Cumming continúa: “Me aburre cuando me presentan con la etiqueta de gay antes de mi nombre, cuando es un hetero eso no forma de la presentación. Yo como Alan, como persona y actor, utilizo mi voz para luchar. Siento que mi deber es hablar y mostrar mi opinión. Me parece una estupidez que alguien conocido diga que no es una persona política. No es así, porque todas las decisiones que tomamos son políticas. Sobre todo cuando estás en Estados Unidos, con esa cultura de adoración por los famosos, hay que aprovechar esa plataforma que te da ser conocido”.

Estamos en plena era la primera potencia gobernada con mano de hierro y poca sensibilidad en cuanto a las libertades, y a muchas más cosas, por Donald Trump. Al actor escocés, afincado desde hace años en el país, donde precisamente se casó, no le gusta hablar nada del presidente. Lo advierte, pero aun así quiere mandar un mensaje: “Es obvio que ha hecho mucho daño a la comunidad LGTBIQ y más en concreto a la  población 'trans' del país. Sobre todo ha generado un ambiente en el que valores como la tolerancia y la educación se han perdido. Pero al mismo tiempo también estamos viendo cómo hay una respuesta a este ambiente. La gente está trabajando de forma más dura para combatir esa fuerza negativa que tenemos a la cabeza del Gobierno. (…) Vivimos en tiempos muy complicados, me cabrea enormemente que digan que este tipo de movimientos en favor de las libertades son populistas. Lo que estamos viendo me asusta. Trump ya habla de un tercer mandato, algo que no está ni contemplado en la Constitución. Los que le votan lo hacen porque reciben un mensaje de miedo, miedo hacia la comunidad negra o la comunidad LGTBIQ... hacia aquellos que podíamos clasificar como los diferentes. Eso me preocupa, me da mucho miedo. Por eso me gusta estar hablando de este tema”.

Los fantasmas de los actores de  Shakespeare

Francisco Roman

Como buen actor del Reino Unido, Alan Cumming no hace distinciones entre cine o televisión. Es algo que en las islas lleva mucho tiempo superado, aunque en EEUU las distancias entre los distintos medios hasta hace poco han sido muy evidentes. “Cuando yo llegué allí no había término medio, era radical: o hacías televisión o hacías cine. Era muy raro dar el salto. Cuando Helen Hunt ganó el Oscar por Mejor... imposible (1997) la gente se llevaba las manos a la cabeza. Por mi procedencia no hago distinciones. Nosotros siempre hemos tenido esas fronteras muy desdibujadas y parece que en EEUU se están acercando, poco a poco, a ese punto. Yo lo que hago son proyectos que me gusten. Porque además dedico mucho tiempo de mi vida a escribir, dar conciertos como cantante y al teatro. Desarrollo otros tipo de trabajos creativos aparte del cine”.

Cita el teatro, que es donde se formó, en compañías tan prestigiosas como The Royal Shakespeare Company, interpretando textos clásicos sobre las tablas de los grandes teatros británicos. Y, de repente, la tele. ¿Cómo ha llevado esta mutación tan radical? “Es un reto muy distinto. Sin faltar al respeto a nuestros escritores, los guiones de  tele no son tan buenos como las obras de Shakespeare (risas). Además, con él tienes la responsabilidad añadida de que estás interpretando un papel que otros actores han hecho durante cientos de años. Y todos los fantasmas de esos actores te están mirando por encima del hombro para ver qué estás haciendo con ese papel (risas). En la tele no existe ese reto, porque el personaje lo estás creado tú, pero también plantea algunas dificultades, no te creas”.

Quizá ahora, en la televisión actual, lo más shakespereano que se ha visto en tiempo ha sido Juego de tronos. Así que resulta inevitable cerrar la charla con el fenómeno más grande que ha conocido la tele mundial en las últimas décadas. “Nunca la he visto, lo tengo que confesar. Lo he intentado, por supuesto. Viajas por el mundo y todo el mundo te pregunta por tu opinión, así que no tuve más remedio que intentarlo. La semana pasada estuve en Croacia y me preguntaron. Les dije que no la había visto y se enfadaron porque se había rodado allí. Se lo tomaron bastante mal (risas). Pero yo veo las series después de cenar, cuando me he tomado un par de copas, y he dado algunas cabezadas intentando ver el primer capítulo (risas). Luego veo todos los episodios que me quedarían por delante... demasiado trabajo, no vale la pena. No me da la vida para todo y quiero leerme muchos libros.”.