A finales de 2012, Ricardo García Vilanova fue secuestrado en Alepo. Pasó once días en cautiverio. Tras su liberación, no volvió a casa a contar penurias. Se quedó tres semanas más en Siria y continuó documentando su gran tragedia.

En septiembre de 2013 fue, de nuevo, secuestrado. Esta vez transitó seis meses por diversas cárceles secretas del Estado Islámico, donde se torturaba y se asesinaba. Conoció "la enajenación inhumana y el sadismo" de sus militantes más radicales y cobardes. Cuando fue liberado, evitó el protagonismo y denominó "accidente laboral" a lo ocurrido. Se dejó cuidar por familiares, amigos y desconocidos durante algunas semanas, se alegró de los premios recibidos, se recuperó de la dureza del cautiverio, volvió a enfundarse el traje de faena y regresó al campo de batalla con la misma pasión y fortaleza mental y con un único objetivo: seguir documentando el desastre épico.

Ricardo García Vilanova

Les pido que miren estas imágenes con calma. Observen los rostros de los protagonistas, sientan su coraje, el miedo que parece traspasar el papel impreso. Intenten escuchar los gritos de los heridos, presten atención a quienes parecen haber perdido hasta el habla.

No desaprovechen los encuadres precisos y las composiciones que recogen escenas contrapuestas, los juegos de luces y sombras, reflejos tenebrosos de un mundo en descomposición. Paséense por la devastación y la desolación de los paisajes urbanos arruinados por la lluvia ilimitada de las bombas. Por el caos reinante que parece anunciar la destrucción total de países que forman parte de nuestras raíces históricas.

Ricardo García Vilanova

Verán pocos trabajos fotográficos tan demoledores, honestos y valientes. Es el resultado de nueve años de trabajo en la primera línea de combate de decenas de frentes bélicos distribuidos por Siria, Libia e Iraq, los tres países más afectados por la descomunal intransigencia del Estado Islámico, uno de los grupos armados más brutales de la historia.

Estamos ante un trabajo documental de referencia mundial para quien quiera entender lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en la delgada línea entre la vida y la muerte. Porque las consecuencias de los desastres de las guerras de Siria, Libia e Iraq y de la descomposición de sus sociedades se pagarán durante décadas y todos nosotros nos veremos afectados por el descomunal desastre.

Ricardo García Vilanova

Ricardo García Vilanova ha trabajado sin descanso durante años. Ha ido, ha visto, ha sentido, ha contado y ha regresado vivo decenas de veces. Se ha sumergido a fondo entre los grupos humanos con los que se ha relacionado y diluido en cada uno de los escenarios violentos en los que ha trabajado y ha conseguido que los protagonistas de sus historias se olviden de él. Y eso le ha permitido documentar escenas de gran tensión y emoción con gran naturalidad. Como si no estuviera o nadie lo viera o, al menos, no molestara. Pero, al mismo tiempo, con gran empatía, emotiva sencillez, tremendo sacrificio y gran respeto por el dolor ajeno.

En el fotoperiodismo de conflicto hay mucha fanfarria. Demasiadas historias adulteradas, a veces revestidas de pura fantasía. Personas que quieren escalar posiciones o ganar premios a cualquier precio. Que visitan las zonas más peligrosas durante unos día o simplemente unas horas, y parecen que se han especializado en entender las zonas oscuras del comportamiento humano. Que se creen los protagonistas principales y que lo único que les importa es contar aquello que vivieron o sufrieron. Que viven de un protagonismo inventado o insidioso durante años y que se pasean como expertos de lugares que desconocen porque solo los han visitado como turistas accidentales.

Ricardo García Vilanova

Ricardo García Vilanova es todo lo contrario. Considera que hablar de sus cuitas sería un acto irrespetuoso con las centenares de miles de víctimas que han provocado las guerras que ha cubierto. No se queja de que se infravalore su trabajo ni de tener que vivir al día por las dificultades para equilibrar los gastos, tantas veces descomunales, y los ingresos, reducidos a los caprichos de los gestores periodísticos sin escrúpulos.

Por ello me emocionan aún más sus trabajos, porque sé lo difícil que es mantener la coherencia en tiempos difíciles para el fotoperiodismo o, "en vías de extinción", como él mismo lo ha descrito. Su deseo de testimoniar y documentar le permite ofrecer esta galería de imágenes que muestran sin fisuras la fortaleza de los seres humanos barridos por la tragedia contemporánea y la infinita y monstruosa destrucción de la guerra.

Ricardo García Vilanova
Ricardo García Vilanova
Ricardo García Vilanova

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