Muy pocos días después de que Kennedy fuese asesinado en Dallas, en otoño de 1963, su afligida viuda, Jackie Onassis, se refugió con sus hijos en el que por entonces era uno de los rincones más paradisíacos del planeta, la costa Sudeste de la isla de Antigua. Jackie se hospedó en la mansión costera de su buena amiga Bunny Mellon, millonaria filántropa y entusiasta de la horticultura que pasaba por entonces largas temporadas en el Caribe.

La ex primera dama dedicó esos días a pasear por playas de sublime belleza mientras leía la novela de Edith Hamilton El camino de los griegos. Desde la ventana de su mansión de estilo colonial, Jackie disfrutaba de la incomparable vista ofrecida por un enorme territorio virgen llamado Half Moon Bay (la bahía de la Media Luna), un paraíso natural en el que no ha vuelto a construirse un solo edificio en el último medio siglo. Hasta ahora.

 

Respeto y lujo

Una compañía de promociones inmobiliarias, Replay Destinations, adquirió hace unos meses este último reducto del Caribe salvaje, una amplia bahía llena de preciosas playas rodeadas de colinas y bosques. En cooperación con la compañía hotelera Rosewood, se han propuesto crear aquí un resort orientado al turismo de lujo y plenamente respetuoso con la belleza virginal del entorno. En el ambicioso proyecto, que quiere rendir tributo al hotel Half Moon Bay original, frecuentado por la alta sociedad estadounidense y europea en los años 50, han colaborado también el estudio de paisajistas VITA, los arquitectos de OBMI y el estudio del prestigioso arquitecto neerlandés Piet Boon.

Adoptando innovadores métodos biodinámicos de plantación y cultivo, el resort está pensado para causar el menor impacto ecológico posible en la zona. En PORT hemos tenido la oportunidad de hablar con William Anderson, de Replay Destinations, y con Piet Boon sobre este proyecto pionero que pretende hacer que el lujo sea compatible con la sostenibilidad y el respeto escrupuloso a este vergel caribeño.

Kim Carroll

 

 

¿Qué es lo que hace que este sea un proyecto rompedor, tal y como ustedes lo definen?

William Anderson: Puede sonar algo tópico si decimos que las fotos no le hacen justicia, pero de verdad que hay que verlo para hacerse una idea precisa de lo especial que es esta zona. Esas colinas que se elevan a muy poca distancia de la costa ofrecen un espectáculo abrumador, de una tremenda belleza. Si a algo recuerdan es a Big Sur, en California, por la manera en que las montañas emergen del océano. Es difícil encontrar en el Caribe un lugar de esas dimensiones y de esa belleza que no esté explotado turísticamente, de manera que ofrece hasta diez tramos de playa de acceso exclusivo. Por último, creo que lo que convertirá este lugar en un destino muy especial es su intensa programación de actividades de ocio al aire libre, una oferta lo bastante amplia como para cubrir incluso las necesidades más específicas de un grupo de turistas de distintas edades y procedente de varios países.

 

¿Qué supone el verdadero lujo en 2019?

Piet Boon: Para mí, el lujo ha sido siempre una cuestión de confort y de espacio. También de tiempo, otro bien escaso del que muy raras veces disponemos. Por eso hemos querido centrarnos en ofrecer muchas actividades con las que nuestros huéspedes puedan sacar el mayor partido posible a los días que pasen entre nosoros. Resumiendo, diría que estamos creando un recinto vacacional en el que la gente podrá disponer de mucho espacio, un alto grado de confort y muy buenas opciones para ocupar su tiempo.

WA: Estoy muy de acuerdo. Un lujo es todo aquello que contribuye a que una experiencia concreta valga la pena, porque la convierte en diferente. Hace unos cuantos años, yo dirigía un hotel del sur de Jamaica que por entonces era uno de los mejors lugares de la isla en que podías hospedarte por menos de cien dólares la noche. Muchos de los clientes que hacían reservas nos decían: “El sitio parece estupendo, pero ¿qué puedo hacer cuando llegue allí?”. Mi respuesta es que había mucho que hacer, muchas ofertas my interesantes, pero que yo les recomendaba que, nada más llegar, empezasen por quitarse los zapatos. Solo eso. Para una persona que lleva una rutina agotadora y decide pasar unos días en el Caribe, el primer lujo es estar en un lugar en el que puede caminar descalzo por una preciosa playa. Lo demás viene a continuación. Vivir de manera auténtica es un lujo. Llevo años diciendo eso. Mi mujer cree que es un eslogan estupendo y que debería registrarlo antes de que alguien me lo robe, si es que no lo han hecho ya.

 

¿Qué materiales y qué paletas de colores van ustedes a utilizar?

PB: Los que mejor encajen en el entorno. Eso sí, con una inyección extra de color, para reflejar mejor la personalidad vital y vibrante del Caribe. En cuanto a materiales, vamos a integrar, por ejemplo, un tipo de roca muy específico de la isla de Antigua cuyo intenso color verde se debe a la alta cantidad de cobre que contiene.

 

¿Estará orientado el nuevo resort a ese concepto tan en auge del turismo entendido como experiencia?

WA: Sí que lo estará. Las redes sociales han transformado profundamente la hostelería y el turismo. Yo pensé que no iban a tener tanto impacto, pero es evidente que me equivoqué.  Sencillamente, me costaba creer que personas adultas y con alto poder adquisitivos podrían basar sus opciones de ocio en lo que descubriesen en el feed de su perfil de Instagram, pero lo cierto es que sí lo hacen. Así que hemos adaptado nuestra oferta a esa nueva realidad. Por ejemplo, hemos alterado los planos de construcción para que se acceda a las instalaciones desde el ángulo que ofrece la mejor vista posible del entorno, porque la gente confía mucho en las primeras impresiones y, además, cuando llega a un sitio nuevo lo primero que le apetece es hacer una foto y colgarla en sus perfiles en redes sociales.

 

¿Se ha buscado un equilibrio entre arquitectura moderna y tradiciones caribeñas?

PB: Por supuesto, Nos hemos basado en gran medida en la arquitectura familiar de la isla, pero haciendo uso de materiales y técnicas de construcción contemporáneas, de manera que el lugar tenga una estética moderna, pero coherente con el entorno visual y cultural del Caribe. La naturaleza juega un papel muy destacado. Hemos respetado la regla no escrita de no construir nada que sea más alto que las copas de los árboles, de manera que nuestras construcciones se inegran con la máxima naturalidad en este paisaje costero, montañosa y selvático tan peculiar.

 

¿Hasta qué punto resulta el de ustedes un proyecto sistenible?

PB: Con OBMI hemos hecho un importante esfuerzo económico y técnico para asegurarnos de que las instalaciones puedan sacar el máximo partido del sol y el viento. Gran parte del complejo está construido en zonas de sombra, lo que evitará que la temperatura de confort dependa en gran medida del aire acondicionado. Existe también un sofisticado sistema de recogida de aguas y un invernadero de plantas indígenas.

WA: Limitar la huella ecológica no es algo opcional. Es una profunda responsabilidad que nos estamos tomando muy en serio. Este es uno de los primeros complejos turísticos del mundo construidos siguiendo un plan biodinámico integral de sostenibilidad y eficacia energética. El Caribe es una zona propensa a padecer sequías estacionales y puede verse muy afectada por el cambio climático, así que la retención de aguas resulta fundamental en este entorno. En los Trópicos, la lluvia tiende a ser torrencial durante la estación de los monzones, lo que facilita su recogida. Nuestro sistema biodinámico asegurará además que se mantenga un alto estándar de calidad de las aguas. Y está muy bien basarse sobre todo en la energía solar y eólica, pero ¿por que no aprovechar las posibilidades que ofrece este rincón del mundo tan bien preservado y trabajar en la restauración del coral, por ejemplo? Todo eso me resulta muy atractivo.

 

¿Hay alguna vieja historia de la zona que les haya llamado la atención?

WA: Me encanta todo lo que tenga que ver con Bunny Mellon, la mujer que diseñó el célebre jardín de rosas de la Casa Blanca. Durante años, Mellon vivía aquí y era propietaria de casi toda la península. En ella tenía su mansión, llamada Rosewood, y unas cuanta estancias para invitados. El año pasado se publicó su biografía oficial, y en la portada aparecía ella sentada en la terraza de la mansión con una estupenda vista de Half Moon Bay a sus espaldas. Entre sus amigos estaba la familia Kennedy al completo. De hecho, cuando Jackie Onassis estuvo aquí, aún seguía en pie una vieja casa del árbol que hizo Bunny para que John Kennedy, el futuro presidente, jugase en ella. Años más tarde, cuando yo estaba empezando a invertir en esta zona, recibimos una llamada de la princesa Diana de Gales diciéndonos que quería pasar unos días aquí con sus hijos. Era justo en la época en que se estaba divorciando del píncipe Carlos y los paparazzi la perseguían las 24 horas del día. Pensé que su presencia en este lugar tan tranquilo podría incomodar al resto de huéspedes, así que, sintiéndolo mucho, tuve que decirle que no. Ella optó por instalarse no muy lejos de Antigua, en el K Club de isla Barbuda, y los paparazzi empezaron a hostigarla, literalmente, por tierra mar y aire, utilizando incluso helicópteros y mini-submarinos, con lo que quedó demostrado que hicimos lo correcto al rechazar su solicitud. En fin, llevo toda una vida alojando a gente famosa en mis hoteles, así que podría contaros grandes historias. Pero para ello vais a tener que traerme dos o tres botellas de muy buen vino y esperar a que me emborrache.