Viajando hacia el sur desde Ceuta y siguiendo la costa oriental de Marruecos, se extiende una bahía bañada por el mar Mediterráneo que forma una increíble playa continua de casi 30 kilómetros. Allí, prácticamente en mitad del recorrido, se encuentra Banyan Tree Tamouda Bay un exclusivo complejo de villas con piscina que ofrece al visitante una combinación entre el exótico encanto marroquí y la posibilidad de una relajación absoluta en un ambiente discreto y selecto.

El aeropuerto internacional más cercano es el de Tánger, a una hora y media en coche de Castillejos -Fnideq en francés-, la ciudad marroquí situada más al norte de esta inmensa playa que más o menos finaliza en una población portuaria a la que los españoles llamaban Rincón y los franceses M´Diq y que se cierra con el llamado Cabo Negro. Bajando por la carretera N16 que une estas dos ciudades, a unos 10 kilómetros se haya Tamouda Bay, sucursal de Banyan Tree, la marca internacional de hoteles y resorts de lujo establecida desde 1994 en Singapur y que gestiona y desarrolla complejos turísticos en Asia, América, África y Oriente Medio.

Su creador, Ho Known Ping, un emprendedor de vocación cosmopolita nacido en Hong Kong y criado en Tailandia, ideo una nueva manera de entender el negocio del hospedaje y del ocio. Su idea era crear complejos turísticos de descanso que respetasen el medioambiente y el modo de vida de su lugar de ubicación. Con esa mentalidad, su proyecto se ha ido expandiendo por numerosos países, como China, Corea, Tailandia, Laos, Indonesia, India, Islas Maldivas, Vietnam, Isla Mauricio, Seychelles y también en Marruecos.

Paco Pepe Gil

 

Al pie del Riff

El complejo hotelero Banyan Tree Tamouda Bay se encuentra entre la arena fina y las aguas tranquilas y limpias del Mediterráneo y las abruptas montañas del Riff. Un contraste que sorprende aún más al viajero cuando descubre un paisaje mucho más verde de lo que inicialmente se podía imaginar. Su situación privilegiada permite excursiones de un día a dos ciudades únicas: Chefchaouen y Tetuán.

Chefchaouen o Chauen, 'la ciudad azul', es uno de los destinos más sugerentes que ofrece Marruecos. Un municipio capital de la provincia del mismo nombre de menos de 45.000 habitantes que fue fundada en 1471 por los bereberes. Sus calles estrechas y empinadas terminan en los manantiales de Ras-al-Ma y sus lavaderos y que pasan por la alcazaba y su mezquita con una torre de base octogonal. Las paredes de sus casas están pintadas de azul añil la mayoría y de blanco impoluto el resto. Una ciudad volcada al turismo que luce una gran limpieza y una algarabía sana y alegre para encandilar al visitante. Un consejo de vecinos se reúne cada cierto tiempo para cuidar del mantenimiento de los edificios y sobre todo de la pintura de las casas. Luminosa ciudad llena de historia que transporta al viajero a otros tiempos y a otro universo.

Joma

 

Ciudad de acogida

Otra visita innegociable es a Tetuán, famosa por su Medina, a la que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad. Una ciudad de acogida que reúne culturas diversas, gentes muy diferentes y productos y viandas típicas e inusuales. Sus primeros habitantes datan del 5000 a.C y por ella han pasado diversas civilizaciones, como los fenicios, los almohades, los bereberes, los portugueses, los andalusíes, los judíos serfadies y sobre todos los españoles.

Un recorrido por la Medina es como viajar en el tiempo y adentrarse en una película. Más bien en varias porque cada puerta esconde un mundo, cada tienda una tradición, cada rincón un siglo. Más abajo, una vez terminado el recorrido, la vida moderna envuelve al visitante y le lleva por plazas grandiosas y actuales, calles comerciales y edificios elegantes, muchos del siglo pasado e incluso del anterior, coloniales y distinguidos. El bullicio del comercio, de los automóviles y de la gente con prisa contrasta con espacios adormilados en el tiempo, ajenos al calendario, incluso al reloj.

De vuelta a Bayan Tree Tamouda Bay, las posibilidades de relax son múltiples. Primero en las villas individuales, las cuales cuentan con su propio jardín y piscina, además de todo tipo de detalles. Las hay para dos personas, con posibilidad de una cama extra, o de cuatro más una extra. Privacidad y silencio son la base de estas lujosas edificaciones.

El resort ofrece también muchas otras actividades para que el descanso se combine con el ocio. Por ejemplo, clases de cocina creativa impartidas por los experimentados chefs de Banyan Tree a elegir entre la tradicional marroquí o la tailandesa. Y tras el taller, se otorga un certificado sobre las habilidades adquiridas.

Otra opción son los paseos en bicicleta por las colinas y bosques que rodean el lago Smir, en un medio día de bicicleta de montaña. Un recorrido lleno de naturaleza y cultura por descubrir, paisajes diversos y bellos de montañas rocosas, zonas arboladas y de agua. Una visita a la Isla Tura, un pequeño islote rocoso y deshabitado cerca de la costa de Marruecos. Y a la Isla de Perejil, con sus hermosos paisajes del monte Moussa, la aldea Belyounech y el acantilado que domina los dos continentes y los dos mares: Mediterráneo y Atlántico.

 

Inmersión en aguas cristalinas

Para los amantes del buceo, o para los que quieren aprender este deporte, la bahía de Belyounech propone una inolvidable aventura submarina. Las aguas claras y azules facilitan esta práctica que se ofrece tras unas instrucciones, viaje en embarcación hasta el destino y la compañía de un maestro del buceo. Además, existe la posibilidad de disfrutar del jet ski y del esquí acuático, así como un recorrido en vehículo de lujo para descubrir la región, la bahía de Tamouda, o realizar un picnic entre colinas y campos verdes en los alrededores del lago Smir, con sus más de 22 km de caminos fuera de la carretera. Una jornada privada, romántica y pintoresca.

Dentro del recinto quedan más actividades por realizar, como una visita al Banyan Tree Spa, con diferentes tratamientos realizados por expertos terapeutas que consiguen renovar y rejuvenecer mente, cuerpo y alma.

Y, por supuesto, una impresionante oferta gastronómica en cualquiera de sus restaurantes, frente al mar o en el interior. Comida tailandesa exquisita o tradicional marroquí que supone todo un descubrimiento. Manjares en una mezcla de sabores, olores y colores. Al finalizar el día, nada mejor que disfrutar de las luces del atardecer tomando un delicioso té en los jardines, rodeado de plantas, lagos y fuentes. En silencio, en calma, en paz.