“Está pensado para personas inquietas que entienden que el lujo no tiene nada que ver con los grifos de oro”, nos dice Mads Møller, del estudio de arquitectura danés Arcgency. Y, en efecto, hay que tener una visión muy poco convencional del lujo para considerar “lujoso” pasar la noche en la cabina colgante de una grúa portuaria en desuso, pero eso es lo que se ofrece en Krane, el hotel de autor de solo una habitación diseñado por Arcgency.

La instalación está situada en la península de los muelles, al norte del centro de Copenhague. Su propietario es Klaus Kastbjerg, director en su día de una empresa de carga y descarga y hoy promotor turístico. Otra de las grúas de Katsbjerg fue transformada hace una década en una sala de reuniones por Jørn Utzon, el arquitecto de la ópera de Sydney, en el marco de un proyecto de rehabilitación de los muelles de Copenhague. Con la otra grúa del puerto, se pensó en hacer “algo que tuviese interés por sí mismo y que la gente pudiese visitar”, cuenta Møller. “La cabina es bastante grande, así que nos planteamos, ¿por qué no añadirle un cuarto de baño? Luego hicimos también una ducha y, ya puestos, se nos ocurrió que ya solo faltaba convertirlo en un espacio en el que se pudiera dormir".

En el primer nivel de esta estructura imponente hay una sala de conferencias sobre la cual se ha construido un pequeño spa y una terraza, que son un par de oasis de elegancia y refinamiento en este abrupto paisaje industrial. “Lo hemos transformado, por supuesto, pero sin perder de vista nunca que tenía que conservar su aspecto de instalación industrial portuaria. No era cuestión de echarlo abajo y construir en su lugar un edificio nuevo".

La única habitación de huéspedes de este hotel insólito ocupa las dos cabinas del nivel superior, la que utilizaba el antiguo operario de la grúa y otra bastante más grande que albergaba los cables y la instalación eléctrica. “Es como una especie de caseta turística veraniega”, dice Møller de esta segunda cabina, convertida ahora en dormitorio y sala de estar. “Es un espacio un poco raro, y nos hemos esforzado en conservar esa rareza”.

En la habitación predomina el mobiliario de madera de abeto cubierto de cuero negro, lo que le da al conjunto una estética moderna y, hasta cierto punto, agresiva, y dirige la atención de los huéspedes a la luz procedente del exterior y las vistas sobre la fachada marítima.

“La primera vez que visitamos este espacio", explica Møller, “nos entusiasmó el contraste entre la oscuridad de las cabinas manchadas de carbón y petróleo y el intenso azul del mar que se filtraba por las ventanas rotas, así que decidimos decorarlo de manera que esa primera impresión se mantuviese".

Pese a su austeridad y su entorno industrial, el Krane tiene un inesperado aire de fantasía escapista, de lujosa madriguera que permite contemplar el mundo desde las alturas. Cuando Møller pasó una noche aquí con su hija de cinco años, la niña comentó que le parecía como dormir en una casa en la copa de un árbol, una idea muy sugerente, porque hay en ella algo de fantasía infantil y de juego apasionante. El brazo de la grúa hace años que dejó de funcionar. Ahora parece más bien el puente levadizo del insólito castillo que preside este rincón del puerto de Copenhague.