Se trata de una escena cotidiana. Tras los excesos navideños, llegan las rebajas. Entramos a un tienda cualquiera, localizamos una prenda a un precio estupendo que, además, es de nuestra talla y resulta que al probárnosla somos incapaces de entrar en ella. Ni en esa ni en la inmediatamente superior, que también se nos queda pequeña.

¿Cómo es posible? ¿El atracón de Nochevieja nos ha hecho subir dos o tres tallas?

No es probable. Lo que seguramente ha ocurrido es que acabamos de ser víctimas del confuso y poco riguroso sistema de tallaje de prendas que sigue vigente en España. Mejor probar en otra tienda, cuyas tallas se ajusten mejor a la habitual en los lugares que frecuentamos, porque por muy copiosos que hayan sido nuestros banquetes navideños la talla rara vez cambia en periodos de menos de dos semanas.

Aunque existen pautas aproximadas a la hora de tallar las prendas, España es uno de los países en los que no se ha adoptado hasta la fecha un reglamento claro, explícito y consensuado que, además, se adapte bien a las características reales de los cuerpos de la población del país. Eso hace que nos llevemos sorpresas no siempre gratas y que no estemos acostumbrando, mal que bien, a una nueva realidad un tanto molesta: somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a las tallas y no las tallas a nosotros.

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Normas, sistemas de tallas, libertad de patrones

Por supuesto, si de verdad hemos engordado más de lo razonable (cosa que nos confirmarán, por este orden, nuestro nutricionista, la báscula y el espejo), no es a las tallas a quien debemos echar la culpa. En ese caso, toca cuidarse, recurriendo a una alimentación sana complementada por un nivel saludable de ejercicio físico. Pero el problema de la falta de rigor en el tallaje existe y crea confusiones que podrían evitarse con unas reglas del juego un poco más claras.

Conviene aclarar que en España sí se han hecho intentos de regular este aspecto de manera sistemática. En concreto, existe la norma UNE-EN 13402-3:2018 de designación de tallas de las prendas de vestir. Entró en vigor en 2007 con el objetivo de unificar criterios y reemplazar al amplio abanico de confusos sistemas de tallado utilizados hasta entonces. Sin embargo, su carácter voluntario ha minimizado su impacto. Gran parte de mayoristas y minoristas de ropa han optado por ignorarla o interpretarla de manera muy laxa.

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Las reuniones entre el Gobierno de España y las patronales del sector tampoco han acabado de dar sus frutos. Se han alcanzado acuerdos parciales, pero no se han conseguido llevarlos a la práctica de manera generalizada. Los estudios realizados a instancias del Gobierno han arrojado resultados confusos.

La situación a día de hoy es que cada fabricante determina sus tallas y medidas en función del modelo y el tipo de tejido empleado, sin tener necesariamente en cuenta las directrices generales. De ahí, que los sistemas de tallaje varíen con frecuencia de una tienda a otra. La tendencia general, según apuntan estudios recientes, es que en algunos países las tallas tienden a menguar mientras en otros crecen.

 

¿Distintas estrategias de marketing?

La Unión Europea en su conjunto, empezando por España, corresponde al primer grupo de países, aquellos en los que se va estrechando la ropa. Sin embargo, esta tendencia no responde a lo que ocurre entre la población. Más bien al contrario: los europeos han engordado de manera apreciable en el último lustro y, según un estudio de SECO, España es el segundo país de la zona por detrás de Reino Unido con mayor porcentaje de personas obesas o con importante sobrepeso, así como uno de los países donde están aumentando los trastornos alimenticios (algunos de ellos atribuibles a la presión grupal y los cánones de belleza imperantes).

Es decir, que estamos a un simple 'brexit' de distancia de convertirnos en los más gordos de la Europa comunitaria.

Al otro lado del charco, Estados Unidos está optando por la política opuesta, agrandando de manera gradual las prendas y asignándoles tallas inferiores a las habituales.  En los últimos años, en este país se está recurriendo casi por sistema a lo que se conoce como “tallaje de vanidad”, basado en la fabricación de ropa con medidas más grandes de lo que correspondería a su talla teórica. El objetivo es potenciar la autoestima del consumidor y, con ello, aumentar las ventas de sus productos. Esta política parte de la célebre máxima de que la gente feliz consume más, y pocas cosas hacen más felices a los consumidores de ropa que encajar en tallas inferiores a las que les eran habituales.

Países como México y Argentina ya han dado pasos para regular de manera universal las tallas, evitando así que el proceso de tallado se convierta en herramienta de marketing. Se trata de una problemática que afecta sobre todo a las mujeres, tradicionalmente más proclives a sufrir presiones asociadas con el aspecto físico, pero que cada vez preocupa más a los hombres. Según un estudio del Instituto de Biomecánica de Valencia, el 60% de los españoles de sexo masculino tienen problemas para encontrar ropa de su talla.