Dean y Dan Caten sin gemelos idénticos, nacieron en la ciudad canadiense de Toronto hace 53 años y apenas se han separado desde entonces. Juntos fundaron Dsquared2, firma de moda con sede en Milán, en 1995, tras años diseñando codo con codo para Versace y Diesel, haciendo realidad el sueño en común que les incitó a esforzarse y superarse cuando crecían en un suburbio de clase obrera, en el Canadá de los 70. Aprovechamos la presentación de su colección de primavera y verano de 2019 para pedirles que se entrevisten el uno al otro, un ejercicio que no les toma por sorpresa y que parece dárseles estupendamente.

 

Dean: Empiezo yo. ¿Cuáles son los mejores recuerdos que te han dejado estos casi 25 años trabajando en nuestra propia marca?

 

Dan: Vaya, esta es difícil. Recuerdo con especial cariño los días de Nueva York, cuando ultimábamos los detalles para dar el gran salto y lanzar por fin la marca. Recuerdo el entusiamo y la incertidumbre, que son precisamente la emociones que más asocio con los momentos decisivos de nuestra carrera, las que nos han mantenido en movimiento a lo largo de estos años.

 

Dean: Sí, estoy de acuerdo. ¿Quién iba a decir que dos chavales de Toronto iban a lanzar una firma internacional de moda con sede ni más ni menos que en Milán? Pero lo que más me gusta es que apenas hemos cambiado como individuos, seguimos conservando la misma pasión y la misma curiosidad. Otra cosa, Dan, después de tanto tiempo diseñando conmigo, ¿qué detalle concreto en mi manera de trabajar te saca más de quicio?

 

Dan: ¡Todo! No, estoy bromeando. Nos complementamos muy bien, ¿no? Tenemos gustos y maneras de hacer muy similares, pero a la vez, nuestras diferencias resultan complementarias, y creo que ese es el secreto de nuestra larga y muy satisfactoria colaboración. Creo que es muy significativo el paso que dimos hace dos años, cuando tomamos la decisión de diseñar todas las colecciones juntos. Antes, tú te centrabas en las colecciones femeninas y yo en las femeninas, aunque compartíamos ideas y nos asegurábamos de que hubiese una armonía y una coherencia, que todo tuviese el sello Dsquared2. Pero al forzarnos a diseñar las colecciones juntos, a compartir todo el proceso creativo, sin áreas exclusivas, pusimos en marcha ese proceso de interacción entre el yin y el yang que nos da tan buenos resultados. Los dos tenemos una forma de trabajar meticulosa y caótica a la vez, pero cada uno tiene su propio caos y su propio método.

Fabrizio Albertini

 

Dean: Crear la marca y tener que ocuparnos de todo, aspectos organizativos incluidos, fue un inmenso reto para mí. Con el tiempo, aprendes también que, aunque la marca sea tuya, tienes que ser capaz de delegar y confiar en la profesionalidad y el criterio de otras personas. Obsesionarse por controlarlo todo es la receta para el desastre. Un gran acierto ha sido ser capaces de rodearnos de gente que nos aprecia y que comparte nuestra visión creativa. Sin ellos, no hubiésemos podido llegar al punto en que estamos ahora. Sigo preguntando yo. ¿Esperabas que el zapato gigante de nuestra última colección crease tanto revuelo?

 

Dan: ¡Claro! Sabíamos que era una declaración de intenciones, ¿no? Guste o no guste, seguro que llama la atención. Me gusta que haya dado tanto que hablar. Los diseñadores deben asumir riesgos y no perder la capacidad de divertirse. La variedad es lo que le da sabor a la vida.

 

Dean: Este ha sido un año agotador. Y creo que nuestro gran paso adelante ha sido crear nuestro propio espacio de exhibición en Milán, que es un espacio íntimo en el que podemos ejecer de anfitriones y mostrar nuestro trabajo en las mejores condiciones posibles. Estoy muy orgulloso de ello.