A unos pocos metros de allí, la atención mediática se centra en algo que tiene muy poco de moda, y menos aún de glamur: el juicio del 'procés' transcurre tras las paredes graníticas y contundentes del Tribunal Supremo. Pero al otro lado de la plaza Villa de París, en un piso discreto, Roberto Verino presenta, en persona, su nueva colección primavera-verano, cuyo nombre, Marhaba, va mucho más allá de una intencionalidad exótica. El año pasado, se descubrió una tumba noble en Luxor, intacta tras más de 4.000 años soterrada. La nueva colección del diseñador orensano se basa en los estampados, los dibujos y las simbologías de los dos sarcófagos y todo lo que los rodeaba en el momento de su hallazgo. A sus 74 años, y con décadas de experiencia a sus espaldas, Verino nos recibe con talante jovial, y la misma emoción en el rostro que la de alguien que presenta una colección por primera vez.

¿Por qué ha elegido Egipto como inspiración?

El verano es una estación de ensoñación. De la ilusión que genera la perspectiva de un viaje. Se acaba de descubrir una tumba que llevaba casi 4.000 años enterrada, con unos frescos y estampaciones en los que la simbología se expresaba a través de pájaros y formas geométricas, que son una auténtica belleza. Y estaban intactas. Es un milagro. Mi colección, tanto masculina como femenina, se basa en ese hallazgo.

¿No peca, un punto de partida así, de un clasicismo excesivo?

Para nada. Al revés. Yo creo que el Antiguo Egipto era más moderno de lo que somos ahora. Fíjate que toda su estética perdura, se mantiene vigente después de miles de años. Y funciona.

¿Y cómo lo ha adaptado a su estilo?

Yo he tomado el concepto, y lo he dibujado. Los motivos que predominaban en esa tumba, como las aves o las figuras geométricas, los he interpretado, en ningún caso lo he trasladado tal cual. El punto de partida es ese mundo maravilloso de la época de los faraones, donde su magia, su 'leit motiv', se basaba en los colores de la tierra, en los estampados y los dibujos, en las materias naturales, como el lino y el algodón. Y la piel natural, la de cordero. Todo esto está en mi colección.

Resulta llamativo emplear cuero en algunas de las prendas, para las estaciones cálidas.

Son prendas muy finas y frescas. Y la chaqueta, por ejemplo, es una sobrepieza. Por las mañanas refresca, también al anochecer. Vivimos tiempos con una climatología impredecible, y hay que buscar soluciones. Por eso yo trabajo por capas. Ponemos en valor que la funcionalidad esté bien resuelta. Lo importante es que esto se pueda usar y disfrutar. Que no se limite a quedar bien en una pasarela. Hay que ser capaz sorprender, emocionar y seducir. Pero también de ofrecer algo que se pueda vestir todos los días.

Noemí del Val

Usa los mismo materiales y colores para la colección de hombre y la de mujer. ¿En qué se diferencian, aparte de los patrones?

Hay detalles. Por ejemplo, en las prendas de hombre, los estampados son menos llamativos, los colores están más gastados. Porque nosotros somos más discretos, por lo general. Pero hay un hilo conductor en toda la colección. Las prendas recuerdan a las de los exploradores, en el Egipto colonial.

¿Cómo ve el mundo de la moda en estos momentos?

Hay que distinguir la moda de la ropa. El sector de la ropa pasa un momento complicado, por el mercado 'low cost' y la venta por internet. Pero si haces moda, como es mi caso, tu ropa tiene un significado, una capacidad de emocionar, y con eso te elevas sobre ese nivel, y te encuentras con consumidores que tienen la necesidad, o la satisfacción, de sentirse únicos. Y con eso hago una colección para una inmensa minoría.

Este último es un concepto contradictorio. 

No puedo pretender que todo el mundo esté de acuerdo con mis propuestas, ni con mis precios.

Sin embargo, hay otras firmas y diseñadores más inalcanzables.

Es cierto. Yo trabajo con los mejores materiales del mundo, como las marcas de lujo, pero me mantengo por debajo en costes. Tenemos esa ventaja diferenciadora de calidad-precio, que nos da una clientela muy fiel. Y así es como podemos avanzar en el proceso creativo, y también en mercados. Estamos expandiéndonos por América y Asia, y también dentro de Europa.

En apenas un mes se han ido dos grandes de la moda: Elio Berhanyer y Karl Lagerfeld. ¿Cómo lleva estas pérdidas?

Han sido sensaciones diferentes. Elio era mi entrañable amigo, mi compañero de fatigas. Y un genio. Karl Lagerfeld también era un genio, aunque no tuve relación más allá de la profesional. Pero le respeto mucho, porque ha sido capaz de estar en la cresta de la ola muchos años, y superar los peores momentos de Chanel y ponerla donde está, en lo más alto. Eso es una proeza. Estas dos muertes me han hecho sentir una misma cosa: da igual lo grande que llegues a ser. Incluso tan grande como Karl Lagerfeld. Cualquier pérdida nos hace ver que nadie escapa a esa realidad. Eso te hace ponerte en tu sitio.