"Cobertura de metal o de otra materia, que se usa para proteger la cabeza de heridas, contusiones, etc.", dice la séptima acepción de "casco" del diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, la industria de la moda ha transformado el casco de motocicleta en un complemento más que, como el propio atuendo, protege y adorna. Pero no siempre fue así.

El antepasado más remoto del casco nació a finales del siglo XIX como una especie de capucha de cuero cuya función era proteger del frío y no de los golpes, ya que por aquel entonces las motos eran tan lentas que los pilotos apenas corrían peligro de sufrir lesiones serias en caso de que se cayesen de su montura. Pero la ciencia avanzó rápidamente, los vehículos ganaron velocidad y a principios del siglo XX ya había voces que pedían cascos salvavidas.

 

El influyente choque de Lawrence de Arabia

En 1914, el doctor Eric Gardner recomendó llevar casco a los pilotos de motocicletas de competición. Dicho y hecho, los primeros y muy rudimentarios elementos de protección se vieron en la carrera internacional Tourist Trophy de la Isla de Man, aunque los pilotos se los pusieron a regañadientes por considerarlos molestos e innecesarios.

Tuvo que ser el arqueólogo, escritor y militar británico Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, quien, con su muerte tras sufrir una caída en Dorset (Inglaterra) en mayo de 1935, demostrara la utilidad de los cascos. Lawrence falleció de un golpe en la cabeza cuando conducía por la campiña a lomos de su Brough Superior SS100. El neurólogo Hugh Cairns, que intentó en vano salvar la vida del célebre galés, publicó desde entonces varios estudios en los que defendía el uso del casco como medida preventiva de probada eficacia.

Gracias a estos estudios, el casco se impuso a los motoristas del ejército británico en la Segunda Guerra Mundial. Poco después, su uso se recomendó a todos aquellos que viajaran en moto. ¿Resultado? Las tasas de mortalidad entre motoristas cayeron en picado: de 200 fallecidos a la semana a menos de 50 al mes.

 

Evolución del casco moderno

El casco tal y como lo entendemos hoy en día no eclosionó hasta 1953, de la mano del investigador del ejército norteamericano Charles F. Lombard, que patentó un modelo con interior acolchado y fuerte carcasa. Un lustro después, el uso del casco ya estaba totalmente asimilado, pero en el Reino Unido no se hizo obligatorio hasta 1973 y en España hasta 1992.

Cuando el casco pasó a ser una obligación, nacieron marcas y modelos que buscaban distinguir a sus usuarios, ya fuera por el precio, por la calidad o por el diseño. Ya no llegaba con tener un casco cualquiera, había que tener 'El Casco' del momento. A continuación, repasamos algunos de los modelos más deseados que pueden encontrarse en el cada vez más competitivo mercado de complementos para el motor.

 

 Renegade-V

La marca japonesa Arai es sinónimo de calidad, pues, entre otras cosas, fabrica sus cascos a mano. Y el Renegade-V es la penúltima joya de su catálogo. Más de tres años tardaron los ingenieros de Arai en diseñarlo, hasta lograr todo un casco integral de estética un tanto lisa y austera que obedece a razones de seguridad. Así, su calota es más compacta, resistente y segura: no en vano, ha resistido en pruebas el impacto de un cono de tres kilos desde tres metros de altura. Además, posee un acolchado interior de Facial Contour System, como el de los cascos de pilotos profesionales.

 

Ateliers Ruby Castel Shibuya

Si hay un sinónimo de lujo en el mundo del motor es la maison parisina Les Ateliers Ruby, que viene a ser lo más parecido que existe a Louis Vuitton en la industria del casco. Y lo demuestran con modelos tan especiales como este Castel Shibuya, con una apariencia tan vintage como futurista y toques orientales, si bien el modelo está disponible en una amplia gama de colores. Su característico diseño ofrece más protección que los cascos abiertos, pese a que exige la utilización de gafas. Las claves de su calidad son un interior forrado en cuero, un exterior forjado en fibra de carbono y, sobre todo, una indiscreta elegancia.

 

Schuberth R2 Basic

Con toda la razón del mundo, la marca alemana Schuberth presume de trabajar para «conductores exigentes, individualistas, aventureros. Con pasión por el detalle fabricamos cascos. Amamos lo que hacemos». Y se nota muy especialmente en este rotundo modelo, que concentra todas las virtudes de un buen casco Schuberth sin artificios ni adornos. Unas características de seguridad y un equipamiento interno de primera que ofrece comodidad y protección para todas las cabezas y para todas las motocicletas. Nada le sobra y nada le falta.

 

Bullitt Carbon Chemical Candy

Es retro, es cool, se llama como una película de Steve McQueen y está fabricado en fibra de carbono y otros materiales a prueba de bombas. Solo por estos detalles, este casco ya sería un objeto a desear.

Pero es que, además, el Bullitt tiene la incombustible garantía de Bell Helmets, marca norteamericana fundada en la villa de Bell (California) allá por 1923. Llevan casi un siglo haciendo todo tipo de cascos y esto otorga solera a sus piezas, aunque ahora se hayan trasladado a un solar de Illinois.

 

Nexx X.R2 Golden Edition

Tecnología, confort y protección se funden en este vistoso casco, que aumenta y mejora las prestaciones del modelo XR1.R de la prestigiosa firma Nexx, incorporando aerodinámica y aeroacústica refinadas, un mayor nivel de comodidad y una ligereza insólita, pues no pesa mucho más de un kilo.

En cuando a la visibilidad, el X.R2 ofrece un panorama periférico real, tanto en horizontal como en vertical. Y esa pantalla deportiva dorada que tanto lo distingue, cierra herméticamente el casco y aísla el interior de sensaciones auditivas poco agradables.