“Está vacía de ideas, lo que es bueno, pero también está vacía de calor”, dijo de ella The Washington Post. “Es una película sobre sexo que no es sexy. Una película sobre el amor con un corazón helado”, sentenció Total Film sobre la última obra de Kubrick.  

Pocos largometrajes han fascinado e inquietado tanto que, hasta 20 años después de su estreno, en 16 de julio de 1999, la gente todavía se pregunta cuál es el verdadero tema de la cinta (¿el sexo, los celos, el matrimonio?) y cuál es el mensaje que el director estadounidense quiso dar en su obra maestra. Aunque para muchos está bastante claro, teniendo en cuenta que la última palabra que se pronuncia es ‘follar’ y que la escena se desarrolla en una enorme juguetería llena de peluches. “Hay algo muy importante que tenemos que hacer cuanto antes”, dice la protagonista; “¿qué?”, le pregunta él, y ella contesta, “follar”.

He vuelto a ver Eyes Wide Shut y resulta que es de esas películas que nunca envejecen y que cada vez que se revisa ofrece nuevos mensajes, significados, pistas, guiños. La cinta es portadora de esa poderosa energía que nos remueve por dentro y que nos deja incómodos al final, incapaces de exponer claramente todo lo ha suscitado en nosotros;  porque, como las grandes obras del cine, está ocurre también en nuestro interior, no solo entre el matrimonio que protagonizan Tom Cruise y Nicole Kidman.

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El principio de la narración, que empieza con la seductora escena de un desnudo integral (visto dese atrás) de la sexy, mantenida y convencional esposa del respetable doctor neoyorquino, William Harford; contrasta con el final de la misma. A lo largo de toda la película, la mujer sufre una metamorfosis, al igual que el hombre, y todo lo desencadena una simple conversación de porro, en la que podría deducirse que las fantasías (en este caso, sexuales) no realizadas tienen más peso que las que se han cumplido. Sin hacer nada, sin ni siquiera salir de casa, ni alejarse del lado de su hija, la protagonista desestabiliza más al matrimonio, la confianza y el estilo de vida americano que todos los intentos del personaje de Cruise en una noche de descenso a los infiernos, en la que pareciera que una fuerza sobrenatural le impide serle infiel a su mujer, aunque ésta ya lo ha sido en el plano de lo imaginario.

Los celos, que tantas obras maestras han suscitado en la literatura y el cine, parecen ser la temática predominante en esta película pero decir eso sería quedarse corto ya que se tocan muchos otros palos. Yo me atrevería a decir que temas tan actuales como el feminismo, la desigualdad social o el poliamor están presentes en Eyes Wide Shut; ya que la cinta no es sino una pequeña, imaginaria, insurrección de la esposa sumisa, sin oficio ni beneficio, que jamás abandonaría al prestigioso y acomodado marido. Un mundo donde los acaudalados y respetables personajes se comportan como escoria (y no lo digo por su afición a las orgías, que encuentro muy respetable) y las prostitutas como ángeles. Un microcosmos donde todo el tiempo se insinúala falta de sentido del matrimonio con su inalcanzable utopía de la fidelidad, especialmente entre individuos jóvenes, sexys y llenos de fantasías. Una meta difícil de alcanzar y predestinada a acabar en dolor y rabia.

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Rodaje, largo y complicado

Pero, si lo que se ve en la pantalla es complejo y lleno de matices, lo que ocurrió detrás, durante el rodaje, podría dar para un libro, entre otras cosas porque entró en el Guiness con el record de más días consecutivos de filmación (400 sin parar). Ya lo decía Kubrick: “un rodaje no es un rodaje si alguien no acaba en un manicomio”. El perfeccionismo obseso del director, que llegó a grabar 97 tomas del protagonista, simplemente pasando por una puerta, le causó úlcera estomacal a Cruise. Muchos relacionan el principio del fin de su matrimonio con esta película y, el propio director murió antes de su estreno, el 7 de marzo de 1999, al sufrir un infarto mientras dormía. Cuatro días después de entregar a la Warner la edición final de la cinta. 

El carácter de Kubrick ya era conocido en el mundo del cine. Para escribir el guión de Eyes Wide Shut (película basada en la novela Traumnovelle, de Arthur Schnitzler), llamó a Frederic Raphael, guionista de Dos en la carretera (1967)Raphael, a su vez, escribió un libro sobre la experiencia de trabajar con el cineasta neoyorquino (Aquí Kubrick). “Stanley el tirano, Stanley el obseso perfeccionista, Stanley el hombre de hielo, Stanley el hermético, Stanley el que solo piensa en sí mismo y un nuevo Stanley: el judío que se odiaba a sí mismo”, comenta en su obra. Los dos sdiscutieron porque Raphael quería poner un énfasis mayor en la identidad judía del protagonista, como ocurría en la novela original, y Kubrick no se lo permitió. Gustav Hasford, autor de la novela que dio pie a La chaqueta metálica (1987), otro que también tuvo que bregar con el director, dijo en una ocasión: “Era como una tijereta (el insecto). Se te metía por un oído y no salía por el otro hasta que te había corroído el cerebro”. 

A favor del autor de Eyes Wide Shut, se podría decir, sin embargo, que sabíasacar mucho partido al dinero que se ponía en sus manos, a pesar de sus múltiples exigencias. Como dijo el director Sydney Pollack, con un papel en la cinta, reservado antes para Harvey Keitel, pero que éste no pudo compaginar con otros trabajos, “mientras el resto de nosotros, pobres bastardos, conseguimos 16 semanas de filmación por 70 millones y con una estrella de 20, Stanley puede conseguir 45 semanas y lo rueda todo con 60 millones”.

Desde que se había mudado a Inglaterra, Kubrick vivía como un ermitaño, aislado del mundo con su familia en su mansión de Childwickbury, en cuyo jardín acabaría siendo enterrado, junto a su árbol favorito. Su negativa a desplazarse a ninguna parte fue la causante de que la ciudad de Nueva York, escenario de la película, tuviera que recrearse en un estudio o en Londres. Lo mismo que ocurrió con El resplandor (1980) o La chaqueta metálica, para cuyos rodajes Kubrick jamás pisó Estados Unidos o Vietnam. 

Antes que en Cruise, el director pensó, como protagonista, en Harrison Ford, Johnny Dep y hasta en Woody Allen y Steve Martin, convirtiendo el guión en comedia. Y también en el matrimonio formado por Alec Baldwin y Kim Basinger. Finalmente, la pareja seleccionada, que se quería que lo fuese también en la vida real, fue sometida a sesiones de terapia por separado e incluso tuvieron que firmar una cláusula de confidencialidad sobre el guión, del que no podían ni hablar con el otro y un contrato indefinido, como solía hacer Kubrick en todos sus rodajes, ya que se sabía cuándo empezaban pero lo que era imposible determinar era la fecha de su fin.

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La úlcera de Cruise tuvo mucho que ver con esto, ya que la Paramount Pictures no hacía más que presionarlo para que empezara el rodaje de Misión Imposible 2, retrasado ya dos veces por culpa de la inacabable Eyes Wide Shut; y por mucho que el actor le preguntase a su jefe cuando estimaba que la película podía estar acabada, él no daba ninguna respuesta. 

 

La orgía más fría de la historia

Eyes Wide Shut fue catalogada como un filme psicológico y muy sexual, pero resultó ser todo menos eso. A pesar de que está cargada de alusiones al sexo, es sobre todo una experiencia sensual (de los sentidos) y oníric. Las escenas puramente sexuales, las que corresponden a la orgía final, son frías, mecánicas y carentes de todo erotismo. Más que inducir al pecado podrían ser usada por fundamentalistas religiosos para promover la castidad. Pero es que en esta película nada es lo que debería ser, y quizás la escena más sensual sea la de los preámbulos con la prostituta en su casa, abortados por la llamada de la señora Harford a su marido (¡malditos móviles!), que se interesa por la hora en que volverá a casa.

Es verdad que el sexo ha sido una preocupación en la filmografía de Kubrick, que lo ha tratado desde diversos prismas: la, violación y la violencia en grupo (La naranja mecánica, 1975) ,la pederastia (Lolita, 1991), la prostitución (La chaqueta metálica) o el homoerotismo (Espartaco,1961);mientras que en Eyes Wide Shut aparecen un abanico de opciones, por no decir todas ellas (incluida la del italiano que regenta la tienda de disfraces y que prostituye a su hija ninfómana para aumentar sus ingresos).

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Para su universo sexual, Kubrick se documentó a fondo y descubrió documentos del FBI que hablaban de una hermandad sexual de los Kennedy, llamada The Free. También estudió el Kama Sutra. De hecho, su idea inicial era que las figurantes de las escenas de la orgía ejecutasen algunas de las posturas del libro indio, pero éstas se negaron a hacerlo alegando que en sus contratos no se incluían semejantes demandas. Además, el director se inspiró en los desnudos del pintor vienés Egon Schiele y en las fotografías de mujeres sin ropa firmadas por Helmut Newton. Las anatomías femeninas de la orgia nos lo recuerdan al primer golpe de vista: mujeres altas, delgadas, con pechos pequeños y naturales y piernas kilométricas, alargadas por tacones altos.  

Seguramente, la intención original de Kubrick era hacer una película bastante más explícita en materia sexual, como luego confirmaron los testimonios de Nicole Kidman y otros actores, reconociendo que el material de dos rombos había sido eliminado pero, al mismo tiempo, intentaba evitar la temida clasificación R (restricted) de las películas, llevada a cabo en Estados Unidos por la Motion Picture Association of America’s Film-rating System. Y eso que eran los años 90, en los que el cine todavía incluía escenas subidas de tono y existía un género que podría calificarse como ‘erotismo para todos los públicos’, con títulos como  Instinto básico (1992), Nueve semanas y media (1986) o Una proposición indecente(1993).  En este sentido, hoy Kubrick lo hubiera tenido más difícil. 

¿Propone el director que el sexo, una de las necesidades básicas del ser humano, sea el remedio para los problemas creados en la mente?

Muchos han visto en la conversación final entre los esposos, mientras su hija elige los regalos que le pedirá a Papá Noel en la juguetería, una perla de sabiduría salida de la boca de la mujer del doctor que, al final de la cinta, ha superado a su marido (convertido ya en una marioneta manejada por su ego) con creces; si no en capacidad económica, si en talento y resolución de conflictos. Tal vez deberíamos follar todos más, y para eso no hace falta ingresar en una secta secreta. Precisamente, esta actividad es una de las pocas que, si se conoce a alguien dispuesto, pueden salir gratis.