Luxemburgo se ha propuesto liderar la transición ecológica en la Europa Occidental. Para reducir los altos niveles de contaminación y promover el uso del transporte público, el pequeño país centroeuropeo se convertirá a partir del 1 de marzo de 2020 en el primer país del mundo en ofrecer una red pública completamente gratuita para toda su población residente. 

Esta medida, que ya es una realidad en algunas ciudades, como en la localidad francesa de Dunkerke, además supone una fuerte inversión en infraestructuras y una mejor distribución de la riqueza nacional. ¿Será una fórmula eficaz para combatir el cambio climático? De momento, hay que reconocer que es imaginativa y audaz.

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Una solución para un (gran) problema

Un país de dimensiones tan reducidas como Luxemburgo (2.586 kilómetros cuadrados, el número 179 del mundo atendiendo a su superficie) y una población de poco menos de 600.000 ciudadadanos, cuenta, sin embargo, con una proporción entre habitantes y coches realmente exagerada; 662 por cada mil habitantes; la mayor de toda la Unión Europea. Para afrontar este problema, sus autoridades han prometido un pase libre para todos los residentes. El primer ministro Xavier Bettel, quien recientemente ha sido ha renovado su elección, ha sido el encargado de realizar esta apuesta de futuro.

Cada día unos 200.000 trabajadores cruzan las fronteras que Luxemburgo tiene con Francia, Bélgica y Alemania. Con el reclamo de unos salarios más altos, muchas personas que viven en las proximidades viajan cada día hasta este país para asistir a sus puestos de trabajo y es que, como señala el investigador Oliver Klein, del Instituto de Investigación Socioeconómica de Luxemburgo, “se ha convertido en una ciudad cuyos suburbios están en el extranjero”.

Esta movilidad se ha acentuado en los últimos 20 años, doblándose incluso el número de personas que cada día realizan este recorrido. Lógicamente este tránsito ha repercutido de manera muy negativa sobre las poblaciones rurales más cercanas a la frontera de Luxemburgo. Pueblos y lugares hasta no hace mucho tranquilos, con calles prácticamente desiertas, ahora se han convertido en rutas alternativas para evitar los atascos. La adopción de esta medida de hacer gratis el transporte público pretende paliar este problema, entre muchos otros.

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Una decisión gubernamental

El actual gobierno de Luxemburgo, dirigido por Xavier Bettel, es una coalición tripartita integrada por el Partido Demócrata (liberal), el Partido Socialista y los Verdes. Esta decisión, según ha explicado el ministro de Movilidad y Obras Públicas, el ecologista François Bausch, tiene un fin netamente medioambiental. Además, Bausch ha anunciado que también habrá importantes inversiones para mejorar las infraestructuras del trasporte público, empezando por los ferrocarriles.

A partir del 1 de marzo de 2020, todos los autobuses, tranvías o trenes serán gratuitos para los luxemburgueses siempre que no viajen en primera clase. La fecha de entrada en vigor de esta medida no ha sido elegida al azar, ya que es la inmediatamente posterior a la del último día de validez de los abonos diarios, mensuales o anuales, que será el 29 de febrero. En estos momentos, Luxemburgo ya cuenta con una de las redes de transporte público más económicas de Europa, dado que los menores de ya era gratis para los menores de dos años y el ticket diario, con vigencia durante 24 horas, cuesta solo cuatro euros.

 

Algo más que una medida medioambiental

Aunque Luxemburgo tiene el salario medio más alto del mundo y su sueldo mínimo está fijado en 1.760 euros, la carestía de la vida está provocando que cada vez haya más personas en riesgo de pobreza. Hasta un 13% de la población, según datos oficiales, y el 10% de los jubilados se encuentran por debajo de esos límites de relativo confort económico. En su afán por reducir la distancia entre ricos y pobres, el gobierno de Bettel se ha propuesto la gratuidad universal del transporte, que consume una parte importante del presupuesto de sus ciudadanos. Evidentemente, esta medida beneficiará a los que menos tienen, los de más abajo en la escala social.

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Así pues, trenes, autobuses y tranvías serán gratis desde el 1 de marzo no solo para los 600.000 luxemburgueses censados, sino también para los más de 175.000 trabajadores que viven más allá de sus fronteras y que cada día acuden a este país. La medida podría hacerse extensiva a los alrededor de 1,2 millones de turistas que visitan Luxemburgo cada año.

 

Movilidad sostenible contra el efecto invernadero

El transporte colectivo gratuito ya es una práctica habitual en otros lugares, como en Tallin desde 2013 o la ya mencionada Dunkerke desde 2018. Aunque evidentemente esta iniciativa se enfrenta con importantes obstáculos, como la oposición de algunos partidos políticos a la gratuidad de servicios o la reticencia de un sector de la población a dejar el coche en casa, forma parte de las reivindicaciones de importantes asociaciones cívicas y organizaciones medioambientales que buscan favorecer el transporte colectivo frente a otras alternativas y hacer de las ciudades un lugar más habitable.

El Gobierno de Luxemburgo, según su Acuerdo de Coalición 2018-2023, se ha marcado unos claros objetivos verdes: “Una movilidad sostenible y de alto rendimiento no sólo es esencial para nuestra economía, sino que es indispensable para alcanzar las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. La implementación de la movilidad multimodal seguirá siendo una de las principales prioridades de los cinco años que están por venir".