Muchos directores del mundo se conformarían solo con tener una película de culto como Picnic en Hanging Rock (1975) entre sus obras. Algo que serviría para justificar una filmografía entera. O cambiarían todo su trabajo por haber dirigido a Jim Carrey en El show de Truman, un film profético y, ciertamente, adelantado a su tiempo. Por no hablar de abrazar el éxito comercial sin perder la autoría con El club de los poetas muertos (1989) y Único testigo (1985). Vivir la guerra a través de los ojos del periodista de El año que vivimos peligrosamente (1982) O subirse al barco, con la madera crepitando y el mar furioso golpeando la proa, de Master and Commander (2003). Pues bien, todas estas películas solo se pueden encontrar en la filmografía Peter Weir.

El director australiano (Sidney, 1944) se encuentra en España para presentar Realidades alternativas, el ciclo que le dedica durante los dos próximos meses Filmoteca Española -que incluye además una Carta Blanca con títulos que él mismo ha seleccionado- y para tener un encuentro con los alumnos de cine de la ECAM. Una buena ocasión para charlar con uno de los directores más importantes surgidos en las últimas décadas del siglo XX -además de ser un especialista en dirigir a grandes actores como Mel Gibson, Robin Williams o Jim Carrey- y que en este viaje se reencuentra con un país que ha visitado en numerosas ocasiones. Porque además de los festivales y homenajes que ha recibido aquí, guarda especialmente un gran recuerdo de un viaje que hizo en la década de los 60.

Borja B. Hojas.

“Estuve en España cuando tenía 21 años, haciendo auto-stop, una gran experiencia porque dormíamos en la carretera. Fue maravilloso, la recorrimos entera. Pero a la vez fue algo extraño, me impactó ver a aquellos policías controlando las estaciones que daban miedo con sus metralletas y con esos cascos que llevaban, que parecían alemanes. Está claro que era otro tiempo en vuestro país. Sin embargo, todo fue muy divertido. Para mí, que venía de Australia, fue como visitar otro planeta”, asegura el director como prólogo a la charla, después de presentarse de una manera muy educada, y antes de responder a ninguna pregunta.

Y toca comenzar hablando de su forma de trabajo. El director asegura que siempre se ha guiado por su “instinto”. Tiene un radar que se nutre de sus años de experiencia y gracias a él siente cuando una idea comienza a rodar en su cabeza “y entonces sé que quiero hacer eso, pero no sé realmente por qué lo hago”. Porque para Weir hacer una película “es la mejor sensación que se puede tener y me encanta compartir eso con los demás". Aunque en general se muestra bastante crítico con su propia obra, y no le importa reconocer los errores del pasado incluso en films, como los suyos, que se encuentran ya por derecho propio en el imaginario del gran público. “Cuando repaso mis películas, veo una escena y pienso que la podía haber hecho de otro manera. En cada uno de mis films metería unos ocho o diez cambios”.

Borja B. Hojas.

 

El hombre y el paisaje

Peter Weir es un director que disfruta retratando los espacio abiertos. La naturaleza suele estar muy presente sus películas, como, por ejemplo, en La costa de los mosquitos (1986), donde se integra en la narración como un personaje más, a la altura de los que interpretaron Harrison Ford o River Phoenix. Y en ocasiones ocupa un muy destacado primer plano, como en su segundo film La última ola (1977), donde el mar ejerce de elemento que amenaza a la humanidad.  “Rodar en espacios naturales es tremendamente complicado, quizá hoy en día sea imposible. Pero entonces, era posible. También yo tenía la energía de alguien joven. Vengo de un país maravilloso, me críe al lado del mar, entre peces y nadando; es algo normal que la naturaleza aparezca en mis películas”. 

A lo largo de su carrera, el cineasta australiano ha transitado por distintos géneros, con habilidad, sorteando las dificultades y aprovechando las ventajas que le ofrecían cada uno de ellos. Pasa del drama a la comedia, siempre sin olvidar que “cuando acabas una película tienes la sensación de que vuelves la vida real tras un período de trance”. Para llevar 44 años en el mundo del cine, las 13 películas que aparecen en su filmografía parecen pocas. “Y podían haber sido solo seis (risas). No es tan difícil hacer dirigir una película. Es como esquiar, si tienes equilibrio y un preparador adecuado lo puedes hacer. Pero eso no quiere decir que seas un esquiador olímpico. Yo tuve claro que quería esquiar como un campeón y eso es más difícil. Creo que he hecho una analogía ridícula (risas). Yo tengo que encontrar algo que me fascine y que me intrigue. No solo rodar. A los estudiantes les explico que para mí la cámara es si fuera un arma cargada con la que apuntas a un objetivo. No se puede disparar hasta saber lo que se quiere contar”.

Borja B. Hojas.

 

Las películas-evento que arrasan con todo

“Esta claro que las audiencias están cambiando”, asegura cuando se le pregunta por la situación de la industria en este momento. Y para Peter Weir, este cambio “está siendo muy importante, sobre todo la gente joven que encuentra el estímulo en el entretenimiento de otras maneras”. Por ejemplo, consumen más series y ven películas desde casa, “han perdido el habito de ir al cine que tenían sus padres”. En general, cree que la televisión está perjudicando al cine. Hay una gran oferta, pero películas interesantes solo se encuentran cada muchos meses. “Ahora la gente joven se guía por los eventos, es decir, películas que todo el mundo cree que hay que ver. Y ahora mismo solo existen este tipo de películas y las que se ven en los festivales de cine. Entre medias de esto no hay nada. Es el desierto”. En el fondo, la realidad, como él mismo reconoce a lo largo de la charla, se parece cada vez más a El show de Truman.

Igual que sucede con las audiencias, también está cambiando la forma de hacer cine, “y es algo que tengo que aceptar, pero echo de menos la forma en las que se hacían las películas”. Sigue siendo un defensor radical del celuloide, “de rodar en 35 mm.”, y siempre pone como condición que la filmoteca de Canberra (Australia) conserve una copia de cualquiera de los trabajos que realiza. Lo exige por contrato. Además, Peter Weir se considera un outsider dentro de la gran industria que ha podido decir que “no” rotundamente a varias propuestas o a dirigir a ciertas estrellas del cine por imposición, “porque siempre he querido tener un control total sobre mi obra”. 

Algo que le ha llevado también a no fijar su residencia en Hollywood: rueda dentro de un gran estudio y en seguida vuelve a Australia. Por eso quizá también lleva sin estrenar un film desde 2010, cuando presentó Camino a la libertad. Y quizá por eso también se ha quedado a las puertas de conseguir el Oscar en cinco ocasiones. Sin embargo, hay están Galipolli, El año que vivimos peligrosamente, Único testigo, El club de los poetas muertos... así hasta 13 películas realmente inolvidables.