Mi nombre es Cecilia Vicuña. Nací en Santiago de Chile en 1948. Soy poeta, cineasta, activista y artista visual. Mi último proyecto ha sido una instalación que hice el pasado 27 de septiembre en Londres, en el marco del programa de actividades artísticas Park Nights, al que fui invitada por su director creativo, Hans Ulrich Obrist, y su supervisor de actuaciones en directo, Claude Adjl.

Una de mis principales motivaciones a la hora de aceptar su oferta es el marco en que se desarrolla este festival, la galería Serpentine de los jardines de Kensington, en la parte inferior de Hyde Park. Se trata de un espacio diseñado por el arquitecto japonés Junya Ishigami que recuerda a un espacio ceremonial primitivo, una especie de cueva sagrada, que en muchas culturas suele asociarse con el vientre de la Madre Tierra, el lugar en el que tienen lugar las ceremonias de curación y regeneración de la energía de la vida.

En cuanto vi imágenes de su diseño, me hizo pensar en cavernas subterráneas a través de las que fluye el agua, despertando una profunda asociación intuitiva con los fluidos corporales, nuestra propia agua interior, que es esencia de vida. Ahora que la raza humana se asoma al desastre y a una posible extinción, debemos invocar a la diosa de la Alegría y al clítoris, un órgano que fue creado por la Alegría para que nos dé la energía que necesitamos para desandar el terrorífico camino que nos conduce a la destrucción del planeta.

Mi interés por el agua viene de muy atrás. Ya en los años 60 empecé a desarrollar mis actividades creativas a orillas del mar. En los 80 y 90, al agravarse en los Andes la crisis del agua que condujo a terribles sequías, mi interés y mi compromiso crecieron. Los rituales colectivos de adoración del agua que promoví en los 60 siguen volviendo a emerger desde entonces de manera cíclica en mi trabajo, adaptándose y refinándose a medida que pasan los años.

Ahora mismo, comunidades indígenas de diversos rincones del mundo están siendo hostigadas o masacradas para robarles sus recursos hídricos, lo que convierte nuestros rituales de exorcismo colectivo y toma de conciencia en aún más urgentes. Nuestra intención es contribuir con ellos a movimientos de protesta global como Extinction Rebellion o Fridays for Future, con los que sentimos una solidaridad incondicional y absoluta.

Cuando abordo un proyecto, no suelo hacerlo con la intención de ‘comunicar’ nada en concreto. Eso sería demasiado fácil y bastante estéril. Prefiero invitar a la gente a que se una a mí, que participe creativamente y con total libertad de la experiencia que les ofrezco y que saque así sus propias conclusiones.

En mi actuación en las Park Nights tuve que lidiar con un inconveniente fundamental: las prisas irracionales que nos impone la vida urbana y el poco tiempo que eso nos deja para disfrutar de verdad de una experiencia artística interactiva. Contra ese inconveniente, todo lo que puedo hacer es pedirle a mi público que venga con la mente abierta, dispuesto a dejarse sorprender, sin prisas y sin prejuicios. Yo siempro intento estar a la altura dee lo que les pido y trato de ofrecerles a cambio algo que valga la pena.