Javier Bardem tiene un hijo de ocho años y una de seis y está preocupado por el mundo futuro en el que van a habitar. “Soy responsable de lo que van a heredar a nivel físico y psicológico, pero también a nivel ambiental, como hogar común. Y el tema es para preocuparse. No lo digo yo, que soy un actor, lo dicen los expertos. Han cambiado el adjetivo, ya no es crisis y ahora es urgencia climática”, asegura el actor en una de las terrazas del Hotel María Cristina, en San Sebastián, donde ha acudido a presentar, dentro del festival de cine, el documental Santuario. Álvaro Longoria dirige esta película que narra el viaje de una semana que Javier y su hermano Carlos compartieron junto a miembros de Greenpeace a bordo del barco Greenpeace Artic Sunrise. La ONG, con el apoyo de los dos actores, están llevando a cabo una campaña social y política para crear el mayor santuario marino en el Océano Antártico.

Como consecuencia de su implicación, Bardem decidió romper su pacto de silencio en redes sociales y abrió una cuenta de Instagram, en la que se siguen dando informaciones sobre la campaña Santuario Antártico, que ahora se ha convertido en algo más ambicioso como el Tratado de los Océanos, por el que visitó recientemente la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Consiste en crear y proteger santuarios en el 30% de los océanos en 2030. “Los que saben de esto dicen que si no es así, la situación será irreversible. Estamos hablando en un tono catastrofista, pero es verdad. Una persona de Greenpeace utilizó una imagen para explicarme la situación. El tren ya va con exceso de velocidad y nos vamos a dar contra el muro de la extinción. El asunto no es alejar el muro, sino frenar el tren. Es posible, pero va muy rápido. Hay imágenes que lo demuestran, como esos perros tirando de trineos en Groenlandia por un lugar que parece un ‘aquapark’ en vez de un iceberg. ¿Eso quién lo puede negar?”.

 

No se trata en su opinión de un tema político, ni de derechas ni de izquierdas, es un tema de acción popular. Para el actor, esta situación produce mucho miedo y por eso está convencido de que hay que pasar a la acción, como lo hacen los diferentes movimientos de protesta a nivel mundial, para que los responsables cambien su forma de actuar. "Es importante exculpar al consumidor, que es una política que se está haciendo. Culpar a la gente por consumir mucho plástico. Lo importante es que hubiera políticas para que en lugar de plástico haya materiales biodegradables. Y estoy seguro de que se consumirían en lugar del plástico. Que los que toman las decisiones y tienen el dinero para invertir en economía sostenible lo hagan”.

Una de las claves para combatir el cambio climático es la concienciación que están demostrando los adolescentes alrededor de todo el  planeta, apoyándose en las redes sociales que hasta ahora provocaban un cierto rechazo al actor. “Nuestra generación debemos apoyar a los de 15 años, porque saben mucho más que nosotros y, sobre todo, no están tan apegados al sistema de vida que hemos creado. Ellos van a generar el cambio, mientras que nosotros, por miedo, pereza o por ambición no lo vamos a hacer”. Y aquí viene la inevitable pregunta sobre Greta Thunberg, que se ha convertido en referente para muchos jóvenes, incluso ha sido propuesta para Premio Nobel de la Paz, pero que ha comenzado a encontrarse ya con ‘haters’ precisamente en las propias redes.

Gari Garaialde

“Ella es un milagro que nos ha llegado del cielo. En este momento tan complicado y tan cínico, mentiroso, manipulable y egoísta, aparece un espíritu y un alma pura, sin filtro, y con todo el derecho a exigirnos un mundo mejor. Creo cien por cien en lo que ella representa, se lo agradezco y, al mismo tiempo, me da pena que una chica de su edad tenga que asumir tan enorme responsabilidad. Porque deberían ser, como ella misma dice, los adultos los que la asumieran. Pero cuando los adultos se comportan como criaturas, las criaturas deben comportarse como adultos. Y ese cambio a ella le va a costar quizá el sacrificio de su propia juventud”, opina sobre la activista sueca.

Javier Bardem no es optimista con que en nuestro país los políticos lleguen a un acuerdo de un pacto sobre el clima. “Si no son capaces de llegar a un pacto para gobernar, ¿cómo lo van a hacer sobre este tema?”, lanza al aire. Apunta que todo debería comenzar con las grandes superpotencias –Rusia, EEUU, India y China- que contaminan más que el resto del planeta. Aunque no se considera un experto económico ni medioambiental para dar la solución al caso, defiende el derecho de emitir su opinión. “Soy actor para bien o para mal. Es lo que hago como oficio y siempre he estado interesado en compartir mi opinión y puntos de vista a través de documentales. Por mucho que digan que un actor se dedica solo actuar… Yo ante eso me sublevo, porque un actor ante todo es un ciudadano. Y como ciudadano  tiene derecho a tener opiniones. Actuar es una profesión, no una forma de ser. Un oficio no puede nunca diezmar las opiniones. Todos nos significamos con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer”.

En uno de sus últimos rodajes, la nueva adaptación de la novela Dune que ha rodado Denis Villeneuve, Javier Bardem interpreta a un superviviente, Stilgar, el líder de una tribu que vive en un planeta desértico imposible de habitar sin usar unos trajes especiales y donde la gente se tiene que refugiar bajo tierra para recoger la poca humedad que allí hay. Bardem defiende que el cambio climático debe estar mucho más presente “en las producciones de Hollywood que ven millones de personas”, porque esta también puede ser una forma de activismo que además llegará a la gente joven. “Dune sí que tiene ese mensaje medioambiental ya desde la novela que es de los años sesenta. Ahora que la he releído y he participado en la película, me he dado cuenta de lo cerca que está una ficción que parecía imposible de una posible realidad. Y eso da miedo”.