“A los ingleses les horrorizan las nuevas modas que llegan de Estados Unidos, les parecen el colmo de la vulgaridad y el mal gusto. Dos años después, las abrazan con entusiasmo como si fuesen algo que se les ha ocurrido a ellos”.

Eso solía decir Alistair Cooke (el periodista ya fallecido, no el jugador de críquet), el hombre que durante 60 años se encargó de divulgar esas novedades “vulgares y de mal gusto” en su papel de venerable corresponsal británico en Estados Unidos. La broma de Cooke capta a la perfección la actitud de muchos de los ciudadanos del Reino Unido hacia su antigua colonia, por la que sienten una extraña mezcla de desprecio paternalista y fascinada envidia.

Desde su tribuna semanal en la BBC, el comentarista contribuyó, de manera hasta cierto punto involuntaria, a reforzar algunos de esos tópicos por mucho que intentase combatirlos con información rigurosa y una mirada certera, incisiva. Cooke era lo que por entonces se consideraba una voz autorizada, un intermediario entre los espectadores y una realidad a la vez cercana y lejana, un hombre que se hacía escuchar y sentaba cátedra en una época anterior a la actual sobredosis informativa que ha traído el ‘nuevo’ periodismo digital 24/7 y las redes sociales. 

Su programa radiofónico Letter from America batió un récord de longevidad con  2.869 episodios entre 1946 y 2004. En este largo periodo, del final de la Segunda Guerra Mundial a entrado ya el siglo XXI, conservó siempre una audiencia notable que acabaría consolidando a Cooke, un periodista de muy sólido bagaje intelectual formado en Cambridge, como todo un referente para sus compatriotas. Se valoraba muy especialmente su actitud de observador informado y ecuánime y su resistencia a hacer juicios de valor frívolos y poco fundamentados.

 

Explicar lo inexplicable

¿A qué viene hablar de un profesional así 14 años después de su muerte? ¿Es lógico sentir nostalgia por la imagen pública y la forma de hacer de un profesional de la vieja escuela al que, de seguir en activo, hoy se acusaría de elitista y desconectado de la realidad? 

Pero pensemos por un momento en la extraña deriva que ha experimentado Estados Unidos en los últimos años. ¿Acaso no vendría de perlas, tanto a los británicos como al resto del mundo, contar con un intérprete de la lucidez de Cooke, alguien capaz de separar el grano de la paja y explicarnos de manera analítica, inteligente y precisa lo que cada vez nos resulta más incomprensible? Seguro que Cooke habría sabido ir a la raíz del asunto y no se conformaría, como están haciendo cada vez más comentaristas ofuscados por el efecto Trump, con explicar la reciente evolución de una poderosa nación de 328 millones de habitantes haciendo referencia a los tuits de su presidente, ese gran árbol, rubio, peligroso y ridículo que no nos deja ver el bosque. Si se explica Estados Unidos exclusivamente a partir de las veleidades del inquilino de la Casa Blanca, nos estamos perdiendo algo muy importante. Cooke no hubiese caído en un error así.

Quien esto escribe se mudó hace unos meses de Londres a Estados Unidos. No a la llamada ‘América profunda’, sino a la ciudad universitaria de Princeton, pero desde allí es perfectamente posible sumergirse en lo que tiene que ofrecer el país en todas sus esferas (social, mediática, cultural, deportiva, política…). Este corto periodo me ha servido para constatar que están sucediendo muchas cosas interesantes en este país más allá de la última ocurrencia tóxica de Donald Trump, y creo, humildemente, que valdría la pena que alguien en cuyo criterio podamos confiar nos las contase.

Como Cooke ya no está, permítanme que, modestamente, intente seguir sus huellas. Desde el espacio que me ofrece ‘PORT’, voy a tratar de hablarles de vez en cuando de mi experiencia de Estados Unidos. Esto pretende ser mi Letters from Princeton, mi crónica de una América distinta, con sus nuevos héroes, su cine, sus libros, que creo que merece ser divulgada.

En próximas entregas, voy a contarles algo sobre la nueva cultura universitaria (de la política de ‘géneros fluidos’ que promueven los estudiantes más progresistas a la persistencia de las sociedades secretas entre los más elitistas y conservadores), del culto que no cesa a la familia Kennedy, del primer documental de la productora de Obama y de la auténtica edad de oro que está viviendo ahora mismo el béisbol. Tal vez incluso quien sabe, les ayude a descubrir cuál es la última tendencia “vulgar y de mal gusto” que va a cruzar el charco para convertirse en dominante también en el ‘Viejo Mundo’.