Nada de erotismo. Esto es pornografía. Nina Leger describe con frases cortas y de una lírica contundencia cómo un pene erecto entre en el paladar de su protagonista y cómo ella lo abraza con sus labios inmóviles, lo deja reposar sobre su lengua como si lo estuviese pesando en una balanza, lo empuja suavemente hacia su paladar y siente cómo el apéndice carnoso va entrando en calor, cómo crece y se hincha, “como una flor de papel que se desplegase al entrar en contacto con el agua”.

La protagonista es Jeanne, una mujer que se niega a ser etiquetada, codiciada, categorizada, racionalizada o compadecida. En The Collection (Mise en pièces), la extraordinaria novela de Nina Leger ganadora del Premio Anaïs Nin, Jeanne es el perfecto antídoto a esa mirada masculina morbosa y reduccionista que ha trivializado la literatura erótica al objetivar la sexualidad femenina. 

Mise en pièces es la historia de una coleccionista de una curiosidad y una voracidad sexual sin límites. Una mujer que se lanza a la conquista de un mundo nuevo, el de los placeres del cuerpo y la aritmética del deseo, en un periplo por habitaciones anónimas de hoteles parisinos, a los que acude para “recolectar” un pene incorpóreo tras otro para construirse con ellos un fantástico "palacio de la memoria".

Leger prescinde con naturalidad de convenciones narrativas como tratar de establecer un por qué para las acciones de su personaje. En su opinión, "nNo decir apenas nada sobre Jeanne me parecía la mejor manera de dejarle el espacio suficiente para que ella lo fuese todo en la novela”. Aparcado cualquier intento de explicación distanciadora, cualquier coartada psicológica, lo que nos queda es la descripción casi forense del comportamiento sexual de una mujer que se guía por un código elemental de curiosidad y deseo, dejando al margen del relato el pudor, las inquietudes o las necesidades sexuales y afectivas del resto de personajes.

Leger nació en la ciudad turística de Antibes, en la Costa Azul, pero ha pasado la mayoría de su vida en París, ciudad que hace aquí el papel de segundo gran personaje de la novela, dándole a la peripecia lúbrica de Jeanne un sólido anclaje emocional y geográfico. Las líneas de metro que conectan los distritos rojos como Pigalle y las zonas de ocio nocturno con los hoteles que frecuenta Jeanne son el hilo conductor de psicogeografía fuertemente sexualizada, un París sórdido y clandestino que los parisinos “frecuentan de vez en cuando pero, en general, suelen fingir que ignoran”.

Hablamos con Leger de la hazaña que supone sustraer la pornografía literaria a la mirada convencional masculina y feminizarla hasta la médula, inyectándole de paso una muy fértil dosis de poesía abrupta, ciencia ficción y surrealismo urbano.

 

¿Cómo devolverle a la pornografía su impacto sexual, emocional y estético ahora que se ha trivializado hasta el punto de resultar casi inofensiva?
Durante décadas, la gente ansiaba esas imágenes porque eran raras y difíciles de obtener. Ahora están en todas partes, y esa proliferación se considera, por lo general, una agresión abrumadora. Pero tal vez podríamos ver las cosas de manera diferente y considerar esta presencia excesiva como una oportunidad para cambiar nuestra relación con estas imágenes, dejar de darles tanto crédito, dejar de mirarlas con asombro y comenzar a jugar con ellas. Esto es lo que hice cuando escribí sobre porno en The Collection. Utilicé estas imágenes, no como objetos de deseo sulfurosos, sino como un material que la literatura podría eliminar, distorsionar y reinventar a su manera.

 

París parece ser un personaje central en el libro, ¿por qué lo elegió como escenario?
Ni siquiera fue una elección: llevo tantos años viviendo en París que nunca imaginé a Jeanne en ningún otro sitio. Necesitaba situar la historia en un entorno que me resultase familiar para poder imaginármela con nitidez. Por eso, Jeanne recorrer lugares ubicados en mi propio vecindario, en el distrito 13, ¡incluso camina por mi propia calle dos veces! Elegí estos lugares porque los conozco íntimamente y porque han sido ignorados por la imaginación parisina común. Son sitios que tienen en común con Jeanne lo muy atípicos que resultan, lo mucho que escapan a los clichés. Además, muchas de las situaciones que describo en la novela rozan la pura abstracción o la fantasía, por lo que necesitaba un entorno muy concreto para que no acabase convertida en una especie de fábula etérea. El realismo geográfico de la novela da un anclaje material a sus fantasías.

 

En la novela citas a Ballard y pareces trazar un paralelismo entre Jeanne y la heroína de Concrete Island basado en que ambas se exponen hasta el límite para poner a prueba sus fortalezas y debilidades. ¿Querías hacer explícitos tus modelos literarios?
La presencia de elementos de ciencia ficción y las referencias a Ballard y Gibson en The Collection son el resultado de que Jeanne se cansa del tratamiento de la sexualidad femenina en las novelas que lee. En su lugar, decide leer "historias de hormigón armado, de bosques petrificados, de cabinas de cromo que se apresuran a lo largo de la montaña rusa de intercambios de autopistas". Para deshacerse del análisis psicológico tan habitual en las novelas que tratan sobre la sexualidad femenina, se sumerge en novelas de ciencia ficción donde “los motivos interiores se reducen al silencio, aniquilados en el colapso de los mundos antiguos que aplastan todos los futuros”. La referencia a Gibson y Ballard en el libro está conectada con una reflexión sobre los “porqués” y las “causas”, sobre lo innecesarios que creo que resultan: es una forma de deshacerse de la retórica invasiva de la explicación. Lo que me atrajo de Concrete Island es la isla en sí, la fascinante configuración espacial que Ballard inventa y describe en lugar del héroe que abandona entre las carreteras.

 

¿Hubo otras influencias artísticas o literarias que contribuyeron a dar forma a la novela?
De una manera muy inusual (inusual al menos para mí), escribí esta novela como respuesta explícita a una serie de novelas, obras de arte o discursos intelectuales con los que estoy en radical desacuerdo. No es un homenaje a lo que admiro, sino una respuesta beligerante a lo que rechazo. Pese a todo, sí tuve muy presente a Guillaume Dustan y su autobiografía sexual y a Marguerite Duras y su novela corta El hombre sentado en el pasillo. De Dustan me quedo con cómo describe su propia sexualidad, y de Duran, con su forma de ser y de ver el mundo.

 

¿Piensa seguir explorando la sexualidad en los próximos proyectos?
Sin duda, sí. Creo haber encontrado una manera de hablar de sexo muy específica y que no tiene nada que ver con el sensacionalismo o la genitalidad descarnada de la literatura pornográfica al uso. Quiero seguir profundizando en ello. De hecho, de la misma manera que The Collection es un mapa sexual de París, mi próxima novela pretende trazar un mapa sexual de un extraño lugar del sur de Francia, Sophia Antípolis. Se trata de un parque tecnológico muy ballardiano, lleno de edificios futuristas perdidos en el bosque. Tengo la intención de escribir una novela topográfica. Como no tengo conexiones personales demasiado intensas con ese lugar, trasladar mi universo literario allí será una buena manera de escapar a la tiranía de lo biográfico.