Eugène Atget retrató las calles de París desde 1888 hasta su muerte en 1927. Estamos hablando de uno de los mejores fotógrafos de todos los tiempo, si no el mejor, pero el suyo era un estilo pulcro y sencillo, que captaba la realidad de manera muy directa. Precisamente por ello, sus fotos transmiten la sensación casi mágica de estar capturando la realidad en su verdadera esencia, despojándola de todo lo accesorio y quedándose solo con lo que de verdad permanece.

Descubrí a Atget hace ya muchos años, coincidiendo con mis primeros pasos en el mundo de la fotografía. Siempre me ha entusiasmado: colecciono libros sobre su trabajo y acudo siempre que puedo a exposiciones y retrospectivas en las que se muestra obra suya. En 1989, durante un viaje a París, tuve un instante de epifanía estética que me llevó a desarrollar un proyecto que es un diálogo directo con su obra. En un rincón cualquiera de la ciudad, tropecé casualmente con un modesto edificio que reconocí al instante, porque Autget lo había retratado casi un siglo antes. La sensación de encontrarme ante  uno de los ‘modelos’ de Autget, uno de los rincones urbanos que ‘posaron’ para su cámara, me resultó abrumadora. Al menos una parte de su París, de esa ciudad mágica que yo había contemplado durante años a través de su mirada, permanecía intacta.

 

Una búsqueda implacable

Así que empecé a buscar aquel París. Recorrí con la mirada alerta algunos de los vecindarios por los que vagaba Autget en busca de detalles que mereciesen ser retratados. Muchas de sus ventanas, escaleras y puertas seguían existiendo, aunque algunos de los detalles que las rodeaban habían ido cambiando con el tiempo. Me dediqué a tratar de reproducir con la máxima exactitud las imágenes de Atget, a retrofotografiar a sus modelos, constatando a veces que aún era posible hacer una foto casi idéntica a la original pero descubriendo también, en ocasiones, que aquí y allá había desaparecido el magnífico árbol o el espléndido florero retratado por él en su día.

Fue casi un divertimento, un homenaje a mi ídolo. Pero, entre 1997 y 1998, decidí realizar un proyecto más sistemático y viajé en tres ocasiones a París para reproducir alrededor de 500 de la escenas al aire libre captadas por Atget. Lo que no puede hacer, por supuesto, es reproducir los interiores ni fotografiar de nuevo a las personas que él había retratado.

París es una ciudad consciente de su brillante pasado y que se esfuerza por presentarlo. Por ello, la mayoría de los lugares del centro de la ciudad que Atget captó tan magistralmente siguen ahí y, en esencia, apenas han cambiando. Sus 'modelos' posaron para mi cámara como habían posado décadas antes para la suya.

Algunos muestran los estragos de la intemperie y de la lluvia ácida. Otros han sido mancillados por irrespetuosos del graffiti y todos, sin excepción, conviven ahora con un intenso trafico que los abarrota y deteriora. Sin embargo, el París de Atget sigue ahí, aunque sea en una no siempre fácil convivencia con todas las ciudades también llamadas París que vinieron después de ella.

Este es un extracto de Paris Changing: Revisiting Eugene Atget’s Paris de Christopher Rauschenberg, publicado por Princeton Architectural Press.