El cantante (Andrés Calamaro) le definió como un hombre "pegado a una pelota de cuero" y que, además, tuvo "el don celestial de tratar muy bien al balón". Y concluía su ripio con una afirmación elocuente: "es un guerrero”. A su vez, el futbolista (Pelé) dijo de él que no estaba formado “para aguantar tanta responsabilidad”.

Cara y cruz. Positivo y negativo. Luz y tinieblas. Argentino y brasileño, rivales irreconciliables en la cancha de juego, llevaban razón. Ninguno mentía. La vida de Diego Armando Maradona (Buenos Aires, 1960) se sustenta sobre los contrastes, comenzando por el principal: ídolo del balón que vivió en el éxito y personaje instalado desde hace un tiempo en la polémica. El director británico Asif Kapadie indaga en esta doble perspectiva del mito en su documental Diego Maradona (2019), que tuvo su estreno mundial en el último Festival de Cannes y llega a los cines el viernes 11 de julio. 

El cineasta es un especialista en bucear en biografías controvertidas, como demostró en Senna (2010), sobre el mítico piloto de Fórmula 1 brasileño fallecido en un accidente en un circuito; o Amy (2015), premiada con un Oscar, a propósito de la cantante Amy Winehouse y su vida llevada al límite que terminó en una muerte prematura. Los tres son personajes geniales y repletos de claroscuros.

 

El caso de Maradona se presenta como un viaje que arranca en Villa Fiorito, una de las barriadas más pobres de Buenos Aires; pasa por Barcelona, donde el jugador jugó un par de temporadas marcadas por la polémica, y llega a Nápoles, donde le recibieron en 1984 más de 80.000 personas, para convertirse en un dios en la tierra del fútbol. Una divinidad a la que los tifosi siguen rindiendo aun hoy culto y veneración. A lo largo del camino, se retratan la aparición de la droga, su relación con la Camorra napolitana, suspensiones por dopaje, dos títulos de liga en Italia (scudettos) y un Mundial ganado con Argentina. 

 

Tengo entendido que usted había pactado varias entrevistas con Diego Armando Maradona y que, finalmente, decidió no hacerlas, ¿que sucedió?

Básicamente, teníamos un acuerdo legal que especificaba que para acceder a todas las imágenes del documental debíamos entrevistarlo a él. El acuerdo consistía en tres sesiones de tres horas, cara a cara. En total, tendríamos nueve horas de metraje, no especificaban sin con cámara o no. Pero yo había hecho otros dos documentales previos sobre Ayrton Senna y Amy Winehouse. Si los has visto ya sabes que mi estilo no es hacer entrevistas cara a cara, aunque pensé que estaría bien hacerlas esta vez para saber si el recordaba lo que pasó realmente durante aquellos años de su vida...

 

¿Por qué cambió de idea?

Diego en aquel momento, estaba viviendo en Dubái, literalmente en el techo de una palmera, es decir, un enorme edificio con forma de palmera. Fuimos para allá con un equipo pequeño, pero completo. Con producción, sonido, cámara y traductores. Estuvimos esperando una semana sin tener ni idea de si haríamos las entrevistas, y Dubái es un sitio muy caro, pero carísimo (risas). Entonces pensé que aunque Diego, al contrario que Senna o Amy, sí está vivo, yo iba a hacer la película igual que hice mis anteriores documentales. Y estaba seguro de que antes de acabarla accedería a hacer la entrevista, pero no fue así. De todas maneras, creo que la película así es más cinematográfica, no está condicionada por la duración de una charla o por lo que él me contara. El drama en sí está en la propia historia.

 

En Cannes, cuando se presentó el film, Maradona aún no había visto la película, ¿la ha podido ver ya?

Bueno, la película se estrenó en el festival, luego en Reino Unido y ahora en el resto de Europa. Todavía no se ha presentado en América Latina. Y yo quiero sentarme y ver la película junto a Diego. Es una historia dura y no me parece bien conformarme con mandarle un link. Quiero verla con él.

 

¿No le pone algo nervioso su posible reacción?

Siempre se pasan nervios. En el caso de Senna, vi la película con la familia y hubo lágrimas y algún cabreo. Igual pasó con Amy. Ella hacía muy poco tiempo que había fallecido y pude ver la frustración de la propia familia al ver su historia contada por otro. Cuando estaba haciendo la película me apetecía mucho que Maradona estuviera en la presentación pisando la alfombra roja. Pero durante la proyección en Cannes me entraron dudas (risas). No sé cómo habría reaccionado. En algunos momentos, seguro que lo hubiera disfrutado, pero creo que es una historia tan íntima que es mejor que la vea por primera vez en privado. Y conmigo, que soy el que cuento la historia. Se la he mostrado ya a su exmujer, a sus hijos, a Fernando Signorini, que fue su preparador físico de confianza, a su biógrafo... Gente de su entorno que me ha dicho que es una historia muy dura, pero muy honesta, y que mi retrato resulta sincero. Esto me reafirma en mi propuesta como director.

 

Parece que los tres personajes de sus documentales están unidos por su condición de juguetes rotos...

Considero que desde muy jóvenes, de forma prematura, los tres demostraron que eran genios en lo que hacían y que eran muy brillantes. Pero los psicólogos aseguran que cuando los hijos ganan más dinero que los padres dejan de crecer a nivel de desarrollo personal y de maduración. Son adolescentes físicamente, pero ya soportan la economía del clan familiar. Y de alguna manera Maradona es un eterno adolescente. En Inglaterra tiene mucha importancia el sistema de clases. Senna no venía de una familia pobre y practicaba un deporte de ricos. En el caso de Amy, ella era muy clase media, y además cantaba jazz, que también es muy clase media. Pero Maradona era pobre y practicaba fútbol. Los tres casos tienen similitudes, pero cada uno en una clase distinta. Me interesa ver cómo cambian dentro de su escala social.

 

¿Es usted aficionado al fútbol?

Sí, mucho. Soy del Liverpool. Por eso hace muy poco vine a Madrid a ver la final de la Champions de mi equipo contra el Tottenham (risas).

 

¿Y cómo vivió el partido de Argentina contra Inglaterra en el Mundial 86, con Diego metiendo un gol con la ayuda de Dios y de la mano?

Recuerdo el gol con la mano, pero lo que realmente no olvido es el segundo gol, la jugada genial que recorre todo el campo con el balón. Creo que no lo hubiera marcado si los ingleses no estuvieran tan en estado de shock después del gol que metió con la mano. Pero yo soy fan del fútbol como deporte, y si te pitan un penalti en el último minuto a favor de tu equipo, pues lo tiras y no te planteas si fue o no (risas). 

 

En la película muestra una dualidad entre el dios del fútbol y el ser humano en la tierra, ¿hay tanta diferencia?

La persona que yo he podido conocer es muy diferente de la persona que se puede ver. Es como si fueran dos personas distintas, el joven Diego y el Maradona que es en la actualidad. Están en puntos muy diferentes. La gente que le conoce y ve la película me dice que sería genial poder volver a Diego, pero no se puede entender sin hablar del Maradona actual.

 

¿De dónde sale todo ese material inédito al que ha tenido acceso?

Diego contrató a dos cámaras que le seguían todo el rato. Todavía no era una estrella, pero estaban recopilando material para hacer una película sobre el que luego sería el gran jugador. Por ejemplo, todo lo que ve cuando llega a Nápoles y le reciben como si fuera un gladiador fue grabado por estas dos personas en 1984. Además, durante la producción de la película apareció material que grabó un auténtico fanático del equipo, que llegó a hacerse amigo personal de Diego, un hombre llamado Gennaro Montuori. Él tenía grabaciones en VHS que nadie había visto y que están en la película, como Diego bailando con unas chicas en una discoteca o cuando aparece en silencio y no habla, mientras reflexiona todo lo que ha pasado en su vida. Ahí aparece como una persona solitaria, como si fuera un niño, y ese documento lo tenemos gracias a Montuori. Eso es lo que yo quería plasmar en la película. Para que te des cuenta del poder de esta persona en Nápoles, cuando el equipo gana el Scudetto, Montuori espera a los jugadores dentro del vestuario...

 

En la película aparece el tema de la droga y la relación de Diego con la Camorra, ¿ha tenido algún miedo de tratar estos temas?

Obviamente, siempre hay miedo. Pero lo que yo he hecho es contar lo que pasó y teniendo siempre un punto de vista bastante objetivo, aunque eso no te quita el miedo. Pero hay que unificar las piezas y el tema de las drogas y la mafia son parte de la historia de Maradona, sin ellas no quedaría completa.

 

Si tuviera que quedarse con lo que más le gusta de Maradona, ¿qué sería?

Creo que se ve que era un tío genial, muy divertido y accesible. Con una gran sonrisa. Además, en el campo, jugaba mucho en equipo, se apoyaba en los compañeros. Por eso la gente le quería de esa manera. Y no hay que olvidar que es un gran bailarín (risas).

 

Y, ¿lo que menos?

Creo que su mentira de 30 años sobre el hijo que no reconoció. No admitió haber mentido y así hizo daño a su mujer, a la madre, a su hijo y a sí mismo. No sé por qué no pasó página y admitió la verdad.

 

¿Cómo explica que después de tantas contradicciones Diego siga siendo un ídolo en Nápoles y en Argentina?

Siguen adorándolo en los dos lugares porque es una persona que ha conseguido llevar al éxito a una ciudad y a un país entero. Y ni la una ni el otro nunca lo han vuelto a alcanzar. A día de hoy, en Nápoles muchos padres llaman aun a sus hijos Diego. Además, él es la fórmula perfecta de la contracultura. Porque mañana puede aparecer reuniéndose con alguien en Venezuela o diciendo algo muy polémico. Es parte de su gran personalidad. Algunos le tachan de loco, pero dentro de su locura siempre hay verdad. Quizá no es muy culto, pero sí es muy listo. Siempre es capaz de tener un poco de razón. Es un luchador de la calle que nunca se rinde, siempre sobrevive.