El 20 de abril de 2018 encontraron el cuerpo sin vida de Avicii. El dj más exitoso de esta década (de nombre real, Tim Bergling) se suicidaba con una botella rota en la habitación de su hotel en Mascate, la capital de Omán. No pasaron ni 12 meses cuando, el 4 de marzo de 2019, la policía de Essex tenía que lidiar con una tragedia similar: Keith Flint, el cantante de The Prodigy, uno de los grupos de electrónica más influyentes de los años 90, se había colgado en su casa del este de Inglaterra. Uno tenía 28 años; el otro, 49.

Estos dos casos, que ocuparon las portadas los diarios más importantes, son solo la punta del iceberg que ha desatado el debate sobre las enfermedades mentales que se camuflan tras multitud de éxitos discográficos. El International Music Summit (IMS), una de las conferencias centradas en la electrónica más relevantes de Europa, que celebró su duodécima edición hace escasos días en Ibiza, ha enfocado buena parte de su programación en la “actual crisis de salud mental en la industria musical”, según la definen desde el propio evento. Han sido tres jornadas de charlas y mesas redondas en donde artistas, mánagers, promotores y psicólogos han abordado un tema que no parece tener fácil solución y en donde ha participado incluso Klas Bergling, el padre de Avicii, en una de sus escasas apariciones públicas tras la muerte de su hijo, que ya había revelado sus problemas con la bebida y los analgésicos en el documental Avicii: True Stories (2017).

El padre de Avicii conversa con Pete Tong durante el IMS. | James Alexander Chapman

“¡No quiero seguir actuando, esto me va a matar!”, suplicaba el propio músico a su mánager ante la presión a la que éste le sometía, en una de las escenas más relevantes y premonitorias de aquel filme. “Si no bebo, voy poniéndome cada vez más nervioso antes de actuar. Y el alcohol consigue calmar esa sensación”, afirmaba el dj sueco en otro momento de la cinta, donde se va apreciando su paulatina degradación física. En 2016, Avicii por fin consiguió abandonar a su codicioso mánager, Arash “Ash” Pournouri, dueño de la productora At Night, para poder retirarse de los escenarios: en ocho años había realizado 813 conciertos, actuando a veces en cuatro continentes diferentes en una sola semana. Un ritmo delirante que le había sumido en una depresión y le había convertido en un adicto al alcohol y a los opiáceos de farmacia como el Percocet, lo que le causó una pancreatitis aguda derivada de sus excesos.

Forzar la máquina

Pero lo de Avicii venía de lejos. En su debut en Barcelona las cosas ya no iban nada bien. “Estaba más torcido que un gancho. Terminó con un coma etílico en el hotel. Por la mañana los promotores de la fiesta le tuvieron que meter en un taxi rumbo al aeropuerto, porque no sabía ni dónde estaba”. La anécdota la cuenta uno de los presentes en aquel backstage de la Ciudad Condal que, aún a día de hoy, prefiere mantener el anonimato. Ese show tan solo era el décimo de la entonces incipiente carrera del dj escandinavo.

“Muchos músicos acaban sufriendo ansiedad y depresión por forzar tanto la máquina”, explica Klas Bergling en una de las charlas del IMS, donde también ha presentado la Tim Bergling Foundation, una asociación recién creada que lleva el nombre de su hijo y que trabaja para prevenir las enfermedades mentales y los suicidios entre los jóvenes. “Tim tenía contratos millonarios firmados y antes de anunciar su retirada de los escenarios tuvimos muchas discusiones acerca de qué había que hacer", recuerda. "Para él era un tema muy conflictivo, porque le encantaba este negocio y tenía expectativas muy altas cuando comenzó. Por un lado quería cumplir con los compromisos firmados, pero fue un alivio cuando pudo librarse de esas obligaciones”. Y continúa: “Pero antes de eso hubo un momento en que no admitía lo que le pasaba ni quería ir a rehabilitación, hasta que conseguimos que un psiquiatra le atendiera en su casa de Estocolmo y le convenció para que hiciera algunos cambios”. Aquello, por desgracia, no fue suficiente.

Perder la cabeza

La historia de Sasha, el galés que dio el pistoletazo de salida a la era de los dj estrella en la década de los 90, mantiene ciertas similitudes con la de Avicii, aunque con un desenlace más esperanzador. En un artículo publicado en The Guardian hace un par de años, él mismo explicaba cómo no pudo soportar su ascenso a la fama y cómo esa presión se manifestó en ataques de ansiedad. “Creí que iba a perder la cabeza. Estaba en la cabina con miles de personas frente a mí, pero yo solo podía pensar en que me estaba volviendo loco”.

En su charla del IMS, Sasha ahonda en esta cuestión: “Me llevó tiempo entender porqué la gente se acercaba a pedirme un autógrafo", confiesa. "Al principio ni siquiera les podía mirar a los ojos. Empecé a automedicarme con alcohol y toda clase de pastillas para poder salir de mi burbuja, porque interactuar con otras personas me resultaba muy incómodo debido a mi timidez”. El británico admite que antes el único contacto de un músico con los fans eran los directos, pero ahora todo el mundo está conectado 24 horas al día. “Un dj puede llegar a las seis de la mañana a su hotel en Tokio y cuando abre sus redes sociales y ve un comentario hiriente, igual se queda despierto toda la noche dándole vueltas. Además, por mi experiencia creo que cuanto más intenso es el éxito, más terribles pueden ser los ataques de pánico”.

El caso de Luciano, el popular dj chileno afincado desde hace años en Suiza, es parecido. Lo explica él mismo, durante una pausa en los pasillos del IMS: “En 2017 tuve una sobredosis en el aeropuerto de Fráncfort, por la que me tuvieron que llevar al hospital y casi no sobrevivo. Creí que me moría. Yo solía mezclar de todo: cocaína y alcohol como excitantes y opiáceos tipo Xanax para relajarme. Aquel día, después de estar cuatro horas pinchando y consumiendo de todo, me tomé una tableta entera de Xanax y por poco no lo cuento. Solo conseguí superar mi adicción cuando ingresé en un centro de rehabilitación. Allí me puse a estudiar cómo funciona mi cuerpo y cómo le afectan todas esas sustancias. Se podría decir que me curé a base de información”.

Luciano, durante una actuación. |

Aunque gigantes de la electrónica como Moby, Fatboy Slim o Steve Aoki aseguran estar “limpios” desde hace años, el día a día habitual del dj es otro bien diferente. “En un estudio estás tú solo haciendo música, totalmente aislado", sostiene Luciano. "En el momento en el que tienes éxito, empiezas a viajar y cambias todas tus rutinas y tu ambiente habitual. Y no tienes ni idea de cómo lidiar con todo eso. Yo era muy inseguro y quería agradar a todo el mundo. Cuando estás en un escenario eres como un actor, casi como un mono de feria: aunque tengas el peor día de tu vida, tienes que hacer creer a todo el mundo que te lo estás pasando en grande”. Y es entonces cuando la rueda de la adicción comienza a girar en serio. “Fueron muchos años de consumo y nunca encontraba la manera de dejarlo", recuerda el chileno. "Las últimas semanas antes de la sobredosis eran como estar metido en un agujero negro lleno de mierda. Era algo horrible, una cuestión de vida o muerte. Hasta que un profesional no te explica ciertas cosas, no ves salida. Pero esa ha sido la mejor decisión de mi vida”.

Una rehabilitación que para muchos dj resulta casi imposible debido a unas agendas de trabajo demenciales, como explica Pete Tong, emblemático locutor de BBC Radio 1 y uno de los fundadores del IMS. “Es un disparate mandar a alguien a pinchar a Dubai y que al día siguiente tenga que actuar en Los Ángeles. Y al siguiente en Nueva York y luego en Londres. Y todo eso en menos de seis días. Y así una semana tras otra. Es una auténtica locura”. El afamado dj francés Agoria refrenda las palabras de su colega: “Los seres humanos somos frágiles, incluso los adultos. Y Avicii solo era un chaval, pero ofrecía más de 150 shows al año, lo que es inhumano para cualquiera”, opina el autor del reciente Drift. “Pero lo principal como artista es saber por qué estás haciendo lo que haces", continúa, y se pregunta: "¿Para ser famoso? ¿Para ser rico? ¿O porque tienes algo que decir? Si esta última es tu principal motivación, tu presión acaba cuando finalizas tus discos o tus directos. Si estás en esto por las dos primeras razones y trabajas un montón en tu proyecto, pero no acabas de tener el éxito esperado, puede que termines con depresión, porque este puede ser un trabajo muy frustrante”.

Pete Tong, durante una actuación. |

Tristan Hunt, mánager de la británica Association For Electronic Music (AFEM), habla de una epidemia causada por la falta de sueño y problemas de ansiedad que derivan muchas veces en depresión. “Es un tema complejo que necesita atención. La muerte de Avicii ha catapultado las enfermedades mentales en la música electrónica a un primer plano, pero nosotros tenemos gente en nuestra asociación que lleva sufriendo esto mismo en silencio desde hace 20 años”. Para Klas Bergling lo fundamental para un músico es poder planear bien el día a día y los viajes de forma que pueda descansar adecuadamente, aunque también apunta que la presión depende de cada individuo en particular. “Pero una vez que adquieres malos hábitos, como mi hijo, es muy difícil cambiar",  admite. "Además, no hay muchos trabajos en los que puedas beber alcohol durante tu jornada laboral. De hecho, en la mayoría, si lo haces, pierdes tu trabajo de inmediato. En la música dance es justo todo lo contrario, porque incluso muchos mánagers animan a beber y a drogarse a sus artistas, cuando deberían cuidar de ellos”.

El doctor Norman Rosenthal, psiquiatra del Instituto de Salud Mental estadounidense (National Institute Of Mental Health), también presente en el IMS, incide también en la importancia del sueño. “El síndrome del desfase horario lleva a todo tipo de problemas, como el burnout, que siempre va aparejado a la depresión. Cuando llegan a esa situación, muchas personas no ven ninguna salida, se desesperan y pierden la conexión con la realidad y con la gente a la que quieren. Llega un momento en que el individuo deja de sentir los lazos que le unen con su familia y amigos”, comenta Rosenthal, que señala la depresión como la causa más común de suicidio: “Necesitamos entender que si seguimos presionando nuestro cuerpo como si fuera una máquina, va a llegar un momento en que se va a parar. Y drogas como la cocaína vacían aún más el tanque de reservas de energía. Y en muchas ocasiones, cuando los músicos acuden a esta clase de estimulantes es porque la luz roja de sus reservas ya lleva tiempo encendida”.

Luciano confirma lo dicho. “Yo era incapaz de salir al escenario si no estaba totalmente puesto. Después de mi accidente decidí invertir parte de mi tiempo en estar bien: no puedes dar felicidad al público si tú mismo no eres feliz. Tienes que estar cómodo en el escenario sin necesitar drogas para hacerlo. Yo antes me automedicaba permanentemente para cualquier asunto. Cualquier joven promesa del fútbol tiene a su alrededor médicos, dietistas y psicólogos desde que tiene 16 años. Pero los músicos no. A veces no duermes en varios días: pinchas, viajas y no descansas. Es entonces cuando empiezas a tomar estas sustancias para calmar tu estrés, porque nadie te ha enseñado a hacerlo de otra manera”.

El botón de 'stop'

El chileno, que acaba de cumplir 41 años y llegó a estar más de dos décadas consumiendo toda clase de estupefacientes, dice que lo sencillo sería culpar a alguien, y sentencia: “Pero si no quieres salir de ahí por ti mismo, es imposible". El dj chileno reconoce: "Puede que tengas alrededor a toda tu familia diciéndote que tienes que parar, pero no haces caso. Siempre encuentras excusas. Creas tu propio monstruo y hasta que tú mismo no aprietas el botón de stop, no hay nada que hacer”.

Pero ahí no se acaban las dificultades para cualquier dj de alto nivel, que la mayoría de las veces tiene que hacer todos estos estresantes viajes solo o, con suerte, acompañado de su mánager. “Superar mi adicción me llevó mucho tiempo, pero yo decidí que tenía que ser más responsable y menos estúpido" explica Luciano, y zanja. "Lo malo fue cuando volví a hacer giras y a pinchar, porque el ambiente de trabajo en la mayor parte de los clubs continuaba siendo el mismo: todo seguía rodeado de drogas y alcohol”.

El cementerio de Skogskyrkogården, donde está enterrado Aviccii. |