Cuando se hace memoria sobre el pasado de los Rolling Stones, una de las carreras más largas de la historia de la música, muchos pasan de puntillas ante uno de los momentos más complicados de la banda inglesa. Keith Richards lo recuerda así en sus memorias, Vida, recientemente reeditadas por la editorial Cúpula: “Los Stones no hicieron ni una sola gira entre 1982 y 1989, y no pisamos un estudio juntos entre el 85 y el 89”. ¿Qué ocurrió para que se produjera un silencio tan largo?

Si echamos mano de las principales revistas musicales de la época, veremos cómo en multitud de ellas Mick Jagger ya comenzaba a distanciarse del grupo. “Salir de gira con Dirty Work podría haber sido una pesadilla. Cada uno odiaba a los demás. Todos estaban descerebrados y Charlie estaba en muy baja forma. Hubiera sido la peor gira de los Rolling Stones. Probablemente hubiera sido el fin del conjunto”, explicaba Jagger a Jann Wenner, el fundador de la mítica cabecera norteamericana Rolling Stone. El cantante se refería así a la edición de uno de sus trabajos más curiosos, que contó en la producción con Steve Lillywhite, el hombre detrás del Boy de U2 o de hits ochenteros de Phil Collins y Peter Gabriel. Un montón de composiciones en las que casi ni intervino Jagger. “A menudo considerado como un fracaso y como el álbum menos interesante de los Rolling Stones, puede ser visto como el modelo para los álbumes en solitario de Keith", escribió Stephen Davis en Los viejos dioses nunca mueren (2006, Ma Non Tropo).

Jagger, un año antes, ya había publicado su ópera primera, She’s the Boss, que contó con Nile Rodgers y Bill Laswell a los mandos, cuya grabación tendría lugar en los legendarios Compass Point Studios de Bahamas. Jagger necesitaba tomarse un descanso de sus compañeros y, por qué no, lanzarse hacia sonidos más accesibles. Su primer single fue número uno en las listas de rock mainstream de Estados Unidos. ¿Qué opina Richards de aquel disco? “Nunca he llegado a escucharlo entero. Es como Mein Kampf: Todo el mundo tenía una copia, pero nadie lo escuchaba”.  Más claro que el bourbon que corre por sus venas. Casi sin pausa, en las navidades del año siguiente, el cantante se lanzaría a grabar Primitive Cool, su segundo vinilo sin los Stones. 

Mientras tanto, Jagger fue refiriéndose a sus compañeros con tono despectivo en publicaciones de todo tipo. “Leí en un tabloide inglés que Mick había dicho que los Rolling Stones eran como una losa colgada al cuello”, cuenta Richards algo contrariado en su autobiografía. “Efectivamente, lo dijo. Trágate esa, cabrón. No me cabe ninguna duda de que una parte de él pensaba eso, pero decirlo era otra historia”. Y en ese mismo momento se declaró la Tercera Guerra Mundial.

Hoy recordamos este episodio crucial de los Glimmer Twins, que era como firmaban Jagger y Richards, porque se ha reeditado Talk is Cheap, la respuesta en clave discográfica del guitarrista en aquel periodo. Un disco que estuvo a punto de dar al traste con una carrera de más de 25 años de los Rolling Stones. Richards recuerda en entrevistas recientes, con motivo del anuncio de esta reedición, que él no tenía ningún interés en meterse en un estudio y ser quien diera las órdenes. Ni se veía capaz, ni era algo que le llamara la atención. Pero visto el desdén con el que Jagger les estaba tratando, debía hacer algo. Y vaya si lo hizo, se sacó de la manga uno de los mejores discos de rock de los ochenta. Con una formación de lujo, que tuvo a algunos de los instrumentistas más grandes del firmamento musical.

Canciones desde las entrañas

Antes de entrar a destacar aquel tour de force, que tuvo en la figura de Steve Jordan a uno de sus mejores correligionarios, es necesario valorar también el momento sentimental que Richards estaba viviendo. En una entrevista que concedió a Rolling Stone en octubre de 1988 se autodenomina “hombre de familia”. Muy lejos de la imagen que años después se impondría como animal que desayunaba, día sí día también, heroína y alcohol. “Ahora con cuarenta y cuatro años, Richards se describe a sí mismo como un hombre hogareño”, relataba el periodista Anthony Decurtis en el mensual neoyorquino. Además de los dos hijos adolescentes que tenía de su tormentosa relación con Anita Pallenberg, era padre de dos niñas pequeñas de su matrimonio con la modelo Patti Hansen. “Se ve maltratado, pero en forma; se aprecian unos bíceps bien desarrollados”, terminaba comentando Decurtis.

Con este papelón, Richards se lanzó a promocionar su debut, para el que alistó a nombres con los que llevaba años queriendo trabajar. El más sonado fue el de Johnnie Johnson, el legendario pianista de Chuck Berry, que en ese momento trabajaba como conductor de autobús en Saint Louis. “A raíz de aquello volvió a tener la oportunidad de tocar en público con un piano en condiciones y, durante el resto de sus días, se dedicó a actuar por todo el mundo con mucho éxito”, afirmaba orgulloso Richards. A Johnson podemos escucharle en el tema I Could Have Stood You Up, al lado del teclista Chuck Leavell, el bajista Joey Spampinato y Mick Taylor, único miembro de los Stones que participó. A lo que había que añadir a los X-Pensive Winos, que era el apelativo que recibió la superbanda de acompañamiento de Richards, en homenaje a un champagne de más de mil dólares del que disfrutaron en las sesiones celebradas en Quebec.

Aquellos X-Pensive Winos estaban liderados por un joven Steve Jordan, que venía de tocar en la banda del late-night de David Letterman y que una década antes, con tan solo veinte años, fue el batería de los seminales Blues Brothers de Dan Aykroyd y John Belushi. Un honor que también le hizo debutar en otro programa nocturno, Saturday Night Live. Jordan fue el único músico, aparte Jagger, que tuvo la suerte de firmar a cuatro manos las canciones de Richards. “Me di cuenta de que podía hacer lo mismo [que con Mick] escribiendo con Steve Jordan. Esa fue la otra gran cosa: encontré a alguien más con quien trabajar. Para mí, el trabajo en equipo es importante”, describía Richards en el 88. Casi nada, para un músico relativamente novel. Los otros miembros de aquellos Winos eran Sarah Dash (vocalista que con tan solo quince años debutó con Patti Labelle and the Bluebelles), Charley Drayton (bajista todoterreno y habitual en directos de Neil Young, Herbie Hancock o Johnny Cash), Ivan Neville (hijo de Aaron Neville e integrante ocasional de los Neville Brothers, poco más que añadir), Bobby Keys (músico que aparece en grabaciones de George Harrison, Harry Nilsson o Joe Cocker) y Waddy Wachtel (el hombre que daba respuesta con su Fender Stratocaster a la guitarra de Richards).

Fruto de aquella asociación Richards pronunciará la famosa frase: “Si me das los tipos adecuados, te daré una banda que suene como si hubieran estado juntos durante dos o tres años. Los haré sonar como un grupo”. Todos los temas que aparecen en Talk is Cheap reflejan esa conjunción. Una armonía perfecta. Take it so hard fue el sencillo de aquel álbum, con claros regustos stonianos. Pero en él también podemos encontrar algo de boogie-woogie, blues, soul y hasta funk, de la mano de los Memphis Horns (Wayne Jackson y Andrew Love), los hombres detrás del sonido Stax, y dos de los músicos más relevantes de James Brown: Maceo Parker y Bootsy Collins, quien se cruzó medio país en coche para tocar en Big Enough

El conflicto con Jagger se solucionaría un año más tarde. Richards, de todos modos, ya fue lanzando mensajes en entrevistas que iba concediendo: “Aún estamos juntos, a la vanguardia, y esta es una de las posibilidades más emocionantes de la carrera de los Stones”, declaraba al diario The Washington Post en noviembre de 1988. Dos meses más tarde arreglarían una reunión informal en un lugar neutral, los estudios de Eddy Grant en Barbados. “Hubo un breve intercambio de pullas, pero luego nos entró la risa al recordar las cosas que nos habíamos dicho en la prensa”, recuerda Richards en Vida.

Lo que vino después ya es sabido por todos. Gira de Steel Wheels, con Mark Fisher firmando uno de los escenarios más grandiosos de la historia de los Rolling, y posterior y definitivo encumbramiento de la banda hasta el día de hoy. Talk is Cheap fue el disco que estuvo a punto de separar definitivamente a Jagger y Richards pero, de alguna manera, le sirvió de vía de escape a este último, necesaria para su posterior reconciliación. Y todos salimos ganando de aquello: gracias a su lucha de egos, hoy podemos disfrutar de uno de los más sublimes tratados de rock.