Los novios, la célebre novela del poeta romántico italiano Alessandro Manzoni, se basó en una historia real de una truculencia sorprendente. En el Milán del siglo XIV, la llamada ‘monja de Monza’, la bella novicia Mariana de Leyva, tuvo una intensa relación clandestina con el Conde Gian Paolo Osio. Tras el nacimiento del único hijo de la pareja, el Conde se obsesionó por mantener el noviazgo en secreto y se embarcó en una delirante espiral homicida, matando a cualquiera que amenazase con revelar la identidad de su amante y de su hijo ilegítimo.

El aristócrata fue apresado y condenado a muerte por sus múltiples crímenes, pero consiguió huir de la justicia y refugiarse en el palacio Isimbardi, hogar de su buen amigo el senador Cesare Taverna. Semejante decisión resultó fatal: Taverna decidió desembarazarse del Conde ordenando a uno de sus servidores que lo asesinase en los sótanos de su residencia. Un crimen que forma parte de la crónica negra milanesa pero que no ha sido obstáculo para que el palacio Isimbardi, un hermoso ejemplo de arquitectura civil pre-renacentista, conserve todo su prestigio y esplendor.

La señorial morada ha ido cambiando de manos con cierta frecuencia desdel el siglo XV. Hoy ya no es propiedad de ninguna familia aristocrática, sino del ayuntamiento de la capital piamontesa, que lo utiliza como sede para exposiciones de arte y otras actividades culturales. Durante la semana del mueble, el palacio sirvió de escenario para una instalación artística realizada por el arquitecto francés Arthur Mamou-Mani y la marca de moda COS.

De una delicadeza monumental, Conifera es una de las impresiones 3D más grandes jamás realizadas. Básicamente, transforma el espacio arquitectónico en una originalísimo bosque de material sintético que, a la vez, parece un escenario propio de un videojuego de los 90 transplantado a la Italia del Renacimiento. Los autores de tan curioso proyecto han querido proponer un diálogo artístico entre naturaleza y arquitectura y entre el mundo físico y el digital.

Instalado en Londres desde hace varios años, Mamou-Mani se ha especializado en la aplicación de tecnologías emergentes al diseño y la arquitectura. Una de sus obras más destacadas fue una instalación efímera realizada durante el festival Burning Man de 2018 y que bautizó como ‘el templo’, un vórtice de maderas retorcidas plantado en medio del desierto en un intento de crear un espacio ‘sagrado’ en el que practicar la meditación y adorar a la madre naturaleza. Con él hablamos de su presencia en la Semana del Mueble y de su visión personal sobre el futuro de la arquitectura.

 

¿Cómo describiría usted su estilo?

Apuesto por un tipo de arquitectura que se base más en construir algo físico que en hacer una planificación etérea. Como buen alumno que fui de la Architectural Association, siempre he tenido claro que la arquitectura es más una suma de procesos orientados a fabricar algo material, algo tangible, que una simple sucesión de decisiones arbitrarias tomadas en el espacio vacío de la abstracción.

 

¿Qué ventajas tienes para usted el uso de herramientas digitales con respecto a los procedimientos más tradicionales?

Yo utilizo tanto ordenadores como herramientas de fabricación robotizadas porque me permiten simplificar los procesos sin que por ello pierdan su carácter artesanal. Me interesa crear objetos físicos a partir de tecnologías digitales. Es como una interacción fértil entre dos mundos.

¿Cómo surgió la posibilidad de colaborar con COS en este proyecto?

En 2018, mientras estábamos trabajando en el templo del Burning Man, ellos se pusieron en contacto con nosotros y nos mandaron un breve sumario de lo que querían hacer. Nos resultó inspirador pasar sin transición de trabajar en el desierto de Nevada a transformar un palacio renacentista en Milán. Y también nos pareció atractivo que ellos manejasen ideas similares a las nuestras sobre temas como la democratización de la tecnología o el uso de algoritmos en el diseño y la creación artística.

 

¿Cómo definiría el proyecto?

Es una instalación que empieza en una de las salas del castillo y acaba en su jardín exterior, marcando así una transición entre lo artificial y lo natural a través de una serie de módulos basados en algoritmos de diseño y creados mediante la impresión en 3D. Hemos utilizado tanto madera como plásticos biodegradables, para enfatizar ese diálogo entre el mundo físico, el de la naturaleza, y el de las creaciones humanas digitalizadas y robotizadas.

 

¿De qué manera cree usted que las nuevas tecnologías pueden contribuir a transformar la arquitectura?

Creo que la arquitectura acabará aceptando la idea de reversibilidad. Es decir, que de la misma manera que los edificios se construyen acumulando piezas, pueden también deconstruirse y alguna de esas piezas sustraídas al conjunto pueden reciclarse y dedicarse a otros usos, incluso transformarse de nuevo en materia prima, realizando por tanto el camino de vuelta a la naturaleza. La arquitectura basada en módulos hará eso posible. Es un proceso lógico al que no podemos ni debemos resistirnos. La arquitectura del futuro debe basarse en la sostenibilidad y el reciclaje. No podemos pensar en los edificios como en objetos definitivos, debemos empezar a concebirlos como parte de un proceso continuo de construcción y deconstrucción.