Si algo tan fundamental para la supervivencia del ser humano como el fuego, el agua o la comida, eso es un hogar. Un techo bajo el que cobijarse. Desde que el mundo es mundo, tendemos a construir estructuras físicas que nos protejan de la intemperie, que no nos dejen a merced del frío, la lluvia o cualquier otro de los caprichos, en ocasiones destructivos, de la naturaleza.

La proyecciones estadísticas apuntan a que más del 68% de los habitantes del planeta vivirán en entornos urbanos en 2050. Por supuesto, muchos se enfrentarán a la precariedad material, el hacinamiento, la polución y la insalubridad de la vida en ciudades potencialmente degradadas. Nunca antes había sido tan importante cómo y dónde vivimos, cómo necesitamos que sea el tcho que cubrirá nuestras cabezas. Y precisamente sobre ello reflexiona el arquitecto en su proyecto para la empresa de calzado Tod's (en el marco de No Code, el programa de iniciativas artísticas y culturales de la marca), presentado hace unos días durante la Semana del Mueble de Milán.

 

Historia interactiva de los hábitats humanos

Situada durante la Feria en el imponente Spazio Cavallerizze, la instalación de Caputo es una enorme alfombra que reproduce con precisión las huellas topográficas de una aldea africana. En ella, el arquitecto despliega los diferentes tipos de estructuras habitables que se han ido adoptando en África a lo largo de la historia, de las viviendas de barro de los Musgum cameruneses a los campamentos efímeros de los beduinos del Sáhara y el Sahel.

Eso sí, las reproducciones de estas viviendas tradicionales han sido realizadas con técnicas y materiales rabiosamente modernos, del suelo de cristal sintético de la yurta nómada a la combinación de metal y madera utilizada en su versión de las cabañas de pastores senegalesas. Eso permite introducir innovaciones como un original sistema de recogida del agua de lluvia, en lo que Caputo describe como “un intento de explorar las posibilidades de optimización de la arquitectura popular más modesta para hacer que resulte más eficaz y sostenible”.

 

Tensión creativa

El autor de la instalación expplica que se trataba de “mantener la tipología, la forma y las dimensiones de las construcciones originales, pero actualizando tecnologías y materiales para conseguir una tensión creativa”. Para él, era importante no conformarse con hacer proyecciones virtuales de sus ideas, una opción que se barajó al principio: “Yo quería que fuese algo material, tangible. Que nuestras ideas para optimizar las construcciones tradicionales pudiesen materializarse”.

Según nos cuenta Caputo, el proyecto tiene una clara vocación pedagógica: “Queremos mostrarle a la gente cómo fueron construidas esas yurtas, esas cabañas. Qué materiales se utilizaron, cómo fueron evolucionando las técnicas de construcción, a qué problemas concretos se enfrentaron y cómo consiguieron resolverlos”. Todo ese proceso se explica en una serie de vídeos mostrados en el interior de las propias construcciones. En ellos intervienen profesionales de la arquitectura expertos en historia y antropolgía, incluidos el dúo de diseñadores Fornofantasma, el director de arte japonés (y piloto de carreras) Mai Izuzawa o el titán del diseño Marcello Gandini.

 

Hazlo tú mismo

Caputo se ha propuesto también celebrar la espontaneidad, informalidad y competencia artesanal de estas construcciones, verdaderos ejemplos de arquitectura de supervivencia y del ‘hazlo tú mismo’ tan caro a la música punk, pero también a cualquiera que se esfuerza por crearse unas condiciones de vida dignas con pocos recursos. Detrás de su trabajo hay varios meses de investigación y reflexión crítica sobre tan importantes cuestiones. Algunas de las ideas expuestas han sido inspiradas por la sabiduría colectiva de luminaria como Lloyd Kahn, Stewart Brand o D.C. Beard, personas que no solo se plantearon posibles alternativas al modelo inmobiliario moderno, serializado y especulativo, sino que en ocasiones intentaron también llevarlo a la práctica.

Caputo destaca lo mucho que le influyó la lectura de la revista contracultural Whole Earth Catalog, de Stewart Brand: “Lo decubrí hace 20 años y cambió mi manera de entender la arquitectura”, nos cuenta. “Me fascinó comprobar que existía toda una comunidad de visionarios dispuestos a vivir de manera coherente con sus valores, creando comunidades utópicas en lugares como el sur de California o el desierto de Arizona, reivindicando sin quejas y con una actitud creativa y entusiasta su derecho a hacer las cosas de manera distinta a lo habitual”.

¿Podría toda esa efervescencia contracultural volver a ponerse de moda? “Es muy difícil”, concede Caputo. “Esas ideas siguen siendo populares entre personas de sensibilidad poco convencional, pero es cada vez más complicado llevarlas a la práctica en los intensamente urbanizados países occidentales. En los 60 y 70, existían zonas grises en las legislaciones urbanísticas que permitían construir al margen de la norma incluso en parajes naturales en los que ahora está prohibidísimo. Digamos que hay menos opciones materiales de llevar a la práctica proyectos urbanísticos alternativos como los que se realizaron en aquella época. Pero trabajos como el mío intentan mantener vivo aquel espíritu y convertirlo en una base para reflexionar sobre el futuro, sobre la arquitectura autosuficiente, sostenible y ecológica que tenemos que esforzarnos por desarrollar entre todos”.