Recibió el encargo de resucitar al detective creado por Vázquez Montalbán y aceptó. Era una apuesta arriesgada, pero ha salido bien. No hay que hacer mucho caso al título del libro, Problemas de identidad, Pepe Carvalho de Carlos Zanón sigue siendo el de siempre aunque esté algo cambiado, deambulando por un nuevo siglo en el que los chefs son estrellas televisivas y el mundo cabe en un simple teléfono de alta gama.

Fiel a sus raíces musicales –ejerce eventualmente como periodista musical- y a su yo poeta, el autor de obras emblemáticas como Taxi y Yo Fui Johnny Thunders nos habla de cómo todas estas posibilidades se cruzan hasta fundirse en una forma literaria torrencial y precisa a la vez. Y por supuesto, nos habla también de cómo ve él a ese Carvalho que ahora también le pertenece un poco más

 

Ha dicho que sentía cierto vértigo ante la salida de Problemas de identidad. ¿Se le ha pasado ya? ¿Qué siente ahora respecto a la novela?

Sentí vértigo el último mes antes de la salida. Era muy incierta la recepción del libro. Yo sabía que podía escribir un buen libro pero no era un libro cualquiera. Ahora estoy tranquilo y con ganas de dejarlo atrás. Creo que las expectativas a todos los niveles han sido mejores de las esperadas y además es un libro que se puede insertar en los otros míos, no es algo postizo.

 

Dice que su Carvalho es como el Rick de Casablanca. ¿Hay alguna estrella pop que se pueda comparar a Carvalho?

Leal, escéptico, tan tierno como duro y apátrida. No tengo ni idea de quién podría ser eso y cantar canciones pop. Alguno con una guitarra al hombro matando fascistas. Ni idea.

Lupe de la Vallina

 

En muchos momentos, su prosa tiene la energía de una canción. ¿Fluiría de la misma manera sin la música o también tiene que ver con el hecho de que venga usted de la poesía?

T.S. Eliot decía que cuando la poesía se aleja de la música, de hecho se está alejando de la poesía. En este sentido, creo que mi prosa está muy afectada de mi manera de escribir, de alguien que viene de la poesía. Todo está muy mezclado. La literatura ha de sonar, la página ha de buscar la armonía, la melodía, los arreglos. Es arte popular de gente autodidacta generando instrumentos culturales sofisticados. Piensa en los letristas anónimos del flamenco o del blues.

 

Coloca a Carvalho en el Bowery y lo relaciona con personajes como Willy De Ville y Debbie Harry. ¿Es su manera de vengarse de un personaje que en su encarnación original detestaba la música pop?

También le convierto en amigo de Doc Pomus (con cameo incluido). Sí, Manuel Vázquez Montalbán hace decir a Carvalho que solo tiene un single, Penny Lane, y porque le tocó en una tómbola. Podía haber sido peor. Podría haber sido Ob-la-di, Ob-la-da o Revolution nº9.

 

¿Cuáles son los ingredientes necesarios para que una novela negra sea negra? ¿Hay que ceñirse a un libro de estilo o, como en otros casos, el género ha evolucionado para abrirse?

La esencia del género es mezclarse, ser un género bastardo. Otto Penzler señaló que lo noir, como lo pornográfico, resulta difícil de definir, pero todo el mundo lo reconoce cuando lo está leyendo. Son historias existenciales narradas por personajes moralmente discutibles que siempre eligen mal, historias que aún acabando bien, te dejan un sentimiento de derrota, de amargura. Personajes que solo encuentran en lo violento la manera de conseguir lo que quieren, de escapar del lugar dónde están. De ahí lo social.

 

También ejerce usted la crítica literaria. ¿Qué le aporta a un escritor analizar el trabajo de otros escritores? ¿Y qué ocurre cuándo la crítica no es favorable y acaba dándose de morros con el autor en cuestión en una feria o algún otro evento?

Como escritor, la crítica no me aporta nada, pero creo que uno que trabaja las tripas de un libro puede, a veces, distinguir cosas. Tampoco estoy muy seguro de eso. A mí me entusiasman los libros. El territorio de lo literario me sigue fascinando. Hacer crítica de tus vecinos no es algo que todo el mundo esté dispuesto a hacer. ¿Por qué buscarte enemigos por cuatro duros? No consiste en eso. Consiste en respetar tu trabajo. Como crítico y escritor. Sin ese punto, todos los libros serán el libro de la década y todos los autores serán Roberto Bolaño. Mis críticas siempre son honestas. Me puedo equivocar o pasarte de frenada pero siempre expresan lo que he visto. Nunca me he encontrado en ninguna situación desagradable. También a mí me han hecho críticas malas y no he querido golpear hasta la muerte al autor de esa crítica. Pero si alguna vez me encuentro en algún lío, me temo que seré muy poco lírico.

Lupe de la Vallina

 

Carvalho sigue quemando libros. ¿Ni siquiera en la era donde manda lo virtual hay manera de convencerle de que los conserve?

Pensé que me divertiría y lo cierto es que da muy mal rollo quemar libros, aunque sean quemables.

 

Paul Simonon, Palace Brothers… La música le inspira emociones y le ofrece personajes también en sus poemas. Incluso diría que la portada de Banco de sangre, su último poemario hasta la fecha, tiene algo que ver con el primer disco de Bon Iver.

Sí, totalmente. Hasta el título es de una canción de Bon Iver. Lo señalo en la primera página aunque como decía Godard lo importante no es de dónde lo saques sino dónde lo pongas. La música popular, pop, rock en mi caso, te ofrece una mitología, un mapa sentimental, un cuadro de mandos.

 

¿En qué momento sabe cuál es el próximo libro que va a escribir?

Es muy misterioso. Tengo que ver una escena extraña que me diga: escríbela. Todo muy Lynch. Sin guión, solo una brújula en el estómago.