Cuando aún estaba en Velvet Underground, Lou Reed escribió una canción titulada That’s the Story of My Life, (Esa es la historia de mi vida). En la letra, breve y concisa, Reed, con su habitual precisión poética, atrapaba con solo unas palabras ese signicado que tan complicado resulta descifrar: “Esa es la historia de mi vida / esa es la diferencia entre lo que está mal y lo que está bien”.

Lou Reed fue un artista prodigioso, y como es sabido, bajo cada artista prodigioso se encuentra un ser humano. O lo que es lo mismo, sobre cada uno de esos creadores hay escrita toda una vida. El artista es la persona que posee el don de interpretar la realidad y transformarla, para intentar así ayudarnos a comprenderla y también a soportarla. Nadie destinado a llevar a cabo semejante tarea posee una personalidad corriente, y aún menos una existencia común.

Lou Reed fue uno de los grandes artistas del siglo XX, un pionero que logró unir la poesía con el rock and roll. Trabajó y se relacionó con otros grandes creadores de su época, como John Cale, Warhol, Bowie, Paul Auster, Laurie Anderson, Wim Wenders, Ornette Coleman o Julian Schnabel; estuvo al frente de Velvet Underground, una de las bandas de rock más decisivas de la historia, y en solitario grabó discos que abrieron nuevas puertas a esa necesaria unión entre literatura y música pop: Transformer, Berlin, Street Hassle, The Blue Mask, New York, The Raven, Lulu...

La vida y la carrera de Lou Reed merecían un relato que, en cierta manera, hiciera justicia a ambas. Al escritor que iba de la mano del músico, al autor que nos enseñó a ver el mundo a través de prismas que no eran en absoluto convencionales, mostrándonos los infnitos colores que posee la verdad. Reed nunca juzgó a sus personajes, simplemente nos aproximó a ellos, nos enseñó a comprenderlos a través del lenguaje —bello, real, atroz— de su literatura.

Seres con los que él mismo convivió y de los que aprendió, tal y como se nos cuenta en este libro, leyendo a Ginsberg, a Burroughs, a Gore Vidal, a John Rechy, a Hubert Selby. Se han escrito otras biografías de Lou Reed antes, pero resultaba necesario un texto que nos lo presentara con la misma limpieza con la que él describía a sus creaciones humanas. Un libro que intentara acercarnos a ese personaje del que tanto se ha escrito y del que, sin embargo, no se ha dicho lo su ciente.

Lou Reed: una vida acaba definitivamente con esa carencia. Tanto los estudiosos como los neófitos deben estar agradecidos a DeCurtis. Los primeros, porque al fin podemos sumergirnos en una biografía que aborda de forma rigurosa y documentada la trayectoria vital y creativa de Reed, aportando datos y voces que son de gran ayuda a la hora de descubrirlo y entenderlo. Los segundos porque, si eligen sumergirse en un libro de estas características, se ahorrarán la carga de tópicos y malentendidos que suelen rodear al protagonista en cuestión. Y en ambos casos está el placer de comprobar que esta es una historia narrada a través de los ojos de un periodista que posee la sensibilidad de un literato.

Dice DeCurtis en su introducción que este libro nunca podría haber sido escrito mientras Reed vivió.́ Su muerte el 27 de octubre de 2013 marcó el inicio del fin de una época, seguramente el de la segunda mitad del siglo XX. No mucho después, perdimos a Bowie, a Leonard Cohen y a Prince. Pero Lou Reed fue el primero de los grandes iconos culturales de la era pop que desapareció en este nuevo siglo. Para todos los que crecimos y aprendimos escuchando, leyendo, viendo, experimentando cierto tipo de literatura, música, pintura o cine, su muerte resultó algo tremendamente impactante.

Un acontecimiento doloroso —quizá también porque tuvo lugar siendo ya sus admiradores personas de mediana edad— que resultó ser el primer aviso, la primera grieta en el muro invisible que, a través de nuestros artistas predilectos, construimos para descifrar la vida y también para aliviarnos cuando esta se hace demasiado cruel. En ese sentido, la lectura de Lou Reed: una vida es también una suerte de terapia. Nos ayuda a reencontrarnos de una manera digna, sobria y fascinante con esa figura que se fue para siempre y que, sin embargo, nunca dejará de vivir entre nosotros. Con la irrupción de la muerte de quienes nos rodean se hace imprescindible saber más. Este libro nos ofrece la oportunidad de saciar ese impulso.

Cuando el autor de este libro afirma que él veía a Lou Reed de la forma en la que él se veía a sí mismo nos está dando una gran noticia. Ser biógrafo y a la vez ecuánime no resulta fácil. Saber observar y analizar al protagonista del relato implica sortear muchas trampas. En el caso de Lou Reed, era importante no dejarse engañar por el mito que, durante la década de los setenta, él mismo ayudó a edificar alrededor de la decadencia, la bisexualidad y la vida en las calles. El personaje arisco e imprevisible que nosotros, los periodistas, admiramos y temimos a partes iguales.

Las alusiones a las drogas y al sexo son solo parte de un mosaico que abarca mucho más. Pero fue eso lo que nos recordaron los titulares y las entrevistas durante años y años. El rey de la depravación, el ángel negro de Nueva York. Es obvio que cuando Reed protagonizaba algún desaire a un entrevistador no estaba exento de motivos para ello. Además, es evidente —y eso también lo explica DeCurtis— que como buen artista prodigioso, al personaje le costaba regresar a la persona.

En Fallen Knights and Fallen Ladies, un ensayo fechado en 1971, que versaba sobre los difuntos del rock, Reed nos ofrecía una pista para intentar desentrañar ese enigma: “El cantante posee un alma, pero tiene la sensación de que, cuando baja del escenario, nadie le ama. O peor aún, tiene la sensación de que no resplandece más que en el escenario, y que fuera de él se marchita, un caparazón tan común como una gardenia Pero ¿no somos todos tan iguales como copos de nieve?”.

Lou Reed: una vida es el libro que el personaje y la persona merecían. Un trabajo exhaustivo y justo cuya lectura no quisiera demorar más con estas líneas. El viaje que plasma DeCurtis tiene la fluidez de una novela y todos los ingredientes de un gran reportaje.

Nunca sabremos la opinión de Reed acerca de esta obra, incluso si aún lo tuviéramos entre nosotros. Sabemos, en cambio, que respetaba a su autor porque era un profesor de Literatura que también escribía sobre rock and roll. Él, que tuvo en Delmore Schwartz, escritor que detestaba esta música, a su primer gran mentor, sabía mejor que nadie el valor de esa conjunción. Parafraseando de nuevo esa pequeña y maravillosa miniatura country de Velvet Underground, esta es la historia de su vida. Esta es la diferencia entre lo que está mal y lo que está bien.

Rafa Cervera, El Saler, Valencia, febrero de 2019