Aunque España no cuenta con una ley actualizada de mecenazgo, sí que existen fórmulas para pagar menos impuestos contribuyendo de paso a la promoción del arte y la cultura. Sin embargo, los expertos consultados coinciden en que resultan un tanto insuficientes. Por extraño que pueda parecer, en estos momentos resulta más sencillo para un autónomo desgravarse la compra de un nuevo Iphone que la adquisición de un cuadro de un artista español emergente.

Hace apenas una semana, decenas de expertos se reunieron en el campus de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Miguel Hernández (UMH) para reclamar una nueva ley de mecenazgo que evite que España acabe a la cola de Europa en inversión científica y cultural.  “En los países de nuestro entorno se fomenta más el ámbito civil. Aquí lo tenemos que facilitar a través del desarrollo de unos instrumentos legales que muestren a la sociedad los beneficios de la participación. Uno de los problemas tradicionales es que los patrocinios se han asociado siempre a las grandes empresas y no debe ser así”, explicó el decano de la facultad, Fernando Miró, que abogó por dar ventajas fiscales a los micromecenazgos y el confundidor para facilitar que los ciudadanos puedan desgravarse este tipo de inversiones.

“En Francia, en Rusia o en Estados Unidos existen leyes que favorecen la adquisición de obras de arte. España, por desgracia, está perdiendo ese potencial, que en última instancia va a repercutir en la calidad de nuestro patrimonio cultural”, explica Juan Antonio Molina, del Bufete Irías, especializado en asesoramiento en el mercado del arte.

 

El mecenazgo en otros países

“En Rusia, por ejemplo, la nueva ley da enormes ventajas a los compradores de arte, a condición de que cedan sus obras durante diez años a los museos del país. Esto tiene dos grandes ventajas. Por un lado, para el inversor, que se beneficia de esos descuentos en la adquisición y se ahorra durante diez años los gastos, seguros y conservación de la obra, sin perder la propiedad de la misma, mientras se encuentra cedida a un museo. Por el otro, el patrimonio ruso se beneficia de un enorme catálogo de obras que puede exhibir en sus museos sin necesidad de adquirirlas con coste a las arcas públicas”.

Mientras llega a España la eterna promesa de una nueva ley de mecenazgo que introduzca nuevas alternativas que den facilidades para que los ciudadanos puedan participar en el arte, la cultura y la ciencia, Juan Antonio Molina pinta un panorama desalentador. “A día de hoy, en nuestro país, existen pocas ventajas fiscales para aquellos que inviertan en arte”, lamenta el experto. Y añade: “Puede uno desgravar las donaciones –si cediésemos al Estado una obra de arte- o la adquisición y los gastos de mantenimiento de piezas, siempre que estén inscritas en el Catálogo de Bienes de Interés Cultural, lo que limita mucho el tipo de obras y también el valor como inversión, puesto que son piezas protegidas que no son fáciles de vender y que en muchos casos ni siquiera pueden salir del país”.

Existe una manera de desgravar con una obra de arte, aunque el Goya que adquieras no puedas colocarlo en el salón de tu casa. “El Museo del Pardo, por ejemplo, desarrolló una fórmula de micromecenazgo para la adquisición de obras de arte cuyo precio no podía asumir el Estado. En este caso, los ciudadanos pueden aportar dinero para la adquisición de la obra y desgravarse el 15% en el IRPF, pero el cuadro o la escultura, pertenecerá al Museo del Prado. Al final, no deja de ser una donación”.

Matt Dunham

 

Invertir en cine y artes escénicas

Si quieres reducir tu factura con Hacienda y apoyar la creación cultural y artística española la opción más ventajosa en estos momentos es hacerlo a través de una Agrupación de Interés Económico (A.I.E), que ofrece importantes ventajas fiscales para la creación de espectáculos en vivo, como conciertos, obras de teatro, danza u obras cinematográficas.

El abogado Jorge Cortés apunta en su web: “Las inversiones en producciones españolas de largometrajes cinematográficos y de series audiovisuales de ficción, animación o documental, que permitan la confección de un soporte físico previo a su producción industrial seriada dan derecho al productor a una deducción del 25% respecto del primer millón de base de la deducción y del 20 % sobre el exceso de dicho importe”. ¿Y qué papel juega el individuo?

“La mayoría de las películas que se producen en este país tienen detrás una A.I.E”, explica Alfonso Padilla, de Padilla y Asociados, una asesoría fiscal que ha participado en numerosas producciones cinematográficas españolas “Esta opción ofrece un retorno elevado de rentabilidad, a través de un menor pago impuestos. Si una persona física o una sociedad tiene que pagar, por ejemplo, 100.000 euros a Hacienda, invirtiendo 50.000 euros en una película, se desgravaría el total de la inversión más el 20%. O sea, tras la inversión pagaría a Hacienda únicamente 40.000 euros. Un ahorro de 60.000”, aclara el experto.

A diferencia de las artes plásticas, el arte audiovisual y escénico tiene el camino hacia la desgravación más allanado: “Cualquiera puede entrar en una de estas agrupaciones. No es necesaria una cantidad mínima para entrar en una A.I.E. y convertirse en productor, aunque depende siempre del tamaño del proyecto. Este tipo de entidades, además, están siempre buscando inversores”, añade.

Y llega la pregunta inevitable:  ¿Cómo podemos entrar en el negocio del cine y a la vez pagar menos impuestos? No hay una respuesta válida para todos porque, como decía Ortega, somos nosotros y nuestras circunstancias. Padilla zanja añadiendo que se trata de un tema complejo y que son muchas las variables a tener en cuenta: “Ante la duda, pregúntale a tu asesor fiscal”.