Hay un lugar común en el análisis político, simple en la forma pero sensato en el fondo, que dice que todos deberíamos tener derecho a votar al presidente de Estados Unidos. Las decisiones que se toman en la Casa Blanca no nos son ajenas, vivamos en Washington o en Segovia, y más aún en un momento en que el mundo se transforma para adoptar una faz nueva, y en un muchos aspectos inquietantes. ¿Qué mundo nos dejó Barack Obama? ¿Y en qué medida nos afectará que Donald Trump esté (y pueda seguir estando) en el cargo? ¿Ha sido un legado positivo o se ha plantado la semilla del conflicto? Para arrojar luz, hablamos con Jorge Verstrynge, ex político, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, polemista agudo y persona acostumbrada a dialogar de manera fértil con el presente.

PORT: ¿Podemos hablar de un legado político fuerte de Barack Obama? Sus críticos le acusan de haber hecho una política más cosmética que profunda, y su partido ha perdido el poder para mantener ciertas implementaciones, como el 'Obamacare'.

Jorge Verstrynge: Hay un legado, y ha sido particularmente beneficioso para el país, en especial el proyecto de comunitarización: dar voz a las minorías, mujeres, latinos, negros, homosexuales… Era la política que quiso seguir Hillary Clinton, que era la verdadera heredera de Obama. Pero felizmente no fue elegida.

P: Para usted, Obama también es casta.

JV: ¡Por supuesto! A ver, no tenemos que ser injustos: las políticas que llevó a cabo no las creó él, sino Bill Clinton. Lo que pasa es que los europeos somos idiotas al analizar lo que pasa en Estados Unidos. Con Obama solo nos fijamos en que era negro, y no en que era parte de la casta, por nivel de ingresos, estatus… No era un negrito de Nueva York. Cuando ganó John Fitzgerald Kennedy, en Europa gustó porque era el primer presidente católico, cuando se estaba follando a escondidas a Marilyn Monroe. A Nixon aquí le escupimos, pero fue un gran presidente, a pesar del Watergate. Un día, en Nueva York, hace décadas, vi a un tipo de clase media-baja con una pancarta que decía: “JFK tiene más peligro que una central nuclear”.

P: La disociación entre la clase trabajadora y los demócratas hace tiempo que viene de lejos, pues.

JV: Claro. El voto a Trump fue el de los rednecks que se habían quedado con una mano delante y otra detrás porque no se habían beneficiado de la mundialización. Y Trump volverá a ganar las elecciones, que a nadie le quepa duda, porque el problema de la casta está llegando a una fase de enquistamiento, apoyada por los medios de comunicación. A Trump solo lo apoyaron 13 medios de cierta importancia, e incluso el candidato más a la izquierda de Clinton pidió el voto para ella porque, en el fondo, también pertenece a la oligarquía.

Javier Salas

P: ¿Qué lectura hace de la política exterior de Barack Obama? Retiró las tropas de Irak, pero dejando un vacío de poder que permitió la irrupción del Estado Islámico, por ejemplo.

JV: En mi primer viaje a Venezuela, me reuní con el jefe de la policía secreta y me preguntó si los americanos vendrían algún día a invadirlos, y le dije que no, por un motivo sencillo: el imperio está con la lengua fuera, ya no se puede meter en más conflictos. ¿Marines patrullando por Caracas? No durarían mucho, se los comerían y harían hamburguesas con ellos. Estados Unidos ya no puede más, y es lo que llevó a Obama a tomar dos decisiones: levantar el pie del acelerador y reorientar la política exterior a la amenaza original, que no era el Islam como sustituto de la URSS, sino la amenaza china. Orienta su poder militar hacia el Pacífico. Lo que pasa es que Estados Unidos ya no puede hacer una guerra más.

P:  ¿La política exterior de Trump está siendo inteligente? Su manera de dialogar es peculiar, pero dialoga… y funciona. Parece que con sus peculiares métodos ha frenado la amenaza de Corea del Norte. 

JV: Y también dejará bajo control la amenaza iraní. Trump se comporta en la política como en los negocios, es un abusón que en la discusión grita cosas del tipo “sujetadme, que si no lo mato”. Pero con esa estrategia llega a acuerdos, subiendo la apuesta. Al amenazar con una guerra nuclear, que evidentemente no iba a hacer, quedaba bien con los suyos y desactivaba el riesgo presentándose como un riesgo mayor. Tenía que haber un acuerdo con Corea porque tienen la bomba y eso les hace invulnerables, y Estados Unidos necesita mantener sus bases en Asia. Así que termina llegando a acuerdos.

P: ¿Cree que Obama hizo una política típica de la izquierda del siglo XXI, preocupada por las identidades, pero desentendida de lo material, de la lucha de clases?

JV: Sin duda, las políticas de identidad edulcoran la lucha de clases. Cuando los gobiernos no quieren hacer nada, o no pueden hacer nada, promueven leyes sobre homosexualidad o de defensa de la mujer, que me parecen muy bien, pero nos hacen olvidar que quien sigue mandando es el Banco de Santander. Obama, precisamente por ser negro, podría haber invertido la marcha y evitar hacer políticas específicas para grupos lingüísticos o raciales, pensando en una comunidad más amplia. Pero si lo hace un blanco, ¡uhhhh! Que Trump lo está haciendo, ojo. Pero Obama podría haber atacado los problemas verdaderamente importantes en el corazón de la política americana.

P: El proyecto de Obama era global y liberal. Trump es identitario y populista. Y parece que esa es la política que viene. ¿Estamos ante el último acto del liberalismo? O, dicho de otra forma, ¿Trump es un agente de cambio, o un síntoma?

JV: Es más un síntoma, no creo que establezca un nuevo modelo democrático, es un pragmático. “America First”, que es un lema de los años 30, por cierto, dicho por Franklin D. Roosevelt, cuando se le acusaba de populista y decía que a mucha honra. Trump no va a interferir en ningún asunto que no beneficie a Estados Unidos. Mantendrá buenas relaciones con los saudíes aunque hayan troceado a un periodista, todo seguirá por los cauces que le interesan. Vuelve el principio de no injerencia, Estados Unidos no interferirá en la política de otros países. Si Corea quiere tener su dinastía, que la tenga.

P: ¿Es Trump un síntoma contagioso?

JV:  La gente está harta, y está empezando a encontrar cauces para expresar ese hartazgo. Recuerda el referéndum en Francia sobre la Constitución Europea, que salió que no. Todo el mundo se mete con Orban en Hungría, pero Orban no ha hecho más que aplicar Schengen, y es falso que sea antisemita, los propios judíos húngaros han dicho que ellos viven muy bien con él. Hay una reacción por parte de los viejos poderes, y también en los medios de comunicación, para no aceptar ciertos comportamientos y planteamientos que son los que ellos defienden. Pero tú puedes poner a Salvini a caer de un burro, y lo que pasará es que cada vez que lo hagas crecerá en los sondeos. Hay un nuevo mundo que viene, se ha activado la bomba de Rousseau: el poder emana del pueblo, y el pueblo ya no aguanta más.