Georgia Barnes nació rodeada de música. Música electrónica, como la que hacía su padre, Neil Barnes, con el dúo electrónico inglés Leftfield, y música de todo tipo. Ella hace sus propios discos desde hace cinco años, firmando como Georgia. Toca la batería y ha formado parte de la banda de Kate Tempest. Pero ahora se prepara para afrontar el reto que plantea su segundo álbum, Seeking Thrills, que sale a la venta el 10 de enero, y que promete ser uno de los discos pop del 2020. Bajo la influencia del house, del pop electrónico de los ochenta, de artistas suecas como Robyn o Fever Ray, a sus 29 años Georgia ha hecho un disco que reivindica el placer de divertirse bailando.

 

¿En qué ha cambiado la Georgia del primer álbum respecto a la de Seeking Thrills?

Georgia, mi primer disco, apareció en una época en la que no estaba cuidándome mucho. Seeking Thrills es en parte consecuencia del hecho de haber tomado control sobre dicha situación. Mi debut sonaba más a postpunk. Era mi primer disco y quería meter de todo. En esta ocasión quería estar más centrada, ser más disciplinada con respecto a la dirección que quería que tomase.

 

Se diría que aquí la pista de baile es la gran protagonista,  un personaje más que un escenario.

Exactamente. La pista de baile es el gran tema aquí. He crecido en un entorno familiar muy musical. Mi padre estaba en Leftfield, y mi madre no es música pero está muy relacionada con este medio. Crecí expuesta a una formación musical muy interesante, escuchando house underground de Chicago y techno de Detroit, a la vez que oyendo a Joni Mitchell, Lou Reed, Neil Young. Mis raíces me han llevado a la pista de baile.  De pequeña ya presenciaba raves en los conciertos de Leftfield. Aprendí lo que era ver a miles personas bailando unidas por un único ritmo.

 

Así pues, este álbum es también un regreso a las raíces.

Estoy muy orgullosa de ser una niña criada en las raves inglesas y quería trazar el camino que va desde el pasado hasta el presente. Significa mucho para mí. Entre otras cosas porque la música de baile era música para el pueblo. Necesitaba comprenderla mejor y explorar sus temáticas. Por ejemplo, el house de Chicago era también una escena cultural y tenía un mensaje político porque era una sociedad muy segregada y si eras negro, latino o gay te trataban de una manera distinta. El house creó una comunidad para esos colectivos y la pista de baile pasó a convertirse en un espacio en el que se intercambiaban experiencias y libertad para expresarse. La pista de baile es un espacio en el que pueden ocurrir muchas cosas.

 

¿Qué influencia tuvo esa música en Inglaterra?

Hubo una generación, especialmente al norte de Inglaterra en ciudades como Manchester, Sheffield o Liverpool, que sufrió especialmente la dureza de las políticas económicas de Margaret Thatcher. Ocurrió algo similar, encontraron una música que les concedía una identidad que podía desarrollarse en los raves ilegales y que acabó contagiando a lo que podo después fue el fenómeno Madchester. En ese sentido es una música totalmente cargada de significado político.

 

La fotografía de Nancy Honey que ilustra el álbum, ¿es una manera de explicar la música que hay en él?

Es una imagen muy potente que sobre todo capta la esencia juvenil del disco. La inocencia que todos tenemos hasta que los problemas de la vida cotidiana acaban cruzándose en nuestro camino. Hay algo en las raves, las pistas de baile, las discotecas que sirve para eliminar todas esas preocupaciones y te hace volver a la juventud. Esa fotografía refleja muy bien esa clase de euforia. Nancy Honey lleva cuatro décadas haciendo fotos, pero es una especie de enigma porque nadie sabe quién es pero su trabajo es toda una referencia, especialmente para los fotógrafos de moda, por el modo en que capta la juventud.

 

Seeking Thrills es un título especialmente bello, en la medida que, las emociones de las que hablan las canciones, no son necesariamente las que pasan por la droga o el alcohol.

De eso trata el disco, aunque el título es ambiguo y deja en manos del oyente discernir qué tipo de emociones está buscando. En un mundo en el que están ocurriendo cosas constantemente a veces nos olvidamos de disfrutar de aquello que nos gusta. Reivindico los placeres modestos que sirven para equilibrar la vida porque nos hacen felices. Para disfrutar de una buena fiesta, para ser un buen dj no es necesario tomar estimulantes, y no estoy juzgando a quienes lo hagan. No veo mal las drogas usadas de un modo recreativo.

 

Después de ese parón de casi tres años, edita el single “Started Out”. ¿Qué ocurre a continuación?

Fue un shock que esa canción funcionara tan bien porque amplió mis posibilidades como artista. Es una canción poco habitual y no me imaginaba que tendría esa aceptación. Cuando mi mánager me llamó para decir que estaba en la playlist de la BBC y entre las novedades destacadas de Spotify pensé que se estaba quedando conmigo. Todo eso abría una nueva etapa en la que el público empezaba a conectar con mis canciones. Es una locura viajar por todo el mundo y comprobar que “Started Out” le gusta a gente tan distinta es maravilloso. La mayoría de las canciones ya estaban escritas y grabadas pero sí, me hizo replantearme cómo quería que sonaran porque ahora tenían que estar al nivel de “Started Out”.

 

Supongo que en España le habrán hecho esta pregunta pero no puedo resistirme a hacérsela: ¿Le gusta Rosalía?

¡No, qué va, casi nadie me lo ha preguntado! Y sí, ¡me encanta Rosalía!  Y me encanta que me preguntes por ella porque la adoro y me parece una bocanada de aire fresco. Supe de ella cuando la escuché cantando con James Blake. Entonces investigué sobre ella y descubrí su primer álbum que es completamente flamenco y fue toda una sorpresa y me di cuenta de que era una artista a la que había que seguir con interés. España debería estar muy orgullosa de ella.