Dicen que el carisma consiste en hacer que tus interlocutores se sientan importantes, y eso es exactamente lo que logra Jeremy Irons (Isla de Wight, 1948), la gran y respetada  estrella del cine. En las distancias cortas, es un hombre de aspecto relajado que siempre sonríe, que parece dispuesto a dedicarnos todo el tiempo del mundo  y que durante la entrevista intercala en ocasiones el nombre de la entrevistadora estableciendo así cercanía y complicidad. 

Incluso asegura recordar perfectamente las anteriores ocasiones (cinco), en que fue entrevistado por esta periodista, un alarde de cortesía que no suena del todo verosímil  pero que hace que resulte apetecible tener más conversaciones con él en el futuro. Por supuesto, Irons no reserva su carisma para las entrevistas periodísticas. También lo transmite en la pantalla mientras recorre pausadamente las salas del Museo del Prado, en Madrid, ataviado con ropa negra, bombachos y botas, transportando al espectador a otra época. De presencia imponente, articula sus palabras como si estuviera recitando a Shakespeare. Dicción impecable, voz profunda y magnética y apasionada… Todo él imprime credibilidad y elegancia. Su viaje pictórico por el museo en la película Pintores y reyes del Prado, dirigida por Valeria Parisi y con guion de la directora y de Sabina Fedeli, termina con una frase de Picasso (de quien, por cierto, no hay ni una sola obra en el edificio diseñado por Villanueva): “El arte limpia del alma el polvo de la vida cotidiana”.

Cuando le comento a Irons que su presencia, su dicción y su elegancia hacen que las obras de arte mostradas en el documental resulten aún más atractivas, el veterano actor contesta con un "¡venga ya!" acompañado de una risa franca.

AGUSTIN ESCAMEZ

 

¿Por qué quiso hacer este documental sobre el Museo del Prado?

Bueno, me encantó tener una buena excusa para volver a España. Y no te lo digo porque seas española, de verdad. A mí me gusta mucho la gente española, me gusta la comida española, me gusta la cultura española…. España tiene algo. Y el flamenco, para mí, es el alma, la gema de la que emerge lo español.  Me encanta ese espíritu, así que siempre que tenga una excusa para venir a España trataré de aprovecharla.  En cuanto al Prado, lo conozco un poco porque siempre intento hospedarme en el Ritz (actualmente en obras de remodelación), que está justo al lado. Tenía interés por pasar tiempo en España y en el Prado, y pensé que aprendería algo, que sería muy interesante. Y resultó ser así. Lo pasamos fenomenal. Está compañía productora italiana está muy bien preparada. Vi que eran buenos, con mucha energía y pasión, así que me encantó formar parte del trabajo. Aceptar la oferta fue una decisión instintiva, y cuando vi la película, me encantó haberla hecho. 

 

Lo más impresionante del Prado es…

Creo que su naturaleza ecléctica. El hecho de que las colecciones las hicieran no expertos en arte, sino generalmente monarcas a los que simplemente les gustaban determinados cuadros de todos lados, ya fueran españoles, italianos, flamencos… Por eso hay una rudeza en la elección de las obras: no es algo preciosista. Es algo de lo que los españoles están muy orgullosos, su museo y, en ese sentido, lo hace más excitante. Es menos afectado, más directo y terrenal que el Hermitage (en San Petersburgo), por ejemplo, pero creo que a mí me habría gustado hacer un documental sobre casi cualquier galería de arte en el mundo. Porque aprendo. Y cuando uno es un comunicador, el aprendizaje es algo crucial, y espero que ese entusiasmo se contagie al público. 

 

¿Por qué cree que escasean los pintores ingleses en el museo del Prado? Ustedes que son, sin ir más lejos, los reyes del teatro. 

Ya, pero es que éramos enemigos. Durante todo este periodo Inglaterra y España eran enemigos porque nosotros éramos protestantes, y vosotros, católicos. Así que no creo que hubiera muchos reyes que vinieran a Inglaterra diciendo: “¡Quiero comprar este cuadro!” (ríe). 

 

Un documental de arte en las salas de cine. Y funciona.

Sí. Es curioso. Yo me sorprendí mucho cuando el productor italiano me contó que tenía distribución en Italia, en Japón, en Colombia… y no solo un día, sino durante semanas. ¿Por qué funciona? No lo sé. Siempre he creído que tenemos un instinto de supervivencia físico. Quizá también tengamos un instinto de supervivencia mental, y ahora que estamos rodeados de películas de superhéroes, Marvel, fantasía, quizá lo que ocurre es que queremos saber algo acerca de nuestro pasado.

AGUSTIN ESCAMEZ

 

Usted es una estrella admirada, creíble. Al igual que hiciera Laurence Olivier con Shakespeare, que lo llevó al gran público mundial en películas, ¿cree que con celebridades creíbles como usted se puede ayudar a que aprendamos más de arte a través del cine?

Creo que sí. La verdad es que sí. El cine es algo que queda grabado, un registro, y si miramos el cine del último siglo, es un registro de la sociedad, igual que antes lo era el arte, la pintura. Y nos enseña cómo era la gente, cómo querían ser vistos, o, mejor dicho, cómo eran vistos. Siempre hay algo romántico en todo ello. Mike Leigh dijo que los registros, ya sean en arte o en cine, siempre muestran cómo queremos ser vistos. La imagen de alguien montado a caballo hace que se vea al jinete heroico, y el caballo luce glorioso, espléndido. Y probablemente no era tan  así (sonríe). Así que supongo que es más romántico y menos realista de lo que en realidad era. Porque la vida no es así. Si pones una cámara en la vida, lo que captas resulta bastante corriente. Creo que el cine siempre la hace más romántica y lo convertirá en algo más poético y dramático. Y la pintura, igual. Hay excepciones. Creo que Brueghel es una excepción porque muestra el día a día y uno queda fascinado al ver lo que hace la gente. En cine, la película Roma es una excepción. Porque pasan muy pocas cosas y, aún así, te metes completamente en ella y parece totalmente real. Pero creo que cosas como The Crown o Downton Abbey siempre tienen un toque romántico para mantener el interés de la audiencia. Y hay que mostrarlo más romántico de lo que realmente era. Arte y cine son lo mismo. 

 

Tras tantas películas (La misión, Lolita, La casa de los espíritus, Herida, M. Butterfly…) y premios (Oscar en 1991 por El misterio Von Bülow),  ¿siente que le gustaría dirigir?

No sé. Hice un corto sobre los refugiados hace un tiempo, pero… Creo que soy demasiado vago (sonríe), y cuando me lo sugieren, digo: “No, no, mejor deja que lo dirija otro”. Disfruto dirigiendo, pero tampoco me gusta que los productores me digan lo que tengo que hacer y quieran mantener el control. Creo que seguiré siendo solo actor. Ahora ya soy demasiado viejo.

AGUSTIN ESCAMEZ

 

¿Cree que vivimos días tormentosos desde el punto de vista político? En España estamos con varias elecciones. En el Reino Unido, el Brexit… 

Muy tormentosos.  Sí, terribles. Creo que todo comenzó en 2008 con ese crash, y todavía retumba. Hay demasiada gente en nuestra sociedad que se siente desencantada. Y tenemos que encontrar la manera de regular mejor el capitalismo. De esa forma, el gran dinero obtenido por un pequeño número de empresas pagará por la calidad de nuestras vidas. Porque no cuesta tanto, y estamos en medio de una revolución económica que no sé cómo pasaremos. Espero que no desemboque en un totalitarismo, del que siempre he creído que es la confusión lógica de la democracia. Porque la democracia es el mejor método que tenemos, pero no parece que proporcione a la gente más desfavorecida una buena vida. Y, a mi entender, el capitalismo global no está funcionando. Hay mucha gente que quiere revertir las cosas a como solían ser antes, pero no estoy seguro de que tengan muy buena memoria sobre cómo eran las cosas. Solíamos ser mucho más pobres. Poco a poco vamos siendo más ricos, pero hay un gran hueco entre las enormes empresas mundiales que se están creando, como Amazon, y los que no tienen techo ni comida, y eso es terrible. Por tanto, el sistema no está funcionando y tenemos que encarar ese asunto. Y mientras lo abordamos, y estoy seguro de que muchos lo piensan, hay muchísima gente que se siente en desventaja, y por eso tenemos tantos partidos populistas. En Estados Unidos, y también en Inglaterra con el Brexit. Yo tengo sentimientos encontrados en cuanto al Brexit. Por un lado, permanecer unidos a Europa nos daría más poder económico; por otro, ¿podemos atacar el capitalismo global mediante Europa o es Europa parte del problema? Así que no estoy seguro. Lo que pasa es que cuando veo  a los ingleses que quieren abandonar Europa, no me gustan tanto como los que quieren permanecer en ella.

 

Es el Bicentenario del Prado, un museo que tiene 8.165 obras en total, de las cuales  1.335 están expuestas.  Elija un cuadro para llevárselo consigo.

(Resopla y piensa largamente). No lo he encontrado. De verdad, no lo he encontrado. Tampoco lo he buscado ni he permanecido yo solo ante un cuadro en particular. Creo que, en todo caso, sería bastante pequeño, probablemente con la imagen de una mujer, pero es que, sinceramente, no puedo decir uno.  Necesitaría volver al Prado, estar allí a solas y buscarlo entre todos durante dos días.

AGUSTIN ESCAMEZ

 

Había leído que Las Meninas de Velázquez era su cuadro favorito. 

Bueno, ¡siempre digo ese porque es uno de los pocos del que puedo recordar el nombre! (Ríe). Pero es un cuadro fantástico. Fantástico. 

 

También, que le gustaría hacer de El Greco en el cine.

No, en esa entrevista cometí un error. Quise decir Goya. Goya ya de viejo, porque me fascina cómo le cambió la mentalidad, el cerebro, con los años. Me fascina descubrir qué y por qué es lo que realmente le pasó para que comenzara a pintar todas esas imágenes satánicas y diabólicas extraordinarias. Ahí hay una gran historia.