Sin lugar a dudas, la aportación más conocida de Peter Ivers a la cultura pop es la única canción que se escucha en Eraserhead, el agobiante largometraje con el que David Lynch se presentó ante el mundo en 1977. El director escribió la letra que habría de cantar la mujer que vive en el radiador, uno de los personajes más oníricos de la película. Ivers, que tenía una voz aflautada, entre femenina e infantil, escribió la música y también puso la voz que se escucha en la interpretación de la película. Un episodio que resume bien la trayectoria de un personaje poliédrico que, a causa de su trágico y temprano final, nunca ha gozó de la merecida atención.

Cantante, compositor, productor, experto en artes marciales, presentador, de televisión y poseedor de una espiritualidad que le hacía brillar como individuo, Ivers se relacionó con personajes de lo más diversos, pero no llegó a triunfar más allá de ciertos círculos especializados. Comenzó a grabar discos en 1969, pero su música resultaba demasiado atípica como para encajar en una etiqueta que ayudara a comercializarlo. Era un gran armonicista y el propio Muddy Waters llegó a glosar su manera de tocar el arpa. Su visión musical enamora a Lenny Waronker, productor y ejecutivo que dio a Warner Bros una de sus etapas artísticas más fructíferas gracias a su involucración en la trayectoria de artistas como Randy Newman o Rickie Lee Jones. Uno de sus aliados en el sello, el músico y arreglista Van Dyke Parks, comparte su entusiasmo por Ivers y se convertirá en el aliado musical en sus discos para Warner. Publicado en 1974, Terminal Love fue un completo fracaso. El disco resultó demasiado blando para el rock, demasiado extraño para el rock californiano en boga y demasiado marciano para prácticamente todo el mundo. Ni siquiera el hecho de telonear a New York Dolls le ayudó a ganar visibilidad.

En 1976 llegó su cuarto y último álbum de estudio. Peter Ivers, que contaba con la colaboración en los coros de Carly Simon, corrió la misma suerte que su antecesor. Apenas se vendió y la crítica lo detestó. No obstante, aquellos álbumes no pasaron completamente desapercibidos. Ivers era amigo de actores cómicos que en aquel momento empezaban a despuntar. Entre ellos estaban John Belushi, Beverly D’Angelo, Chevy Chase o Harold Ramis. La relación con Lynch llegaría a través del productor Doug Martin, cuyo hermano Steve se convertiría en uno de los mayores valedores del músico. Fue en la época del estreno de Eraserhead que Martin, Ivers y Lynch conocieron a Devo. La excentricidad era el común denominador entre todas aquellas partes y hubo conversaciones para intentar hacer algo juntos. Devo llegaron a plantearse interpretar en directo “Heaven (Lady In The Radiator’s Song)” y también se ha especulado acerca de la influencia de Ivers en la manera de cantar de Mark Mothersbaugh. Tampoco llegó a cobrar forma el legendario proyecto de Lynch, Ronnie Rocket, del cual se habla en todos los ensayos y biografías del director sin  mencionar nunca que el papel protagonista estaba pensado para Ivers.

Por aquella época, Ivers compuso y grabó la banda sonora para una de las producciones de Roger Corman, Grand Theft Auto, una serie B que terminó contando con un score en el más puro estilo Ivers: experimental, ambicioso y grandioso, hecho con 15 músicos, además de su amigo Van Dyke Parks, que tocaron en el estudio sin ensayos previos. Pero Ivers nunca  se apartó del rock. Produjo el único disco que grabaron Circus Mort, el grupo que después se convertiría en Swans, y también a Roderick Falconer, un curioso híbrido entre Bryan Ferry y Ziggy Stardust que se apoyaba en una estética militar.

Del escenario a la pequeña pantalla

Su momento de mayor popularidad llegó a través del medio televisivo. Ivers presentaba el espacio New Wave Theatre, que a su vez formaba parte del magazine Night Flights, emitido en un canal de televisión por cable californiano. Equiparable al neoyorquino TV Party de Glenn O’Brien, New Wave Theatre fue un aplaudido foco de difusión de lo que sucedía en el underground local. Por el plató desfilaban grupos como Fear, Dead Kenedus, Plugz, Suburban Lawns o Black Flag o The Blasters. Además, se ofrecían sketches protagonizados por los cómicos antes mencionados. El espacio concluyó abruptamente cuando, en marzo de 1983, Ivers apareció muerto en su apartamento, asesinado a martillazos. La policía nunca llegó a determinar la causa de su muerte. Su novia, la ejecutiva cinematográfica Lucy Fisher, contrató a un investigador privado para que intentara resolver el caso. Tampoco así llegó a una versión concluyente. El caso se cerró y pasó a engrosar la lista de los asesinatos sin resolver de la ciudad de Los Ángeles.

En 2009, el libro In Heaven Everything Is Fine: The Unsolved Life Of Peter Ivers And The Lost History Of The New Wave Theatre, de Josh Frank, ayudó a recuperar la figura de Ivers; y también, gracias a las entrevistas realizadas por el autor con la policía local, sirvió para que el caso se reabriera. Diez años más tarde las causas de su muerte siguen siendo un misterio. Ahora llega Becoming Peter Ivers, una antología hecha de maquetas (“las maquetas son a menudo mejores que las versiones finales de las canciones, tienen más arrojo”, decía Ivers) en las que aparecen versiones alternativas de temas conocidos y también títulos inéditos. Entre ellos, la versión que el propio Ivers registró de “In Heaven”.