Tiene 83 años, pero su última película es tan actual que parece dirigida por un cineasta joven. En Sorry We Missed You, el británico Ken Loach, con guion de Paul Laverty, muestra la situación laboral en la que se adentra un padre de familia en paro ahogado por las deudas: convertirse en falso autónomo, comprar él, por su cuenta y riesgo, una furgoneta de reparto, y trabajar con (y no para, tal y como puntualiza el hombre que le contrata) una gran empresa de paquetería. Un nuevo “timo” del sistema que el espectador identifica mucho antes que el protagonista. El protagonista es, en toda regla, un “empresario” abocado al suicidio económico, personal y familiar. 

En el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, Loach, aclamado mundialmente, habla con PORT de distintos aspectos de su nuevo film, de la exhumación de Franco y del primer ministro británico, Boris Johnson. 

 

He leído que Sorry We Missed You está parcialmente inspirada en la historia real de un repartidor que, siendo diabético, decidió cancelar varias citas médicas para no ser multado con 150 libras por la empresa de mensajería en la que trabajaba por no entregar los paquetes a tiempo,  y eso le provocó la muerte. Me gustaría saber si es cierto. 

No, no. Eso no es verdad. No está inspirada en esa historia.

 

En cualquier caso, Sorry We Missed You, (literalmente, sentimos no haberle encontrado, o perdido) que es el papelito que dejan los repartidores cuando el destinatario de un paquete está ausente, habla de personas con trabajo que han firmado un contrato de cero horas y se han convertido en falsos autónomos. Es decir, se explotan a sí mismos porque, si no entregan un paquete, no cobran ese servicio. Y por mucho que trabajen, no les da para vivir. ¿Por qué después de tantas películas le sigue interesando cómo son tratados los trabajadores?

Bueno, en este caso particular, hay un conductor que reparte para una empresa. Tradicionalmente, ese conductor tendría un contrato de trabajo remunerado con unas condiciones más o menos estándar, es decir, 40 horas semanales, ocho horas al día, cinco días a la semana, además de dos o tres semanas de vacaciones al año, un seguro laboral de accidentes por parte de la empresa y un seguro por el que, si se pusiera enfermo, le pagarían mientras está de baja hasta ponerse bueno. Pues bien;  todo eso ha cambiado y ya no funciona así. Todas esas obligaciones ya no son de la empresa, sino del trabajador. Eso ha supuesto un cambio gigantesco en el mercado laboral y ha tenido un efecto demoledor en la vida de la gente. Es una historia que todavía no se ha contado y que considero necesaria: la que describe cómo es la vida de estos nuevos trabajadores y qué efecto tiene sobre la familia. Me preguntas: “¿Y por qué sigue contando estas historias de gente humilde?”. Pues porque aunque el mundo sigue cambiando constantemente, siempre existen diferentes formas en las que los trabajadores son explotados y maneras distintas en las que afecta a la gente. Por eso, solo el hecho de intentar contar esas historias me parece importante. Y, aunque ocurra, esta historia es distinta. Todavía no hemos visto en cine lo que supone este nuevo tipo de trabajo precario y no lo conocemos desde este punto de vista.

Daniel Gonzalez

 

Pero a usted siempre le ha interesado cómo la sociedad trata a la gente humilde, a la clase trabajadora. Se ve en las maravillosas Yo, Daniel Blake, en Riff-Raff…

Si, en muchas de mis películas, pero los intereses son distintos. Y tengo tres razones o lecturas. La primera, es que, aunque la mayoría de la gente pertenece a la clase trabajadora, aquí hablo de los más pobres dentro de esa clase trabajadora, y constituyen un sector muy vulnerable. Son las personas que tienen que luchar muchísimo para salir del paso, para permanecer a flote, las que nos enseñan cómo sobrevivimos, cómo mantenemos un techo, y todo eso es muy dramático. Aquí vemos las contradicciones de la propia sociedad. La segunda es que, si tiene que haber un cambio, y si se va a producir, ese cambio vendrá de la clase trabajadora. No va a ser la burguesía la que llegue diciendo: “Aquí lo tenéis. Aquí tienes mi carretera, tómala. Aquí tienes mis acciones de la empresa. Cógelas”. No. El cambio tiene que venir de la clase trabajadora. Y la tercera es que son los que hacen los mejores chistes. 

 

¿Es la sociedad o es el individuo el que infringe el código moral?

Bueno, en la sociedad siempre hay criminales, pero es que la forma en la que esa sociedad está estructurada y sobre lo que se asienta… es la explotación. Hay un grupo de gente que se hace con la propiedad, hay otro grupo de gente que pierde la propiedad, y todo se hace de una forma en la que eso se admite. La sociedad económica no tiene moral, pero entre sus miembros hay gente con orgullo y dignidad y honestidad, y eso no cambia. El código moral de la burguesía considera que no está bien robar directamente a alguien, pero sí permite robar los recursos de un país. Y lo llaman libre comercio. 

 

En 1995 hizo Tierra y Libertad, una película sobre la Guerra Civil Española que causó polémica. Recientemente se ha estrenado Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar. ¿Qué aprendió de los españoles al hacer ese film?

Bueno, creo que las historias que elegimos contar reflejan nuestro entendimiento de los acontecimientos históricos. Y en Tierra y Libertad contábamos la historia de la división de la parte republicana. Eso nos pareció que era la esencia de lo que era relevante en ese momento. Y también ahora. Estábamos a mediados de la década de los 90 y no nos interesaba hacer una película en contra del fascismo. Quiero decir, ¿quién podría ser fascista a mediados de los 90? Demasiado fácil, lo de hacer una película antifascista. De lo que no nos dimos cuenta es que la extrema derecha volvería a estar en boga, como ahora. Y ahora hacer una película antifascista sería importante para recordarle a la gente lo que se cuece en la extrema derecha y lo que conlleva. Pero tengo que matizar algo. Los ultraderechas de ahora no son fascistas, y no quiero que mis palabras sugieran eso. Lo que ocurre es que utilizan técnicas que la ultraderecha siempre ha utilizado, y que consisten en dividir a la clase trabajadora y jugar con prejuicios facilones.

Joss Barratt

 

¿Qué opina sobre la exhumación de Francisco Franco?

Esa es una pregunta para la gente de España. En cualquier caso, no puedo imaginarme que se quiera tener el cuerpo de un dictador en algún lugar que pueda alentar a la gente a reunirse para apoyar su memoria. Eso es muy peligroso. Así que, en fin, sí, que se le dé al hombre un entierro junto a las víctimas de su invasión y de su opresión. ¿No somos todos iguales ante la muerte? Pero no un símbolo de veneración. 

 

En Sorry We Missed You, el que contrata al trabajador es jefe, y también trabajador. 

Y esa es la contradicción en la que está inmerso. Porque defiende un sistema en el que dice: “Yo te protejo a ti y a tu familia”, mientras, a la vez, le destruye imponiéndole unas condiciones terribles. Y eso es lo que desarrolla el modelo de negocio. Eso es el libre mercado y el jefe representa esa contradicción. Por cierto, que el hombre que interpreta a ese jefe en la vida real es un policía (ríe), pero es una persona muy amable y muy divertida. Vimos a mucha gente para ese papel.

 

No voy a preguntarle directamente sobre el Brexit, pero, por favor, termine la frase: Boris Johnson, el primer ministro británico, es… 

(Ríe). Oh, bueno… Es difícil de saber. Por una parte, parece un idiota útil de ultraderecha. Pero no creo que sea eso. Creo que es más listo que eso.  Lo que pasa es que se presenta como un personaje divertido y encantador, porque te hace sonreír, que lo que persigue es abrir Gran Bretaña al mercado americano. Eso significará que las aseguradoras médicas vendrán y tomarán nuestros servicios. Bajará los impuestos a las empresas, lo que se traduce en que habrá menos recursos para los servicios necesarios que mucha gente necesita y habrá más cuidado profesional (público) más barato. Eso si nos vamos de la Unión Europea, y esa es la cuestión. En eso es muy listo. Creo que es un personaje muy complejo. En otras circunstancias sería interesante.  Ahora es cuando es peligroso. Y es una versión distinta del populismo de extrema derecha. Trump es una versión y Johnson es otra caricatura diferente, pero, sin embargo, su función es letal, muy grave. 

 

¿Cómo consigue usted hacer películas tan buenas?

Para mí, lo más importante es que tanto la historia como los personajes sean mostrados con la mayor autenticidad posible. Y en eso, no ceder nunca. No puede convertirse en una caricatura o estereotipo. Hay que contar la historia de la forma más clara y simple posible, y permitir mucho espacio al comportamiento espontáneo de los actores. Así podrás llegar a la gente con mente abierta.  

 

¿Cómo se pueden combatir las fake news, las noticias falsas?

Siempre han formado parte de la política. Con la tecnología se expanden más rápidamente y hay que trabajar más duro. Pero las campañas, la propaganda… Uno no sabe si son exageraciones o cosas reales. Pero siempre ha sido parte de la política. Winston Churchill, después de la guerra, dijo: “La izquierda siempre adoctrina a los niños”. Dando a entender que serían comunistas, porque él conocía a los anticomunistas. Y era una mentira. Él lo sabía y no le importaba.