Ahora que este viernes se estrena la secuela de Zombieland, y que algunas voces apuntan incluso a que supera a la original en su enfoque de la nostalgia de los dosmiles y otros opinan que le falta un punto de cocción, se nos presenta una excusa idónea para repasar ese subgénero cinematográfico no suficientemente prolífico que es la comedia de terror. Hemos recopilado una lista de clásicos de todos los tiempos, filmes sobre vampiros o zombies, el único y máximo exponente de la comedia de acción satánica y alguna otra rareza más.


1 Lo que hacemos en las sombras (2014)

Una recomendación que vale por dos, pues tanto la película de hace cinco años como la serie que vino después son altamente recomendables. Este mockumentary llegaba cuando la fiebre Crepúsculo daba sus últimos coletazos e invitaba a reírse del subgénero vampírico con una tropa inadaptados como protagonistas. Detrás de esta chaladura estaban Taika Waititi, hoy un director de éxito, y Jemaine Clement, de la comedia catódica de culto Flight of the Conchords. Sin nadie esperarlo, FX la recuperó este año en formato televisivo convirtiéndose en la mejor serie que nadie está viendo ahora mismo. Ojo a los perfiles de los personajes: desde un vampiro energético que mina la moral de sus víctimas parloteando hasta un aliado humano fan del Antonio Banderas de Entrevista con el vampiro.   

 

2 Zombies Party (2004)

En Spaced ya se veía todo el potencial de la dupla formada por Edgar Wright y Simon Pegg, pero quizá el mejor ejemplo de su química cinematográfica fue Zombies Party, con la que empezó una suerte de saga inacabada en la que ha reinventado géneros como el terror, las películas de atracos y la acción policíaca desde un prisma rabiosamente moderno y sencillamente desternillante. Shaun of the Dead tenía tanto de comedia romántica como de apocalípsis zombie en su homenaje al cine del maestro Romero sobre un treintañero cuya vida descarrila e intenta ponerle remedio solo para ser interrumpido por una horda de zombies impertinentes. 

 

3 One Cut of the Dead (2017)

Algunos, haciendo un flaco favor a Zombieland, ya están vendiendo la revelación de hace dos Sitges como la mejor comedia de zombies desde Zombies Party. One Cut of the Dead es un locurón japonés que junta dos de las armas infalibles del género: el contexto apocalíptico, los muertos vivientes y el cine dentro del cine. Todo empieza en medio de una grabación de una película de serie B de muertos vivientes en un almacén abandonado de la Segunda Guerra Mundial que es interrumpido por un grupo de zombies violentos. Shinichiro Ueda convierte este despiporre en un festín meta a mayor gloria de aquellos héroes que han levantado proyectos cinematográficos imposibles con cuatro duros. 

 

4 El día de la bestia (1995)

A Álex de la Iglesia nunca se le reivindica suficiente y hay que agradecerle muchas cosas, entre ellas, haber creado el subgénero de la comedia de acción satánica. Lástima que no le diese continuidad (aunque su filmografía está plagada de películas que mezclan las risas con el terror). El día de la bestia es una de esas películas icónicas, un referente generacional, una explosión de creatividad para un cine español entonces algo estancado en tópicos y una absoluta locura que mezcló satanismo, metal, drogas, caspa, telepredicadores de pacotilla… Nadie se explicaba por qué funcionó, pero arrasó en taquilla. Los años, además, le sientan de maravilla. En nada se cumplen 25 años y habrá que celebrarlo por todo lo alto. 

 

5 El jovencito Frankenstein (1974)

El origen de las comedias de terror lo podríamos situar en películas como El baile de los vampiros, pero probablemente ninguna haya sido tan popular como este clásico de Mel Brooks de los años 70. Sabemos que es una elección obvia, pero tanto si la has visto como si no, aquí se te presenta una oportunidad para revisar o descubrir una de las cumbres cómicas de todos los tiempos. Además, El jovencito Frankenstein se convierte en la excepción que confirma la regla que has de ver las películas en versión original, todos hemos repetido hasta la saciedad el gag de Aigor.