Nueva York en 2007 era una ciudad muy diferente a la que es ahora. Además de unos alquileres mucho más baratos, hace una década Brooklyn era el principal foco creativo de la música independiente y valientemente experimental. En ese caldo de cultivo irrumpió Battles, cuarteto iconoclasta de art-rock que surgió de las cenizas de aquello que una vez llamamos math-rock, por sus atípicos y complejos desarrollos rítmicos. 

Pese a que la banda se ha hecho cada vez más pequeña, primero con la marcha de su icónico vocalista Tyondai Brixton y más recientemente con la fuga del bajista Dave Konopka, su influencia sigue siendo capital en esto del rock de vanguardia. Este viernes lanzan un nuevo disco, Juice B Crypts, para el que han contado con la colaboración de héroes personales como Jon Anderson de Yes y Sal Principato de Liquid Liquid. Hablamos con Ian Williams. 

 

¿Por qué es tan esencial para ustedes estirar los límites de la música?

Para mí es simplemente la única razón por la que hago un nuevo disco, por la que sigo adelante. Si ya has hecho algo antes es redundante repetirse. Me interesa encontrarme a mí mismo constantemente en nuevas situaciones en las que el armazón de las canciones se vuelve diferente a anteriores ocasiones. En este caso, hemos trabajado con sintetizadores modulares Eurorack, un secuenciador Elektron Octatrack, varios pedales de guitarra, Ableton, software de todo tipo… Uno de los aspectos interesantes del significado de la música es cómo encajan las cosas, cómo suenan juntan. Es casi una cosa física, no tanto metafísica. 

La música experimental te presiona mucho para convertirte en un virtuoso. Te exige mucho a la hora de mostrar tu pericia con los instrumentos. A menudo se te obliga a componer una canción épica o sinfónica. Y a veces es agradable crear una canción corta, que no siempre requiere la presencia de una voz. 

Chris Shonting

Ya que hablamos de música experimental y expectativas, está claro que ustedes están en un género que a menudo se toma muy en serio. A la vez, en su sonido hay un rollo cool y relajado que no se suele oír en otras bandas del estilo. 

Es más desafiante conseguir una canción que logre una complejidad y sea accesible a la vez. Es mucho más fácil crear una canción extraña que no sea accesible. A nosotros nos interesa jugar con esos polos opuestos para llegar a una audiencia que no necesariamente tiene la paciencia para digerir este tipo de música. 

 

Volviendo a las colaboraciones, nadie repite respecto a anteriores álbumes. En su caso, ¿qué viene primero, la canción o el invitado?

Primero viene la canción y luego el vocalista que puede interpretarla. Por ejemplo, en el caso de Sugar Foot, con Jon Anderson de Yes, es un tema típicamente Battles con un ritmo espasmódico y sincopado. No nos pareció algo loco pensar en contar con su voz, creímos que encajaba de una manera natural. Solo de pensar en la idea del sonido de Battles con la voz del tipo que canta en Yes, alucino. John [Stanier, el batería de Battles] le pidió hace un tiempo que apareciese en un disco solista suyo, pero sus agendas nunca encajaban. Cuando empezamos haciendo este álbum, le dimos muchas vueltas a la canción y al final nos decidimos a pedírselo sin saber si estaba interesado. 

 

También está Sal Principato, de los legendarios Liquid Liquid. Tiene todo el sentido del mundo siendo ustedes de Nueva York y habiendo sido ellos una influencia tan evidente en bandas vanguardistas contemporáneas como Battles. 

Lo curioso del caso es que, en mi opinión, esta es la canción más accesible y obvia del disco. Su estructura tiene una percusión firme y constante, y las líneas de bajo son bien claras. Todo hecho con elementos muy simples que hicieron que fuese muy fácil terminarla. Este tema refleja el sentimiento de ser bailongo en un sentido muy punk-rock, que es todo lo que representaban Liquid Liquid. 

 

¿Por qué tardaron tanto decidirse a grabar un disco enteramente en Nueva York?

Necesitábamos este cambio. Nosotros siempre hemos vivido aquí y tenemos unas vidas muy locales. Supuso una diferencia sustancial con respecto a los otros álbumes. Somos personas que nos dormimos en el estudio y nos despertamos mirando el amplificador de la guitarra. Parecía como si no pudiésemos escapar de esta rutina. Juice B Crypts es un disco más relajado, nos exigía mucho menos.

 

Una de nuestras secciones más potentes es la de viajes. ¿Nos puedes dar algunos consejos para ir a Nueva York que no aparezcan en las guías?

El viejo cliché decía que cualquier cosa por encima de la 14th street de Manhattan era cutre, pero ahora todo lo que hay norte de ahí es muy caro. Todos los jóvenes artistas se han mudado a Brooklyn por el precio de los alquileres. Si te subes a la línea L del metro, cada parada lleva a un barrio más caro que el anterior. Nuestro local de ensayo está casi tocando con Times Square. Probablemente muchos europeos acaben alojados ahí porque es donde les meten los operadores, pero deberían evitarlo a toda costa. Es una trampa para turistas.

 

Battles ha sido siempre una banda muy interesada en la idea de futuro, en el uso de las nuevas tecnologías. Dicho esto, ¿le atrae o le da miedo este presente y futuro dominado por la era digital? 

Está claro, podría ser terrible y matarnos a todos. Quién sabe. Creo que todos los cambios que se están dando a raíz de la aparición de internet, y todas las cosas perversas que está propiciando en las manos equivocadas, ya está más allá de nuestro control como usuario. 

 

Otra vez lanzan disco con cubierta alucinante. ¿Le dan una importancia similar a la música?

Es importante. ¿Lo es tanto como la música? A mí me encanta escuchar un buen disco y no me importa si la portada es buena o mala. Dicho esto, siempre la disfrutas más si viene con un buen envoltorio. La respuesta fácil a esa pregunta siempre es sí pero unas buenas canciones pueden hacer que un nombre terrible de banda suene cool o convertir en buena una ilustración mala. Las malas canciones, sin embargo, no pueden salvar nada, así que sigo pensando que la música es más importante. 

 

Antes de Battles estuvo en Don Caballero, una banda capital del math-rock. ¿Qué le sugiere esa etiqueta en 2019?

Nunca me gustó ese término, siempre lo vi como algo estúpido. Hoy en día no me dice absolutamente nada. A la vez, soy consciente que se sigue aplicando a cosas que hago, así que yo qué sé, quizá aún tiene validez. En 1995 sacamos el disco Don Caballero II, en el que jugábamos con diferentes compases como 7x8, 11x8... No parábamos de alternarlos. Para el siguiente disco ya dejamos de ser matemáticos porque ya no había números involucrados, simplemente nos guiábamos a partir de un pulso. Cada uno tenía distintas medidas de ello y lo aplicábamos libremente a la música. No había principio ni fin, así que la idea de algo como el compás dejaba de ser relevante. Esa es mi pequeña historia con el math-rock. 

 

Entonces, ¿se siente orgulloso del hecho de que son una banda imposible de categorizar?

¡Suena bien, eso suena más representativo de lo que hacemos!

Chris Shonting