La primera vez que Lynn Goldsmith fotografió a Patti Smith fue en 1976. La conexión entre ambas fue instantánea. La fotógrafa  recuerda que tenía un montón de botellas de champán en la nevera, pero cuando terminaron la sesión no quedaba ni una. Esa tarde, modelo y fotógrafa hablaron largo y tendido sobre lo humano y lo divino y quedó sembrada la semilla de una amistad que dio muchos frutos profesionales. La imagen de Smith con una cazadora de cuero cubriéndole el torso desnudo, fue la primera de una serie de imágenes que sirvieron para definir a la mujer prodigio del rock & roll cuando esta todavía estaba formándose ante el público. Lynn la fotografió actuando en el CBGB y en otros locales de Nueva York. Captó su imagen junto a Lou Reed y en compañía de Sissi Spacek cuando esta estaba en la cima de la popularidad por su papel en Carrie

Lynn Goldsmith

Goldsmith ya era entonces una veterana de la industria del espectáculo. Había trabajado para Elektra, dirigido programas musicales de televisión y fotografiado a muchas estrellas de rock & roll. Es, junto a Linda Eastman, una de las primera mujeres que hizo fotos en el mundo del rock & roll. Que su destino se cruzara con el de Patti Smith era inevitable En un mundo en el que el vídeo todavía estaba por desarrollarse como herramienta promocional, la fotografía seguía siendo un factor clave. El look de Patti Smith reflejaba su espíritu tan bien como su música. Un objetivo que supiera contemplarla se presentaba como algo fundamental. Sus primeros cómplices en el tortuoso camino para convertirse en artista en el Nueva York de principios de los años setenta fueron dos fotógrafos. Robert Mapplethorpe, cuya historia conjunta narra en las memorias Éramos unos niños, la convenció para que se centrara en la poesía. Y ella fue quien le convenció a él de que destilara sus dotes como fotógrafo y olvidara los collages.

Lynn Goldsmith

Mapplethorpe fue el artífice de la portada de Horses. El álbum que debía de presentar a Patti Smith ante el mundo tenía que contar con una instantánea hecha por su alma gemela. El retrato se realizó con luz natural en casa del marchante Sam Wagstaff, entonces pareja del fotógrafo. Smith tenía en la cabeza su atuendo: camisa blanca, lazo y chaqueta, emulando a Rimbaud, el poeta que iluminaba sus versos. Mapplethorpe se encargó de la luz y la composición. Fue quien le dijo que se quitara la chaqueta y la sostuviera sobre su hombro, como una versión femenina de Frank Sinatra, otro de los ídolos de Smith. La sesión fue breve. No llegaron a dispararse ni media docena de todos. La idea estaba clara en las mentes de sus creadores. La fotografía de Mapplethorpe que presidía la portada de Horses fue la presentación perfecta de una artista que abogaba por una nueva feminidad y reclamaba su lugar en la música popular contemporánea. Sin esa portada, Horses no hubiese sido el disco que hoy conocemos.

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Judy Linn ya era fotógrafa cuando comenzó a compartir piso con Smith y Mapplethorpe en 1971. Ella también jugó un papel decisivo en la dirección artística que ambos tomaron. Durante el tiempo que vivieron los tres juntos, fotografió a ambos, juntos y por separado. Smith recurrió a ella en 1976, para la portada de su segundo álbum. La imagen que Lynn disparó para la cubierta de Radio Ethiopia tenía que competir con la excelencia alcanzada por Mapplethorpe en Horses. A aquella instantánea –Patti sentada en el suelo con una gabardina negra observando su imagen en un espejo- le ocurrió lo mismo que a la música del disco: no logró superar lo que ofrecía la obra que lo precedió.

Para Easter, Smith llamó a Goldsmith. Su tercer álbum era un disco de resurrección. La artista volvía a la acción tras una temporada convaleciente después de haber sufrido un grave accidente durante un concierto. La fotografía de Easter volvió a mostrar a la artista al cien por cien. En el retrato, Smith posaba cogiéndose el pelo y sin mirar a la cámara. Llevaba una combinación y sus pezones se adivinaban bajo la tela del escote. Y para mayor escándalo de propios y extraños, los brazos alzados de la cantante dejaban ver sus axilas sin afeitar. La portada causó polémica, pero como Smith tenía estipulado en su contrato discográfico un control absoluto sobre el acabado de sus discos –algo que ya tuvo que ejercer en Horses, cuando le sugirieron que se maquillara un poco y repitiera la sesión-, nadie pudo tocar nada. Easter llegó a las tiendas tal cual y Smith y Goldstein hicieron historia. La fotógrafa ya tenía experiencia sobrada como fotógrafa de portadas. Había trabajado con Grand Funk y Ted Nugent, y posteriormente lo haría con Kiss, B-52’s, Tom petty, Miles Davis o The Waterboys. Pero, al margen de algunos de los retratos que le hizo a Bruce Springsteen, es muy probable que esa portada de Patti Smith sea su trabajo más importante en este campo.

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Smith volvió a trabajar con Mapplethorpe en dos ocasiones más. Primero fue con Wave, el álbum que en 1979 marcó la despedida de Smith del mundo artístico para convertirse en esposa y madre de familia; y con Dream Of Life, que marcó un regreso fugaz en 1988. Tras la muerte de su marido, Fred Sonic Smith, Patti volvió a los escenarios. El disco que marcó su regreso era una catarsis alrededor del fallecimiento de su pareja. Su amiga Annie Leibovitz fue la elegida para ilustrar ese sentimiento. Suya es la portada de  Gone Again, al igual que la fotografía que ilustró la primera portada que tuvo Smith en Rolling Stone, en 1978. 

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