Llega al restaurante Jota, en el centro de Madrid, con un cigarro de liar colgando de la sonrisa. Saluda al encargado, ayuda a mover las mesas para dejar espacio para las fotos, posa solícito ante la cámara, se sienta en la terraza, pide un café. Y se somete gustosamente a las preguntas y a la grabadora. Hablamos de teatro y de cine, pero también de política y de la paternidad a los cuarenta y tantos. Fele Martínez (Alicante, 1975) es alguien mucho más cercano y transparente que Nacho, el personaje que interpreta en Todas las mujeres, una adaptación teatral de una película de Mariano Barroso llevada a las tablas con igual acierto. El actor tiene poco que ver con ese hombre taimado y manipulador que ha hecho la vida imposible a su amante, su madre, su psicóloga, su exnovia y su cuñada (interpretadas por Lucía Barrado, Nuria González, Lola Casamayor, Mónica Regueiro y Ana Álvarez). Cuatro mujeres con las que tiene que rendir cuentas y que le ponen donde le corresponde.

Aunque hay varias actrices y un solo actor, al final, la obra y el protagonismo pivotan sobre un hombre. ¿Cree que habría sido posible la misma historia, pero a la inversa?

Sí, y sería fantástico. Habría que preguntarle a Mariano [Barroso] por la elección de los géneros de los personajes, pero yo creo que todos en algún momento hemos utilizado la manipulación para obtener algún tipo de beneficio. Ojo, pueden ser micromanipulaciones. Por ejemplo, para que sea tu pareja la que baje la basura. Está en el ADN humano usar nuestros encantos en beneficio propio, y eso no depende del género. Todos tenemos a nuestro alrededor, y conocemos, algún Nacho o alguna Ignacia. Pero volviendo a lo que preguntas, sí que me parecería muy interesante que se hiciera una segunda parte que se titulara Todos los hombres. Aunque sería un poco más complicado escribirla.

¿Por qué?

Porque la personalidad de Nacho se da mucho más, en mi opinión, en hombres que en mujeres. Más que nada, por su inmadurez. El personaje ha tenido una madre protectora y castrante, que nunca le dio cariño. Y eso lo convierte en un Peter Pan, y en un miserable. La mujer, y eso está en su genética, está mucho más preparada para enfrentarse a la vida. Son más maduras desde mucho antes que nosotros, no tienen esa tontería de competitividad masculina en cosas irrelevantes.

Noemí del Val©

Usted se define en su Twitter como "polipatético".

(Ríe). Porque tengo muchos patetismos. Soy un desastre en muchas cosas. Por ejemplo para los nombres. Me presentan a una persona y al segundo ya ni me acuerdo de cómo se llama. ¿Cómo te llamabas, por cierto?

Y eso que se estudia unas buenas pilas de guiones...

Sí, pero porque tengo la cabeza preparada para eso. Pero las cosas cotidianas se me olvidan. Yo creo que tengo un poco de déficit de atención. Pero bueno, lo de "polipatético" es un juego de palabras. Una tontá.

También dice que es tímido. Pero aparenta justo lo contrario.

En mi entorno habitual estoy muy relajado y hago bastante el idiota. Pero cuando me sacas de ahí me bloqueo. Llevo mal los grandes estrenos, las aglomeraciones...

Llegó a Madrid con 19 años para hacer teatro, y el cine se cruzó en su camino. La primera película de Amenábar, nada menos.

El cine me dio en toda la cara. Yo ni me lo planteaba. Llegué a Madrid en octubre de 1994 y en junio de 1995 ya estaba ensayando para Tesis. Fue brutalmente inesperado. Yo hacía teatro en el instituto, vinieron a dar una charla de la Resad (Escuela Superior de Arte Dramático) y dije: "eso es lo mío". Por eso me fui a Madrid. Hice las pruebas y entré. No me planteaba ni hacer castings. Mis profesores me decían cosas como "separata" y yo ni sabía lo que era eso. Estaba en primero cuando me sugirieron que podía hacer una prueba para Tesis. Yo no entendía nada. ¡Si casi ni había empezado a formarme como actor de teatro! Había gente en segundo y tercero mucho más preparada que yo. Recuerdo aquello como algo surrealista, absurdo.

Pues lo que vino después... Tesis se llevó el Goya a la mejor película y, usted, a mejor actor novel. Es muy fácil perder los papeles con algo así.

Rodamos la película ese verano, y en septiembre estaba estudiando otra vez. Para mí fue una experiencia y ya. Te recuerdo que antes del Goya la película ni siquiera había funcionado demasiado bien. Y sí, cuando llegaron los premios para mí fue un desmadre cerebral. Pero porque fue tan inesperado para mí como para el resto de mi entorno. Me costó un año asumir todo lo que había pasado. Pasé de ser un chaval de provincia que estaba estudiando a un chaval que había ganado un Goya... Pero que seguía estudiando, ojo. Es verdad que luego rodé otra peli, El tiempo de la felicidad, con Manuel Iborra, y luego llegó Abre los ojos, otra vez con Amenábar, que fue otro pelotazo, y entonces sí que tuve que dejar de estudiar, porque no me daba la vida.

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Tan joven como era, ¿se le subió todo aquello a la cabeza?

Quiero pensar que no. Yo estaba rodeado de gente que me aconsejaba muy bien. Mis padres no tienen nada que ver con este mundo. Mi padre es un perito jubilado y mi madre, ama de casa. Tienen los pies en la tierra y me hicieron tenerlos a mí también, igual que mis amigos. Yo siempre me he movido con la misma gente. Tal vez si hubiera cambiado de círculo...

Eso es un riesgo, les sucede a algunos actores en este país. Les llega el éxito, y cambian a su gente de siempre por otra dentro del llamado star system. Y pierden el contacto con la realidad.

A mí no me ha hecho falta. Yo no solo me muevo con actores. Tengo amigos que trabajan en bares, o en centros de acogida, o en trabajos muy jodidos que te ponen las cosas en su sitio. Hablo de gente que curra muchas más horas que yo y cobra una mierda. O directamente no les pagan. Algunos amigos aún están esperando a que les pague la Administración. Por eso, me siento muy afortunado de dedicarme a lo que me digo. Claro que lo valoro.

Ya que toca el tema de la precariedad laboral... No parece que se estén tomando muchas medidas a nivel político, y hoy se ha confirmado que vamos otra vez a elecciones.

Nos están tomando el pelo. Han cogido nuestros votos y se han limpiado el culo con ellos. Estoy harto de los eufemismos que utilizan para no decir nada, de que se miren el ombligo de esa manera. Mira: mi trabajo es coger un texto y aprendérmelo lo mejor que pueda, y dejarme la piel en cada personaje. Si no, no cobro. Pues bien: esta gente no ha hecho su trabajo. Su trabajo es pactar.

¿Ve alguna solución?

Vamos a ver. La han cagado porque no han llegado a un acuerdo. ¿Por qué tenemos que asumir nosotros su incapacidad? Nosotros ya hemos hecho nuestra parte, que es votar. Yo propondría una cosa: esos 140 millones que nos van a costar a los ciudadanos unas nuevas elecciones, que las paguen de su bolsillo. Ya verías como se metían en una habitación y no salían hasta que tuvieran un acuerdo.

Ha vivido más tiempo en Madrid que en Alicante. No se ha ido a un lugar ignoto, o al extranjero, como otros actores de éxito.

Madrid es una ciudad que te acoge con los brazos abiertos y al mismo tiempo te escupe. Yo me considero un alicantino en la capital. Dicho esto, Madrid es mi ciudad, donde me he construido una vida, y donde ha nacido mi hijo hace un año.

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La reciente paternidad, evitemos llamarla tardía... Seguro que le ha cambiado en muchos sentidos.

Pues claro que es tardía. Y más aún si la comparamos con la de mis padres. Pero también es verdad que uno tiene que encontrar a la persona idónea, y no es fácil. Dicho esto, y volvemos al tema anterior: yo, aunque haya llegado tarde, soy afortunado porque en España, hoy, no es fácil tener hijos. A las estadísticas me remito. Hay mucha gente de más de 30 años viviendo en casa de sus padres. No hay incentivos por parte de las administraciones para que la gente salga de casa. Mi padre terminaba la carrera y sabía que iba a tener un buen trabajo con un sueldo suficiente para mantener a una familia. En una época en que muchas mujeres no trabajaban. Ahora, muchas parejas, ni trabajando los dos, juntan un sueldo.

Y volviendo a los cambios que conlleva la paternidad...

Antes a mí no me salía trabajo y calculaba cuánto tiempo podía aguantar. Ahora no es así. Ahora quiero trabajar más. Y es verdad que a veces levantas la mano un poco según con qué proyectos...

¿Se vuelve menos exigente a la hora de elegir sus papeles?

Sí, de alguna manera. Soy padre y hay otras prioridades.

En su favor hay que decir que siempre ha elegido papeles muy diversos. Usted es uno de los actores menos encasillables de este país.

Sí, y eso me ha ayudado en mi vida personal.

¿A qué se refiere?

Como a lo largo de mi carrera he cambiado tanto de físico en las películas, no resulto luego tan reconocible por la calle.

Es cierto que, fuera de los escenarios, es usted un actor de perfil bajo. Da la impresión de que siempre ha llevado una vida bastante normal, sin el agobio de las masas de fans...

Así es. Hay excepciones, claro, y más en festivales, como por ejemplo el de Málaga. Pero en general paso bastante desapercibido. Tampoco me molesta cuando se acerca alguien que me reconoce, al contrario. Bueno, a veces sí: un día, hace tiempo, estaba discutiendo en la calle con mi pareja de entonces y se me acercó un tipo y me dijo: "Tú eres Fele Martínez, ¿no?" Aquello me sacó de quicio, como es comprensible.

Noemí del Val©

Muchos actores españoles han dado el salto a superproducciones de Hollywood. ¿A usted no le atrae?

A ver, yo nunca iría allí para quedarme. Estoy muy a gusto donde estoy. España es un país envidiable y tenemos una industria del cine con un nivel increíble. Dicho esto, como experiencia, me parecería de puta madre. Lo de Óscar Jaeanada y Peris Mencheta en la última de Rambo, o Tristán Ulloa en la de Teminator. Meterse en esas producciones con tanto dinero y tantos medios... Me encantaría ver cómo es, cómo se trabaja. Pero para ir, hacerlo y volverme luego.