Óscar Jaenada (Esplugas de Llobregat, 1975) es un actor visceral, al que le gustan los retos y los papeles icónicos. Se transfiguró de una manera increíble en el genio del flamenco Camarón de Isla; y luego persiguió su sueño hasta conseguir ser el mítico Cantinflas, en una película que, todavía cinco años después de terminarla, lamenta que no tuviera un estreno comercial en España. Por eso se revela contra lo que él considera una injusticia para un trabajo en el que invirtió mucho esfuerzo y que le hubiera encantado que viera su abuela.

El año pasado consiguió uno de sus grandes éxitos comerciales, y un empujón notable para su popularidad, gracias a la serie de Netflix Luis Miguel, donde interpretaba al padre del cantante. Un papel de villano pero con muchos fans, eso sí. Y vuelve a ser el malo en Rambo: Last Blood, donde interpreta de nuevo a un mexicano, que se debe de medir a Silvester Stallone (y a su habilidad para manejar todo tipo de armamento pesado) en compañía de su hermano en la ficción, el también español Sergio Peris-Mencheta.

Acaba de llegar de Lisboa y en menos de veinticuatro horas tiene que coger un avión para Nueva York. Pide tiempo muerto para desayunar y recobrar fuerzas. Cuando termina comenzamos la entrevista comentando su actividad más reciente en redes sociales, donde es bastante activo, porque hay algo nos ha llamado la atención. 

Lleva unos días en su cuenta de Instagram subiendo recuerdos de Noviembre (2003), una película generacional que le valió su primera nominación al Goya, ¿le ha dado un ataque de melancolía?

Esta melancolía ha sido fruto del azar, porque estaba reformando el trastero (risas). Recogiendo cosas y abriendo cajas me encontré con recortes y con más regalos que me llevé de ese rodaje. Sinceramente, es una de esas películas que no he vuelto a ver, porque me revuelve demasiadas cosas. Hay algo que me impide verla. Pero tenía que arreglar el trastero y mira, me emocioné muchísimo y más ahora que se acerca el estreno de Rambo...

Noviembre no la ha vuelto a ver, pero ¿suele evitar sus propias películas?

Sí que he visto alguna. Por ejemplo, si estoy con mi hijo y las pasan por la tele, o en algún estreno que me toca verla. Pero en general no lo suelo hacer, porque me veo inmaduro. En esto de la actuación se evoluciona día tras día y mirar hacía atrás es como ver fotos antiguas en las que apareces hecho un chavalín. 

Ana Mañez

Ni siquiera con Camarón, que fue su impulso definitivo y con la que ganó el Goya.

Pues creo que no. Y si lo he hecho, que no me acuerdo, habrá sido para analizar el trabajo. Pero como ya sé que lo que he hecho no se puede mejorar...

Y, ¿cómo ve el Óscar Jaenada de ahora al Óscar Jaenada de 2005, cuando rodó esa película?

Supongo que si mirara hacia atrás lo primero que vería serían muchas cosas que tendría que evolucionar como actor. Yo creo que cambiaría algunas cosas... Pero la madurez en esto, insisto, va con los años.

En esa primera etapa de su carrera hay un papel especialmente complicado, que fue el de terrorista en Todos estamos invitados (2008), de Manuel Gutiérrez Aragón, quizá una de las películas más valientes que se han hecho sobre ETA y la sociedad vasca.

Recuerdo que hubo problemas para elegir el actor, porque en aquella época estaba todo bastante candente, pero a mí me pareció un regalo poderme meter en la cabeza de un terrorista de ETA. Yo, además, tengo un amor muy fuerte por esa tierra. Llevo desde los 14 años subiendo allí, y he visto cómo se mueve esa cultura y ese país, por eso me fue relativamente fácil llegar donde yo quería. Gutiérrez Aragón publicó hace poco un libro donde dedica algunas páginas a la película, en especial al rodaje de una escena que yo me negué a hacer, porque representaba al etarra tomando cervezas, maleducado e incluso que no amaba a su madre. Yo me planté y lo defendí a muerte hasta conseguir representar el personaje como creía que debía ser. No era un tipo inculto y siempre drogado, debía ser otra cosa. Tuve bastantes peleas con los productores, pero es que yo creo que es importantísimo defender a los personajes. 

Entonces, ¿no se mete en un proyecto en el que no pueda defender a su personaje?

Tal cual. En las reuniones que tengo con los productores yo pido libertad para hacer mis personajes. Entiendo que hay un guionista que lo ha construido previamente, pero es que mi trabajo va más allá, yo tengo que estar con él. Muchas veces mi trabajo con el personaje supera al ideado por el guionista. 

Tras aquella película rodó con Jim Jarmush Los límites del control (2009) y años después se puso a las órdenes de Terry Gilliam en El hombre que mató a Don Quijote (2018). Vaya lujo.

Yo, a veces, ni me acuerdo de la importancia que esto tiene en lo personal. Pero otras veces digo: “Hostia, que he rodado con Terry Gilliam. Hostia, que he rodado con Jarmush”. Y cuando me acuerdo me da una hostia maravillosa. Esta ahí, pero es algo que trato de no pensar todos los días. 

Yana Blajeva

En 2014 llega Cantinflas, una película en la que se implicó mucho, funcionó en México y aquí no tuvo la repercusión esperada...

No, no... es que aquí no se quiso ni estrenar.

¿Qué pasó?

Pues he leído por Twitter a un tipo que alardea de que él estuvo en la reunión en la que se decidió no estrenar la película The Losers (2010), que es una película que hice con la Warner Bros, y la principal razón por lo visto es que estaba yo. El cine en este país es muy extraño. Cuando los productores mexicanos me dijeron que no se iba estrenar Cantinflas pensé que eso era imposible, una película seleccionada para los Oscar, con un actor español... Vale que no me nominen al Goya, porque la película no era española. Vale, ya me llevé el Premio Platino. Pero, ¿qué no se estrenara la película? Invertí mucho trabajo y sobre todo la quise hacer porque es lo que veían mis papás... Una vez me encontré con Antonio Resines y me dijo que le había gustado mucho mi trabajo, le expliqué que aquí no se iba a estrenar. Él me dijo que hablara con el productor Enrique Cerezo, que también le había gustado. Y al final creo que estuvo en los cines, pero en una sala o dos durante una semana... Me dio mucha pena lo que pasó con Cantinflas.

Pero fuera su trabajo gustó mucho.

Fue muy aplaudido, sobre todo en América. Eso sí, luego aquí en televisión me dedicaron un par de minutos de Telediario para una información de que me habían denunciado por una historia de un barco... Aquí hay una persecución, o quizá es desidia o poca cultura.

Y sigue trabajando bastante fuera, ahora estrena una producción de Hollywood como Rambo: Last Blood, ¿cómo le llega esta oportunidad?

No, como siempre funcionan las cosas allí. Llama el agente, el agente al mánager y entonces llega la audición. Y si va bien, te cogen y punto.

¿Siempre se pensó que Sergio Peris-Mencheta y usted fueran la pareja de hermanos antagonistas de Rambo?

No, no... fue una maravillosa casualidad. Cuando pregunté y me dijeron que era él me llevé una gran alegría. Nos llamamos y nos estuvimos riendo. Hemos pasado muchas cosas juntos en los últimos años, y fue con el primero que viajé a Nueva York y a Los Angeles. Lo mejor de Rambo, y eso creo que se va a ver, es la relación entre estos dos hermanos...

Yana Blajeva

Desde luego que hay química...

Sí, porque no nos planteamos ver quién era más malo de los dos (risas). Queríamos que tuvieran maldad pero dentro de una cierta lógica. Hay momentos en los que uno de los dos tiene que pasar por bueno, siendo los dos unos hijos de puta... La verdad es que nos reímos muchísimo. Creo que hemos conseguido una maldad distinta a la que hay en otras películas de la saga. Fue una maravilla tenerlo como hermano.

 

¿Y cómo es tener a un mito de la talla de Silvester Stallone como compañero de rodaje y a la vez como jefe? Él es el creador y guionista.

Tú piensa que la jerarquía en un rodaje como este cambia. Aquí no la define el director, aquí el importante es Rambo. Silvester Stallone llegaba al set como amo y señor de la franquicia. Él cambiaba cosas constantemente, aunque ya hubiéramos ensayado, y la verdad es que quedaba mejor. Es un tío que tiene mucho cine en la cabeza y mucho poder.

 

Y, además de su cliché como héroe de acción, como escritor de guiones cada vez está mejor considerado...

Sí, con él te das cuenta de que el cine está en sus venas. Todo en él es cine. 

 

Para terminar, volvemos a las redes sociales. Hemos visto alguna foto que ha subido con Ferran Adrià, ¿qué se traen entre manos?

Es un trabajo, pero a largo plazo. Me gusta mucho preparar los personajes y tengo la suerte de conocer a mucha gente. Esta vez me toca saber cocinar, aprender ciertas técnicas y Ferran es el mejor para todo esto.