En su día, PIxies fueron una banda de culto que marcó el camino a seguir a toda una generación de músicos. Grabaron cinco discos durante sus seis años de existencia y cuando se hizo pública la disolución del grupo, pasaron a formar parte del club de grupos imposibles de resucitar, el cual preside desde hace mucho Morrissey.

Pero en 2004 sucedió el milagro. La formación original de Pixies se reunió. Comenzaron a tocar para un público compuesto por viejos fans y gente que llegó tarde a su música. Al principio estaba en el grupo Kim Deal, eterno punto de fricción con el jefe, Black Francis. Pero cuando en 2013 se acordó que entrarían en el estudio para grabar nuevas canciones, Deal les abandonó. Con Paz Lechantin como sustituta, el cuarteto ha cumplido ya tres lustros en activo, obteniendo una popularidad que en su primera época no conocieron. Lo único que no han conseguido desde entonces es publicar un álbum que esté a la altura de los que hicieron en su primera etapa. Beneath the Eyrie es el tercero que registran durante su segunda encarnación. Nada que enriquezca el legado que les convirtió en leyendas por lo siguientes motivos.

TRAVIS SHINN PHOTOGRAPHY

 

1 Cambiaron el rumbo del rock
Durante la segunda mitad de los años 80, REM, Sonic Youth y Pixies crearon el modelo del rock alternativo que dominó durante buena parte de la siguiente década. En lo que a los Pixies respecta, su aportación fue la de fusionar un rock agresivo y descarnado con unas melodías fabulosas. Eso fue lo que enamoró a Kurt Cobain, que se convirtió en uno de los principales valedores de la banda por canciones como Gigantic. Y como todo lo que tocaba Cobain a partir de la ascensión comercial de Nirvana, Pixies fueron elevados al ámbito de lo sagrado. Por aquel entonces, Bowie también los alababa –los invitó a que lo telonearan en la gira Sound+Vision- pero por aquel entonces, la visión de Bowie estaba bastante devaluada. Fuese como fuese, sin Pixies no habría habido Nirvana, y sin Nirvana quién sabe qué habría sido del rock & roll.

 

2 La interacción entre Black Francis y Kim Deal
Francis era el capo indiscutible de un grupo que respondía básicamente a su visión artística. Armado con una guitarra que hacía ruidos insospechados, su amigo Joey Santiago fue fundamental para dar forma a esa visión. David Lovering aportaba junto a Kim Deal un infalible motor rítmico. El problema es que Kim no se limitaba a tocar el bajo. Compuso Gigantic, la canción que hizo popular al grupo. Y eso no le gustó nada a Francis. La combinación de sus voces –los alaridos de él en contraposición a los dulces coros de ella- plasmaban ese equilibrio entre caos y melodía que los hizo especiales, pero también reflejaba la creciente tensión entre ambos. Poco a poco, la voz de Deal fue desapareciendo de las grabaciones, lo mismo que sus melodías. Ella se desfogó montando The Breeders con su hermana Kelley. Black se desfogó disolviendo el grupo, celoso quizá del éxito comercial que habían empezado a conseguir The Breeders, algo que los Pixies nunca tuvieron.

 

3 Las letras
Las estrofas que escribía Black Francis no tenían precedente en el rock. Conjuraba la violencia del Antiguo Testamento y la acompañaba de pinceladas de realismo mágico. Como García Márquez interpretado por David Lynch, así sonaban letras como la de Oh My Golly (“yo soy playero pero no hay playa”), “Break My Body” (“soy el amante feo / nos encontrarás rodando por el suelo sucio”), Wave of Mutlation (que se abre citando a Charles Manson: Cease to Exist) o Debaser (donde está presente el ojo mutilado de El perro andaluz de Buñuel). La mención a Lynch no es en absoluto gratuita. Pixies interpretaban en directo Heaven (Lady’s in the Radiatos Song), la canción de Eraserhead. El rastro del director también puede seguirse en Cactus. donde un preso escribe una carta a su prometida para que se pinche con las púas de un cactus y le envíe un trozo de ropa ensangrentada. Bowie quedó prendado de esa canción y seguramente la letra también tuvo que ver con eso. A partir de 1990, Francis, quizá en un intento de no sucumbir a ningún tópico, comienza a incluir más referencias a los extraterrestres y al surf.

 

4 Las portadas
Desde el principio, los discos de Pixies llegaron envueltos en cubiertas perfectamente reconocibles. Todas fueron obras del 23 Envelope, el estudio que diseñaba las carátulas del sello 4AD. El diseñador Vaughn Olivier era el artífice de esos mundos visuales que, en muchas ocasiones, gravitaban alrededor de fotografías Simon Larbalestier. El hombre de espalda velluda de C’mon Pilgrim, y que casi parece una criatura de Joel-Peter Witkin. La bailaora flamenca con el pecho desnudo, que posó en la bodega de un pub cercano a las oficinas de 4AD para la portada de Surfer Rosa. El bebé que llora en la portada del maxi single Gigantic o el mono disecado que preside la de Monkey’s Gone to Heaven son algunas de las creaciones del tándem Larbalestier-Olivier, convertidas de inmediato en emblemas visuales de la obra del cuarteto.

 

5 Las canciones
Planeando sobre los gritos y las guitarras despiadadas que caracterizan el sonido de Pixies, habitan intachables melodías pop. Y en cuanto Francis vio que a Deal el asunto se le daba demasiado bien, afinó su instinto y se puso a trabajar en ellas a conciencia. Y nos mostró de que, más allá de la angustiosa belleza de “Where Is My Mind?”, también podía acercarse al pop canónico con Here Comes My Man, Velouria, Wave of Mutilation, Monkey Gone to Heaven, All Over the World, Letter to Memphis, Palace of the Brine.